El arte de envejecer bien o el arte para envejecer bien

26 | 01 | 2022

La creación es una de las maneras más efectivas de mantener sano nuestro cerebro en todas las etapas de la vida.

Hace poco, se hizo viral el conmovedor video de Martha Cinta, una mujer con Alzheimer que fue una reconocida bailarina y que, tras escuchar en unos audífonos una de las piezas de El lago de los cisnes de Tchaikovski, dejó a un lado todos los impedimentos de su enfermedad y simplemente se puso a bailar. Movió los brazos con la misma gracia con la que algún día lo hizo en Nueva York, cuando era la primera bailarina de una compañía de ballet durante la década de 1960. Su expresión, postura y belleza son semejantes, aunque ahora ella es paciente de un hospital geriátrico en Valencia, y en ocasiones es incapaz de recordar su nombre.

Este momento sublime ocurrió gracias a Música para despertar, un proyecto diseñado para tratar, a través de la música, a pacientes que sufren demencia —algo en lo que trabajó arduamente el gran escritor y neurólogo Oliver Sacks. El objetivo de esta y otras tantas iniciativas afines es demostrar que el daño cognitivo no afecta nuestra memoria artística. De hecho, cualquier manifestación creativa tiene beneficios neurológicos que permiten a los individuos envejecer mejor y pasar de manera más plena sus últimos años.

A propósito de esto, un estudio reciente publicado por Nature Medicine sostuvo que a pesar de la creencia de que en algún punto de la vida dejamos de aprender, el cerebro humano nunca deja de producir neuronas. Tras una investigación realizada con personas de más de 80 años, se descubrió que aquellos que estaban enfocados en aprender nuevas cosas no sólo tenían mayor actividad cerebral, sino que mejoraron su capacidad cognitiva y hasta el almacenamiento en su hipotálamo.

Gracias a este hallazgo, es fácil llegar a una conclusión: si queremos envejecer bien es importantísimo entregarnos a todas las enseñanzas que hay en la vida y más si están relacionadas con el arte. La posibilidad de dominar técnicas que no conocíamos, en cualquier momento de la vida, es también una posibilidad de mantener nuestro cerebro vivo y sano.

¿Qué le pasa al cerebro con el arte?

La creación y el disfrute artístico han acompañado a la humanidad desde sus inicios. Sin embargo, aún en pleno siglo XXI, resulta muy difícil comprender exactamente qué le sucede a nuestro cerebro cuando entramos en contacto con la música, la literatura, la escultura y demás disciplinas artísticas.

Y aunque todavía no hay certezas, las teorías abundan y la ciencia cada vez está más cerca de llegar a una que otra respuesta, sobre todo gracias a la creación de la neuroestética, una disciplina encargada de estudiar el vínculo entre las redes cerebrales y el goce de la belleza, además de las zonas de nuestro cerebro que se activan al momento de disfrutar piezas artísticas.

Al contemplar un dibujo o al escuchar una melodía, el cerebro humano produce una respuesta tanto motora como sensorial. Cada vez que el cerebro entra en contacto con cualquier tipo de arte, se activan los mismos centros de placer que cuando estamos frente a nuestra comida favorita, por ejemplo.

Respecto a la creación, hay diversos estudios que sostienen que el arte le da plasticidad al cerebro. Cuando tenemos la posibilidad de aprender algo nuevo el cerebro se transforma, literalmente, y eso nos permite retener más información. El cerebro humano tiene la posibilidad de reconocer lo importante y desechar lo que ya no sirve. Por eso no hay edad para aprender algo nuevo.

Beneficios del arte en los adultos mayores

Todos quisiéramos envejecer bien. Por eso, es importante enumerar algunas de las ventajas que tiene para los adultos mayores estar en contacto con el arte y practicarlo de manera regular.

El arte les ayuda a reconocer la belleza. Cada pieza tiene una historia y toda historia tiene una vida detrás. Estar en contacto con el arte ayudará a rememorar algunos sentimientos que parecían perdidos.

Hacer arte mejora el estado de ánimo. Usar los sentidos para crear no solo aumenta la dopamina, sino que mejora la autoestima y permite repensar la opinión que uno tiene sobre sus talentos.

La creación como herramienta de comunicación. Para poder estar bien, tenemos que aprender a expresar nuestras inquietudes, sentimientos y realidades. El arte es una de las formas más sublimes de hacerlo. Aprender a volcar nuestras emociones en una obra nos permitirá escucharnos con paciencia y sabiduría.

Todo el cerebro. Cuando hacemos arte usamos los dos hemisferios del cerebro y al estar en contacto con nuestra parte creativa hacemos que funcionen al mismo tiempo, tanto nuestra parte lógica como nuestra imaginación. Esto le permite al artista generar una disciplina mental necesaria para los otros ámbitos de la vida.

Aunque parezca una respuesta simple a un problema complejo, el arte de envejecer bien está en nunca dejar de aprender nuevas cosas. La vida es una escuela que nos puede enseñar toda la vida, si tenemos la humildad de asumirnos como principiantes eternos.

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