Aprendizaje integral, la educación que necesitamos

16 | 06 | 2022

¿Cómo la educación puede ayudarnos a construir un futuro sostenible? ¿Cómo mejorarla en nuestras aulas? Conversamos con algunas facilitadoras del Instituto DIA para dar respuesta a estas cuestiones.

Nelson Mandela decía que “la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”; defendía que todo ser humano, independientemente de su contexto, tenía el derecho a recibir educación de calidad porque este sería el motor para su desarrollo personal y el de sociedades más justas, igualitarias y conscientes.

Sumada a esta visión, la ONU designó el cuarto de sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a la educación de calidad: “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”. 

Para reflexionar sobre las implicaciones de este objetivo, dialogamos con Natalia López, coordinadora de la oferta educativa del Instituto DIA, y Cristina Díaz, facilitadora por más de 18 años de la misma institución, una iniciativa educativa de La Vaca Independiente.

¿Qué es una educación de calidad?

Natalia López: El término me hace pensar en la visión que tenemos en el Instituto DIA sobre un desarrollo humano integral. La educación no solo se limita a conocimientos, a un desarrollo cognitivo o a cumplir con ciertas calificaciones que son como ideas tradicionales de la educación; educación de calidad es pensar en la integralidad del individuo y en su colectivo, porque el desarrollo no es individual, sino que también se da en la integración con el otro.

Cristina Díaz: Tiene que ver con el aprendizaje holístico, es decir, no solo aprender contenido curricular, sino herramientas y estrategias que van hacia la vida. Por supuesto que incluye a las matemáticas, el español, las ciencias naturales y la parte científica, pero también la ética, las artes, la parte tecnológica y herramientas para hacer una educación mucho más significativa. Aquí hay un puente con la metodología que llevamos en el Instituto DIA, porque, como Natalia dijo, nuestra filosofía alude al desarrollo humano integral, que incluye el desarrollo del pensamiento, los distintos lenguajes, la parte socioemocional, la comunicativa, la parte social e incluso la parte física, porque el cuerpo también es una herramienta importante en el aprendizaje. Yo pensaría que esta calidad educativa tiene que ver con la pedagogía del afecto y de escuchar al otro.

La ONU señala que una educación de calidad puede reducir las desigualdades y acabar con la pobreza, pero, ¿cómo las habilidades que mencionan pueden ayudar a un individuo o a una sociedad para que su desarrollo sea sostenible?

Natalia López: Cuando somos conscientes de lo que somos y lo que necesitamos y nos escuchamos, esto nos habilita a conocer al otro. El desarrollo de habilidades personales es un puente hacia el mundo exterior, a las personas con las que nos rodeamos, al entorno en el que nos desenvolvemos. En la medida en que vamos desarrollando esas habilidades personales se desarrolla la consciencia de nuestro lugar en el mundo y de que no soy solo yo, sino que soy parte un todo.

Cristina Díaz: Desarrollar estas habilidades nos despierta una conciencia y una sensibilidad, tal como lo explica Natalia, y además impulsa la agencia personal, es decir, cuando te desarrollas integralmente sabes cuáles son tus capacidades y talentos, pero ya no te los quedas solo para ti, sino que los pones al servicio de los demás. Este crecimiento nos hace ser una mejor sociedad, tener valores, una ética para relacionarnos con los otros, pero todavía va más allá; por ejemplo, en la conciencia del cuidado ambiental. Así que no solo nos desarrollamos en el ámbito educativo, nos convertimos en personas que contribuyen al desarrollo económico, al desarrollo político, científico, tecnológico, etcétera. 

Actualmente se estima que dos tercios de los estudiantes a nivel mundial no están aprendiendo aunque asisten a la escuela. ¿Por qué pasa esto y cómo podemos llevar una educación de calidad a las aulas?

Cristina Díaz: Creo que hay muchos factores. A veces las clases no son retadoras o no están diseñadas para ciertos niños y niñas; a veces solo se sientan y escuchan al docente que los llena de mucha información, aunque hay estudiantes con otras características. A menudo pensamos que el conocimiento es absorbido en el sentarte y escuchar, pero nos falta la interactividad y la pedagogía que busca conocer al otro, sus conocimientos, sus experiencias.

Otro factor es que etiquetamos: desde el niño que no memoriza, que no aprende rápido o tiene déficit de atención, nosotros mismos lo cubrimos de esas etiquetas y no nos damos la oportunidad de acercarle otras formas de aprender; queremos que 30 niños actúen de la misma forma, y eso es muy complejo. Tendríamos que llevar al salón de clase otros recursos, escuchar las necesidades de los alumnos, qué quieren aprender y cómo quieren hacerlo.

Natalia López: Sumando a lo que comenta Cris, también pienso en lo retador que es para un docente generar aprendizajes significativos. Nos serviría empezar a reconocer la importancia de la interacción, del diálogo, reconocer que el maestro no es el único que tiene el conocimiento, generar otras dinámicas. Y creo que estamos en el camino de entender cómo generamos ese aprendizaje: existe una riqueza de metodologías y perspectivas de cómo hacerlo. Hay quienes empiezan a integrarlo y quienes tienen resistencia, pero entendiendo que ese proceso es lo que lo hace posible. Veo una esperanza de que se están abriendo muchas posibilidades para hacer mucho más significativo el aprendizaje en las aulas.

Al escucharlas pienso que la educación inclusiva también es abrirnos a otras formas de enseñar y esto me remite a la siguiente pregunta: ¿qué es una oportunidad de aprendizaje y por qué las personas deberían contar con ella durante toda su vida?

Natalia López: Oportunidades de aprendizaje me remite a las habilidades para la vida, esas habilidades que te permiten aprovechar cada experiencia más allá de la escuela, en el día a día con mis relaciones cotidianas: esas habilidades que me permiten reflexionar, cuestionar, indagar, pero también ser empática, comunicarme asertivamente, escuchar al otro, conocerme a mí, reconocer cómo me estoy sintiendo, qué necesito. Oportunidades de aprendizaje es poner en práctica las habilidades que he desarrollado y aprovechar las experiencias de la vida, aprender de ellas. Trasladar lo que estamos piloteando en las aulas a nuestra vida cotidiana.

Cristina Díaz: Lo que se aprende no se puede quedar en un aprendizaje curricular, sino que tiene que trascender a la vida misma y creo que eso es lo que están tratando de hacer algunas instituciones educativas, como el Instituto DIA, que busca que las habilidades que se aprenden se apliquen en lo inmediato. También tiene que ver con que los aprendizajes puedan ser colectivos y que puedas seguir aprendiendo durante toda la vida, es decir, no necesariamente tienes que ir a la escuela para aprender, sino tener esta necesidad de curiosear, de indagar algún tema, de capacidad de asombro, de querer prepararnos constantemente, de descubrir que tenemos otros gustos y que queremos desarrollarlos.

Ya lo han ido mencionando, pero concretamente, ¿cómo se suma el Instituto DIA al cuarto objetivo (educación de calidad para todos) de los ODS?

Natalia López: Primero que nada, ofreciendo espacios para las personas que se dedican a la educación y promoviendo una transformación de las prácticas educativas, en espacios dialógicos que permitan construir aprendizajes significativos. La metodología de mediación dia que se ha desarrollado desde La Vaca Independiente y que sostenemos desde el Instituto DIA indaga cómo generamos esos aprendizajes que propician el desarrollo integral de las personas y que no solo incluye a estudiantes, sino también a maestros, pues son los docentes quienes generan ese acto educativo, son parte de esta transformación para llegar a una educación de calidad. No se trata de llenar a los docentes de información, sino más bien de brindarles espacios de aprendizaje para que puedan innovar su práctica: ahí es donde pueden reconocer cuáles son las fortalezas de su práctica y cuáles pueden ser sus mejoras. Algo que nos distingue desde Instituto DIA es que damos un acompañamiento a esa práctica, reconocemos la importancia de ella para el desarrollo real y continuo.

Cristina Díaz: En los espacios de formación que nosotros brindamos, las maestras y maestros reciben herramientas para hacer mejor su labor, aprender a mediar a través del arte y entender cómo pueden llevar este método a sus distintas materias y espacios. Esa es la posibilidad que abre la mediación: la puedes integrar a cualquier contexto. A diferencia de otro tipo de formaciones, en el Instituto DIA hay una interactividad humana: nos preocupamos por el otro, construimos las condiciones para el aprendizaje y se vuelven parte de nuestra Comunidad DIA para motivarnos a seguir practicando.

Dirían que un docente, por ejemplo, de una materia curricular, ¿también debería fomentar el desarrollo de estas habilidades para la vida en sus estudiantes?

Natalia López: Para responder me remonto al liderazgo educativo, que no solo incluye a directivos, supervisores o aquellos roles que toman decisiones, sino también al docente mismo, quien es un líder educativo porque está frente a un grupo e incide en él. Yéndonos a las bases de la teoría dia, entendemos que es necesario que el mediador, el docente o el educador también se desarrolle de forma personal para que pueda transformar su interacción con el otro; como una ida y vuelta, la forma de desarrollar sus habilidades personales genera interacciones específicas con su grupo. Dar clases puede limitarse a cumplir con un contenido, dar una clase y ya, pero si empiezas a ver qué genera en ti dar clases; cómo te sientes cuando te comunicas con tu grupo, con tus estudiantes, con tus otros compañeros, con los padres de familia; cómo eso te enriquece como persona, creo que ahí cambia el chip y también puede darle un sentido y un propósito a nuestra labor educativa. Lo ideal es que partamos de la congruencia, que aquello que estamos promoviendo se propicie primero en nosotros.

Cristina Díaz: La mediación dia es una invitación a salirnos de la zona de confort, que, aunque des una materia científica, exista esta parte humana de encontrarte con el otro. También pensaría que cuando empiezas a transformarla, tu práctica se concatena con el trabajo de los demás colegas y entonces ahí hay un sentido de posibilidad de colaboración, de pertenencia; siento que cuando los docentes se abren a esta posibilidad y empiezan a compartirse cómo les va y qué les funciona, se vuelve una comunidad de aprendizaje en donde no solo se involucran los estudiantes, sino que también está de por medio la vocación de los docentes.

¿Cómo puede un docente reenganchar a sus estudiantes al aprendizaje?

Natalia López: Escuchando a los alumnos, o sea, en qué están, qué están pensando, a qué le están poniendo atención. Por ejemplo, antes de empezar cualquier clase, se aplica un cuestionario de intereses, motivaciones y conocimientos que me permite tener un poco de información del grupo. También es importante tener actividades a lo largo de las clases que permitan romper el hielo, relajarnos y reírnos en conjunto, con ejercicios que nos ayudan a liberarnos, pero también a convivir, platicar cómo se están sintiendo, tener esa antenita encendida de realmente escuchar e identificar qué les está haciendo sentido.

Cristina Díaz: La presencia del docente tendría que ser un poco más abierta, una actitud con ganas de aprender, que se entusiasme con lo que enseña, que se apasione, que sus alumnos puedan ver esa pasión en el aprendizaje. También pensaría en el juego como una herramienta pedagógica para atrapar la atención: en él se desarrollan un montón de habilidades y hay muchos juegos que puedes hilvanar con el tema que vas a dar. Además, está el goce de aprender y el equilibrio: los demás pueden percibir cuando el maestro tiene conectada su mente, su cuerpo y su corazón. Por último, la curiosidad por la investigación y la emoción, corresponsabilizar al grupo de cómo se va a involucrar en la experiencia educativa.

En relación con la educación inclusiva e igualitaria para las personas vulnerables, con discapacidad o de pueblos indígenas, ¿cómo se suma el Instituto DIA a esta intención?

Natalia López: Desde el punto de vista de que lo que hacemos se puede adaptar a cualquier contexto. El corazón de nuestra práctica es abrazar y apreciar la diversidad sin tener que aislar a nadie por sus condiciones; también es aprovechar la sabiduría, las experiencias y las habilidades que cada quien pueda tener para construir conocimiento.

Cristina Díaz: Hemos estado en contextos vulnerables, con niños en situación de calle, trabajando con niños con síndrome de Down, población indígena, incluso hemos abordado la mediación dia con migrantes, y pienso que nuestra metodología, que está en constante evolución, se enriquece de estos contextos porque crea un telar de empatía, de resiliencia y de conciencia.

Saltando a otro tema que también nos ocupa, una investigación del Banco Interamericano de Desarrollo estudió los efectos reales pospandemia que está presentando el sector educativo alrededor del mundo (por ejemplo, la poca o nula interacción de los estudiantes y sus profesores, los rezagos en los aprendizajes curriculares, deserción escolar y desconocimiento de las habilidades socioemocionales). ¿Cómo se está haciendo frente a estos efectos desde el Instituto DIA?

Natalia López: Aunque no podemos hacer frente a todos, hay algunos efectos en los que podemos incidir perfectamente por el tipo de espacios que generamos: diálogos participativos y de integración del maestro con su grupo; promover e incluir el aprendizaje primero, haciendo consciencia de él; motivar —uno de nuestros principios pedagógicos— para generar esa vinculación del estudiante con su proceso de aprendizaje. También hemos estado muy activos y presentes en el desarrollo de habilidades socioemocionales porque creemos que es urgente saber cómo abordar, regular y comunicar emociones y situaciones difíciles: expresar cómo nos sentimos, pero también cómo podemos transformar a partir del arte, de la expresión creativa, es algo que hemos estado promoviendo y ofreciendo en nuestra oferta educativa.

¿Cuál es la motivación del Instituto DIA por transformar la educación?

Cristina Díaz: Pensaría que es acercar posibilidades de crecimiento personal, generar un bienestar colectivo; construir otras posibilidades y otras convivencias; ser mejores personas; convertirnos en seres conscientes que tengan una buena relación a nivel personal, a nivel con la otredad y con el mismo mundo; el potencial del arte para sensibilizarnos. Es en la educación donde pueden acunarse estas posibilidades. Creo que, por ser humanística, la metodología dia simplemente puede caber en cualquier lugar donde haya seres humanos: tiene esa flexibilidad, ese potencial de ser comunidad. Para mí, la mediación es un intercambio de actitudes, de saberes, de conocimientos, de experiencias, y creo que La Vaca Independiente tiene un montón de proyectos que están abrazados en este desarrollo humano.

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