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Educación y bienestar: enseñanzas de la pedagogía Soka

13 | 05 | 2021

Una filosofía pedagógica que brinda a los estudiantes herramientas para otorgarle un valor transformador a cada acontecimiento.

La educación es la obra sagrada suprema de la vida.

—Daisaku Ikeda

La educación es un proceso elemental para la comunidad humana. En tanto que institución estatal, tiene una importante función legitimadora y cohesiva, pues permite a los pueblos perpetuar su legado cultural y político e integrar a los nuevos miembros en la estructura social imperante. Pero como principio formativo general, la educación tiene una valía distinta, tanto más vital como emancipadora: asegurar la prosperidad, la dignidad y la autonomía de las personas. Antes que la construcción del tipo social al que deben apuntar los esfuerzos cotidianos de los miembros de una comunidad, el núcleo de la educación ha sido desde siempre más o menos el mismo: la legación y síntesis de la experiencia práctica adquirida por un pueblo.

Pero la educación no es una función individual sino colectiva; el bienestar común es su fin postrero. El perfeccionamiento colectivo depende sustancialmente del desarrollo moral de la persona; a través de la educación, las convicciones particulares del colectivo se imprimen en cada uno de sus miembros con el objetivo de conservar su forma específica de existencia, y este movimiento entre generaciones está garantizado por la formación moral y el desarrollo pleno del sujeto. En su fondo, el esfuerzo educativo para conservar la vida y asegurar el desarrollo espiritual humano, cuando no lo ha confiscado un interés ajeno al bien común, debe enfocarse en la instrucción dignificante del individuo para que sea capaz de transformar su comunidad.

Esta tesis es el cimiento de la educación Soka, una filosofía pedagógica japonesa preocupada por el desarrollo del máximo potencial individual. La Soka está basada en un principio budista de equidad sumamente instigador y paradigmático: todos los seres humanos somos capaces de crear y de otorgarle valor a los hechos cotidianos, porque todos tenemos la facultad de expresar un grado profuso de “budeidad”.

La revolución del maestro Makiguchi

La pedagogía Soka es en gran medida una respuesta al autoritarismo belicista que imperó en Japón durante el periodo de entreguerras. En su raíz, se trata de una filosofía pedagógica que el educador Tsunesaburō Makiguchi (1871-1944) y su discípulo, Jōsei Toda (1900-1958), desarrollaron en la obra La pedagogía del sistema de creación de valor de 1930, donde acuñaron el término “Soka”, que significa, precisamente, “creación de valor”.

La Soka está inspirada en la Nichiren Shōshū, una corriente del budismo mahayana que se desprendió de la escuela homónima que el monje Nichiren (1222-1282) fundó sobre los preceptos del Sutra del Loto, “la enseñanza primordial” de Shakyamuni o Siddhartha Gautama. El budismo nichiren se enfoca en la ponderación de problemas más bien cotidianos, y no en la práctica de un ascetismo ortodoxo; su enseñanza fundamental es que cada persona tiene la facultad de afrontar los desafíos cotidianos de forma creativa y armoniosa, puesto que, como enseñó Shakyamuni, el Buda o Iluminado, todos podemos manifestar la “budeidad” en este mismo plano de existencia.

De este precepto, la Soka concluye que cada persona tiene un potencial creativo inherente que le permite aprehender la realidad y transformarla para abonar a su propia dicha, y que nadie nace con un hado prefijo. El fondo de la dignidad humana se halla en esta idea: el ser humano tiene la responsabilidad y la facultad de erigirse como un ser digno a través de la educación, y, como aseguró el maestro Makiguchi, la misión de un maestro es estimular “la creación del valor de la personalidad”.

La Soka Gakkai

La preocupación central de Makiguchi fue siempre la transformación del sistema educativo de su tiempo, el cual impedía la creatividad de los estudiantes, su pensamiento autónomo y el desarrollo libre de su identidad. Makiguchi estaba convencido de que la educación únicamente puede cumplir su función emancipadora si sus empeños no se someten a las necesidades propagandísticas y alienantes del Estado, sino a la búsqueda constante de los medios para asegurar que los alumnos sean prósperos y felices.

Con el fin de materializar su espíritu reformista, Makiguchi fundó con su discípulo Jōsei Toda la Soka Kyōiku Gakkai o Sociedad para la Creación de Valores para la Educación, el mismo año de la publicación de su principal libro teórico. La persecusión política y la censura que sufrieron sus miembros fundadores suspendió el trabajo de la primera encarnación de esta sociedad, pero tras la muerte del maestro Makiguchi y ser liberado de prisión en 1945, Toda se encargó de refundar la sociedad académica y darle un nuevo aire que respondiera a las urgencias morales que sembraron en su país los terribles acontecimientos de Hiroshima y Nagasaki. La segunda organización tuvo un desarrollo próspero, y en 1975, el tercer presidente de la sociedad, Daisaku Ikeda (1928), la refundó para darle una proyección más global, ahora nombrada Soka Gakkai International (SGI).

La SGI está cimentada sobre los valores del pacifismo, el culturalismo y el humanismo, todos ellos englobados en lo que Ikeda llamó “educación para la sociedad”. A esta teoría la alimenta el supuesto de que toda vida tiene dignidad inherente y un potencial ilimitado para desarrollarse y alcanzar su máxima expresión vital. Los cinco preceptos que guían el trabajo de la nueva escuela internacional Soka son:

  • Una persona de sabiduría y pasión busca la verdad y crea valor.
  • Nunca molesta a los demás y asume la responsabilidad de sus acciones.
  • Es amable, educado, niega la violencia y valora la confianza y la cooperación.
  • Expresa sus creencias abiertamente y lo hace con valentía y justicia.
  • Trabaja para convertirse en un glorioso líder japonés y líder mundial con un espíritu emprendedor.

Como sus antecesoras, la SGI trabaja para desarrollar las facultades interiores del individuo (su “budeidad”) a través del hallazgo de sentido en cualquier circunstancia, y para la mejora de la existencia y la construcción colectiva de bienestar. Lleva a cabo su cometido a través de una serie de planteles que cubren desde la educación preescolar hasta la universidad: actualmente existen escuelas preescolares dedicadas a promover la filosofía Soka en países como Singapur, Malasia, Hong Kong, Brasil y Corea, además de su natal Japón, así como dos universidades en Tokio y California, e innumerables centros de estudio alrededor del mundo.

El espíritu que anima a los nuevos centros basados en el modelo educativo Soka está condensado en tres propósitos esenciales:

  • Lograr la felicidad permanente de los estudiantes.
  • Cultivar ciudadanos del mundo.
  • Fomentar la creatividad humana.

Educar para el bienestar

Un sinfín de testimonios describen al maestro Makiguchi como un hombre dotado de una bondad sin paralelo y de un humanismo férreo y altruista. También fue, como el sabio Nichiren, un controvertido reformador social. Ambos educadores fueron unos acérrimos pacifistas comprometidos con la liberación de sus pueblos de los sufrimientos cotidianos y con la creación de condiciones para edificar un orden social digno, basado en el respeto a la vida, la práctica de la equidad humana y el resguardo de la educación de todo imperativo ajeno al interés común. Su compromiso con la defensa de la educación libre los llevó a oponerse a las duras políticas militares del Japón que a cada uno le tocó vivir en su tiempo, y a Makiguchi esto le costó la vida.

La gran enseñanza del maestro Makiguchi y de la Soka no es una serie de instrucciones para aprehender la felicidad, sino todo lo contrario: es el convencimiento de que las cosas y los acontecimientos no tienen otro valor que el que le otorga el ser humano. Lo fatal y lo gozoso, lo bello y lo triste, lo necesario y lo banal, son categorías aleatorias cuyo orden depende de las cualidades morales de la persona que las pondera. La felicidad y la pesadumbre no son valores universales; se hallan en la óptica específica de la persona, y es el deber del maestro darle a sus alumnos las herramientas necesarias para luchar por una vida digna y próspera.

Si deseas seguir explorando el vínculo que une a la educación con las emociones, no te pierdas esta entrevista que hace unos meses nos concedió la maestra e investigadora Cimenna Chao Rebolledo.

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