Herry Lawford - Creative Commons

Consejos para crear un planetario en casa (cortesía de Remedios Varo)

27 | 04 | 2021

Un ritual mágico de creatividad cósmica y una invitación para reimaginar nuestros universos íntimos.

“Para ver un mundo en un grano de arena / y el cielo en una flor silvestre / abarcar el infinito en la palma de tu mano / y la eternidad en una hora”, rezan los versos que abren el poema Augurios de inocencia de William Blake. La idea es simple e infinita: los mundos contienen mundos, los universos contienen universos, más y más pequeños (o grandes); el tamaño no existe y solo una mente poderosa, dotada de una sensibilidad extraordinaria, podría plasmarlo en palabras con la maestría con la que lo hizo el famoso poeta londinense. Pero los macro y microuniversos, su portentosa interconexión, han sido fuente de inspiración para artistas y pensadores desde la antigüedad y hasta el día de hoy.

Casi dos siglos después y en un contexto totalmente distinto, otra artista habló de los universos que existen dentro de otros, en dos cartas y, esta vez, refiriéndose a los pequeños cosmos que existen a nuestro alrededor, en nuestros espacios íntimos, esos cuyos cuerpos son los objetos que habitan nuestro hogar. Se trata de la pintora surrealista Remedios Varo.

La fascinante imaginación de la pintora nacida en Cataluña y más tarde radicada en México era un auténtico gabinete de curiosidades: en ella convergieron la magia, la astronomía, la alquimia, la esoterismo, la botánica, la música, las matemáticas, la cábala, el hermetismo y los arquetipos junguianos, entre muchos otros. Todo ello resultó en deslumbrantes obras pictóricas que, juntas, integran un singular bestiario de seres fantásticos nunca antes vistos en otro lugar o época. Además, Varo también fue una valiente activista política que se vio obligada a dejar su país por su expreso rechazo al régimen fascista español.

En distintos momentos, la fabulosa creatividad de Remedios Varo también se inclinó hacia el mundo de las letras. Sobre todo hacia ciertas expresiones literarias propias del surrealismo, como el cadáver exquisito. Así también, Varo escribió un sinfín de cartas a lo largo de su vida, un cuerpo de obra epistolar que muestra otro de los muchos territorios que tocaba su espectacular imaginación. Dichas cartas fueron expuestas y se hicieron conocidas hace algunas décadas como parte de una exhibición sobre la pintora en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, donde un buen número de sus obras están a la vista del público.

Los planetarios caseros de Remedios Varo

Varo expresó, en algunas de sus cartas, la posibilidad de crear universos dentro de su hogar, planetarios integrados por los objetos que ahí tenía y que eran parte de su más íntima vida cotidiana —algo semejante a lo planteado por Blake al afirmar que un universo puede estar contenido en un grano de arena. En un ejercicio mágico, ella explica con una destreza verbal notable y ciertamente surrealista, que el orden que daba a los objetos y muebles (incluso a su gato) —soles, meteoros, lunas y estrellas— era equiparable a un sistema solar que, por cierto, ella comparaba con los sistemas solares que existían en casa de sus amigos y conocidos.

(…) Después de largos años de experimentación, he llegado a poder ordenar de manera conveniente los pequeños sistemas solares del hogar, he comprendido la interdependencia de los objetos y la necesidad de colocarlos en determinada forma para evitar catástrofes, o de cambiar súbitamente su colocación para provocar hechos necesarios al bienestar común. Por ejemplo, eligiendo mi gran sillón de cuero como astro central, teniendo a su alrededor y a 50 centímetros de distancia en posición de este a oeste una mesa de madera (primitivamente, banco de carpintero y fuertemente impregnada de emociones artesanales); detrás del sillón, a dos metros y medio de distancia, el cráneo de un cocodrilo; a la izquierda del sillón, entre otros objetos, una pipa incrustada de falsos brillantes, y, a la derecha, a tres metros de distancia, un jarro verde de cerámica ordinaria; tengo un sistema solar (no entro en una descripción detallada de todo él, sería demasiado largo), que puedo mover a voluntad, conociendo de antemano los efectos que puedo producir, aunque a veces lo incalculable se produzca, provocado por la rápida trayectoria de un meteoro inesperado, a través de mi orden establecido. El meteoro no es otro que mi gato, pero poco a poco estoy llegando a dominar este factor azaroso, ya que he descubierto que, alimentando al gato exclusivamente con leche de oveja, su trayectoria no produce casi ningún efecto.

Desde luego, mis amigos se ocupan también de arreglar en forma conveniente pequeños sistemas solares en sus casas, y hemos establecido una interdependencia entre todos ellos. A veces cambiamos astros de una casa a otra y, desde luego, nunca se hace una modificación sin ponernos todos de acuerdo, pues, de otra manera, suceden cosas a veces desagradables. Debo decir que hemos llegado a realizar todo esto gracias a un larguísimo y profundo estudio de las variaciones y combinaciones matemáticas, pero sirviéndonos para ello de la capacidad natural que tiene uno de nuestros miembros para agrupar los seres y objetos según su verdadera naturaleza. El primer paso fue la fulminante revelación que nuestro amigo tuvo de que su zapato derecho, una cortina de terciopelo rojo y un trozo de ópera (que se oía en ese momento) eran exactamente equivalentes. A partir de entonces, todo fue fácil, ya que, resumiendo las cosas en grandes grupos, los trabajos matemáticos sobre variaciones y combinaciones se hacen rápidamente.

En otra carta, escrita a mano y en francés, habla del sistema solar que ha creado en su mesa de trabajo, usando los objetos que ahí tenía:

(…) Poco tiempo antes de que tuvieran lugar estos fenómenos pictóricos, me había entregado a la labor de reacomodar el sistema solar en mi mesa, tarea que es necesario realizar cada 210 días, ya que esta actividad constituye una tarea obligatoria para todos los adeptos del grupo “los observadores de la interdependencia de los objetos domésticos y su influencia sobre la vida cotidiana.” Este grupo, activo desde hace mucho tiempo, ha hecho ya constataciones notables que hacen la vida más simple desde el punto de vista práctico. Por ejemplo: muevo un bote de pintura color verde unos cinco centímetros hacia la derecha, clavo una chinche junto a un peine y, si el señor A… (adepto que trabaja en coordinación conmigo) pone en ese mismo momento su libro sobre apicultura al lado de un patrón para cortar un chaleco, entonces estoy seguro de que se dará, en la avenida Madero, el encuentro con una mujer que me interesa y cuyo origen no he podido averiguar hasta ahora, así como tampoco su dirección. Hemos logrado algunas conquistas sobre la vida de cada día, como usted puede observar.

Al manipular un viejo directorio telefónico, un ramo de laurel, una chinche, un peine, un bote de pintura verde, un zapato de mujer de terciopelo violeta bordado de perlas y una moneda falsa de 5 pesos (este conjunto de objetos es mi universo instrumental, cuyo funcionamiento es concordante e interdependiente con el de los otros miembros del grupo), me permití introducir, hace poco, como novedad, un colibrí disecado y relleno de polvo magnético, todo bien ligado con un mecate como se envuelven las momias, utilizando un hilo rojo de seda. Lo hice sin prevenir a mis colegas, transgresión muy grave dentro del reglamento del grupo. Tan solo nuestro jefe, con su larga experiencia y su alto grado de conocimientos, puede hacer una cosa así sin provocar graves consecuencias. Más aún, expresamente coloqué el bote de pintura verde bajo un rayo de luz roja que se filtraba a través del vidrio coloreado de mi ventana (¡horror complementario!) Hice todo esto, sin medir sus consecuencias (teniendo poco tiempo de haber ingresado al grupo, mi control alcanza exclusivamente a los objetos que mencioné anteriormente). Como era previsible, ciertos incidentes se han producido desde el día de mi transgresión: mi mejor camisa se ha quemado, un gran depósito de sal se ha acumulado debajo de mi cama, y al día siguiente tuvo lugar el inicio de la sorprendente transformación de mi inspiración pictórica.

Las hermosas palabras de Varo describen un ritual aún más hermoso: el de encontrar universos alrededor de ella, definirlos y manipularlos (un acto casi divino). Inadvertidamente, estas cartas que no fueron escritas para publicarse, se convierten en una invitación para ver nuestro entorno con ojos diferentes, a encontrar los pequeños universos que nos rodean (y que somos), a mirar el mundo desde la imaginación, la magia y la metáfora.

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