Enseñanzas de los mayas contemporáneos sobre espacio, tiempo y humanidad

17 | 07 | 2020

La filosofía maya contemporánea es tan cautivadora como la antigua.

Los pueblos mayas, a pesar del tiempo, han sabido mantener activa la transmisión de las enseñanzas filosóficas de sus antepasados. Por supuesto, estos saberes se han transformado; pues la experiencia de vida de cada sujeto le imprime elementos nuevos a la cosmogonía colectiva. Sin embargo, destacan los mayas entre otras culturas nativas del país, por haber sabido asimilar la experiencia de la conquista, manteniendo su propio idioma, tradición y visión del mundo. 

Resulta relevante acercarnos a este acervo simbólico y conceptual y hay muchas iniciativas contemporáneas que lo están haciendo posible. Entre ellas destaca el proyecto Baktún. Esta propuesta busca hacer visibles los conocimientos de las comunidades mayas, para honrarlos y también aprovecharlos en el presente.

Y es que en la cosmogonía maya contemporánea podemos buscar conceptos y definiciones que, potencialmente, volverán más rica nuestra propia existencia;  explicaciones insospechadas sobre nuestro origen; nuestro propósito y las posibilidades que tenemos para relacionarnos física y espiritualmente con nuestro entorno. Así, exploraremos un poco la filosofía maya en torno al espacio, el tiempo y la noción de humanidad.

El espacio

Entre los mayas —así como con otras comunidades indígenas— la división entre naturaleza, cultura, subjetividad y espiritualidad no es tan clara como para otras culturas occidentales. Como explica la investigadora Ariadna Estrada Ochoa, estas categorías son contextuales; es decir “obedecen a circunstancias específicas” y las cosas transitan entre todas ellas, constantemente. Así, el espacio no es algo al exterior de uno: es el terreno donde todas estas fuerzas se desenvuelven. 

El espacio físico y los elementos que lo habitan se funden con las instituciones, políticas y creencias que los rigen. Así, explica Estrada Ochoa, el espacio entre los mayas es el territorio, “noción que está íntimamente asociada a la identidad de una comunidad, a sus relaciones políticas y sociales internas y con el exterior.” El espacio como territorio guarda una relación indisoluble con los sujetos que se encuentran en él, pues ambas entidades aprovechan la presencia de la otra para subsistir.

De esta manera, escribe la investigadora, “el espacio mismo es concebido como una entidad, una alteridad con la que se interactúa y se dialoga”. El espacio, para los mayas, tiene intereses propios y hay que aprender a dialogar con ellos. 

El tiempo

David S. Stuart, destacado mayista, escribe en su libro The Order of Days: “El tiempo maya, sería justo decir, es el más profundo de la humanidad.” Con esto, el investigador se refiere a los complejos procesos de registro (e invención) del tiempo que articularon las culturas mayas antiguas. El mismo investigador argumenta que el tiempo maya dura “mucho” más que el nuestro, porque su origen del cosmos ocurre antes; aunque lo que realmente amplía la dimensión cronológica de los mayas es que registran múltiples tiempos.

Además, el tiempo maya (o kin) es cíclico. Como explica el investigador Pedro Bracamonte y Sosa los vaticinios o predicciones son “elemento nodal de la cultura maya”. Las comunidades mayas han creído, históricamente, que el presente debe ser registrado y analizado para prevenir el futuro. De esta forma, el pasado dicta cómo será el porvenir. Algo que sucede, volverá a ocurrir, cuando su tiempo reaparezca.

En el presente, esta idea no está fundamentada en supersticiones, sino en la experiencia empírica de la reiteración de los ciclos naturales y cosmológicos. El tiempo maya, escribe el investigador, se desenvuelve como una analogía de sí mismo. Además, como explica David S. Stuart, el tiempo no es solo uno: cada ciclo es un tiempo, cuyos vaticinios o augurios se pueden correlatar con otros tiempos. 

Así, más que un ciclo, el tiempo maya es un espiral; pero no es inamovible, pues la constante previsión, permite modificar la dirección del tiempo, reaccionando a los augurios con rituales y ceremonias.

Los mayas no son la única cultura que pone atención en los patrones y que se permite mirar augurios. Occidente ha trazado también el camino de su historia con base en la especulación. Pero registrar los tiempos, observar los ciclos propios y de lo que nos rodea y aprender a interpretarlos, según nuestra propia experiencia, podría ser una práctica de auto-conocimiento muy profunda. 

Lo humano

“Los mayas se entienden a sí mismos con el entorno”, escribe el investigador José O. Alejos García. Mientras que en una buena parte de las sociedades actuales nos identificamos solo con lo que se nos parece y estamos seguros de dónde comienza y termina lo que somos, los mayas piensan que “una parte del ser se encuentra fuera de sí mismo” y así, se funden con su alteridad. Ser humano, para los mayas, no es distinto de ser natural, ser animal o ser espíritu. 

Menos concentrada en la definición de humano, la filosofía maya piensa en el ser de las cosas. Al mismo tiempo, la identidad es relativa; uno no es uno, sino que puede transfigurarse en otro; ser habitado por otro o habitarlo; según las circunstancias. El ser es un conjunto de vínculos. Así, la experiencia de existir es relacional, no individual o autorreferencial.

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