Caminar, un motor para la creación

15 | 07 | 2020

Siguiendo el ejemplo de grandes creadores y pensadores caminantes, podemos motivarnos a salir a caminar, no sólo como deporte aeróbico o actividad cotidiana, sino también como un acto de libertad y de proceso creativo.

Mi Dios es el dios de los caminantes. Si caminas lo suficiente, probablemente no necesites ningún otro dios.

—Bruce Chatwin

En la película Van Gogh, en la puerta de la eternidad (2018) –dirigida por Julian Schnabel y con la destacada interpretación de Willem Dafoe como el pintor holandés–, se ve al artista plástico realizar largos trayectos a pie a través de la campiña francesa (Arles), donde vivió, a partir de 1886, y pintó obras maestras que no fueron realmente apreciadas en su época; sin embargo, desde mediados del siglo XX hasta el día de hoy, van Gogh es reconocido como uno de los mayores pintores de la historia.

Aquel largometraje no es realmente una biografía de Vincent van Gogh, sino un acercamiento a su visión como creador. En esa particular mirada suya, hay un contacto profundo con la naturaleza: el artista necesita del aire, de la tierra (que se embarra en la cara y también mastica), del agua y, sobre todo, de la luz (uno de los principales motivos por los que él se traslada al sur de Francia), para así poder expresarse a través de su pintura. A fin de lograr esa unión con el mundo natural, el pintor lo hace de una de las maneras más humanas: caminando. Pinta parado o sentado, pero lo piensa y siente dando pasos. Camina, luego crea.

De hecho, muchas pinturas de van Gogh son sobre la naturaleza, aunque también retrata gente de forma magistral, como la famosa pintura Retrato del doctor Gachet. En una de las cartas dirigidas a su hermano Theo, el pintor holandés, explicándole la creación de aquella pintura, menciona que no sólo quiere retratar el rostro de su modelo, sino sobre todo su alma.

Asimismo, en la película mencionada hay una escena en la cual van Gogh y el también pintor Gauguin discuten sobre el arte de pintar. “¿Por qué pintas siempre la naturaleza? Deberías de pintar lo que hay en tu cabeza, no sólo lo que miras afuera”, Gauguin cuestiona a su amigo. Van Gogh le responde que se sentiría perdido si no mirara la naturaleza, porque la esencia de ella es la belleza y, continúa, “cuando miro la naturaleza, veo con más claridad el vínculo que nos une a todos; una energía vibrante que habla en nombre de Dios, y es tan intensa que pierdo el conocimiento”. De este modo, van Gogh tiene preferencia (a tal grado de llegar a perder la consciencia) de mirar y pintar el mundo que le rodea y las cosas cotidianas (sus zapatos, su habitación, etcétera).

Es posible que gracias a ese caminar buceando en la Naturaleza (con mayúscula), van Gogh pudo también descubrir y manifestar con su pintura la naturaleza interior –el alma– de, no sólo del paisaje, sino también de la gente y de los objetos.

Por otra parte, el escritor y filósofo estadounidense Henry David Thoreau (1817-1862) –quien promovía la desobediencia civil (así se titula uno de sus libros más famosos) a partir de vivir más en contacto con la naturaleza y hacerlo con lo mínimo necesario– dijo que es absurdo estar sentado escribiendo o creando todo el tiempo, cuando el ser humano se ha erguido para vivir, para caminar. Thoreau, entusiasta de las caminatas, escribió uno de los primeros libros sobre esta actividad: Walking (1862), en el que explica el arte del paseo en contraste con el puro ejercicio físico o el andar cotidiano: caminar es también una intensa actividad de los sentidos y del alma humana en relación con la naturaleza. Es curioso que van Gogh y Thoreau, aunque nunca se conocieron y vivieron en lugares remotos uno del otro, son contemporáneos con pensamientos similares respecto a caminar, crear y trascender.

“Mi Dios es el dios de los caminantes. Si caminas lo suficiente, probablemente no necesites ningún otro dios”, narra, por otro lado, el escritor inglés Bruce Chatwin (1940-1989) en uno de sus libros de viaje. Y añade: “Como regla general de la biología, las especies migratorias son menos agresivas que las sedentarias”.

Desde otra perspectiva, en su libro Andar. Una filosofía (2009), el filósofo y especialista en psiquiatría Fréderic Gros narra la intensa relación de pensadores históricos con el caminar, y quienes –ha explicado Gros– convirtieron los bosques, las montañas y la calle en sitios de trabajo; y, por eso, salían con lápiz (o pincel, como van Gogh, añadamos) y cuadernos para encontrar nuevas ideas. Fue el caso de filósofos tales como Friedrich Nietzsche, Jean-Jacques Rousseau (quien también fue músico, naturalista y pedagogo), Immanuel Kant y el ya mencionado Thoreau.

Siguiendo el ejemplo de grandes creadores y pensadores caminantes, como los arriba descritos, podemos motivarnos a desprendernos –por al menos un rato– del sedentarismo causado hoy día por la tecnología y las absorbentes pantallas de dispositivos electrónicos, para así salir a caminar, no sólo como deporte aeróbico o actividad cotidiana (ir a comprar el pan), sino también como un acto de libertad y de proceso creativo.

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Alberto Obregon
Alberto Obregon
2 months ago

muy buen texto, invitando a repensar y rescatar nuestro caminar…

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