O peixe (El pez), Jonathas de Andrade (2016).

El artista y su trabajo: conversación con Jonathas de Andrade

17 | 03 | 2021

Conocer al creador de una obra artística suele ser revelador y gratificante. El artista brasileño Jonathas de Andrade platicó con el equipo de La Vaca Independiente sobre su trabajo.

Son pocas las oportunidades en que un artista habla ante la gente sobre su oficio. Y muchas veces se prefiere que la obra hable por sí sola, sin la intervención de su creador. No obstante, cuando se da la ocasión de conocer las reflexiones del artista acerca de su trabajo creativo, pueden ocurrir en el espectador tanto una grata orientación como una insospechada revelación respecto a la obra artística. El público, ya enriquecido por la pieza misma, puede ampliar su manera de verla y de percibir el mundo al escuchar o leer el análisis del artista que la creó.

El equipo de La Vaca Independiente se reunió con Jonathas de Andrade, quien habló sobre su vocación artística, su oficio y su compromiso, responsabilidad y conciencia como creador. Fue un encuentro personal y estético en el cual se profundizó sobre su obra.

O peixe (El pez), Jonathas de Andrade (2016).

Jonathas de Andrade nació en Maceió, Brasil, en 1982. En sus piezas artísticas utiliza la fotografía, el cine, el video y la instalación como medios de expresión. Procura sintetizar la crítica social y una cuidada experimentación estética, e invita a reflexionar sobre temas universales como el amor, la desigualdad, la vida cotidiana, la memoria o la educación.

Vocación artística

Acerca de su vocación artística, De Andrade contó:

Como niño siempre quise ser artista, pero para mis papás era algo raro, incluso grave. En aquel entonces el arte en mi cabeza eran la música, el teatro, la escultura o la pintura, categorías muy definidas y diferenciadas, y en las que yo fracasaba al querer aprenderlas. Intentaba ser artista, pero no lo lograba. Muchos años después comprendí que quizás en el arte contemporáneo yo podría mezclar diferentes expresiones artísticas: personajes, cine, imagen, guiones, poesía, tonos, atmósferas, temperaturas, estrategias narrativas o discursivas, geografía, coreografía, pedagogía y jugar con la imagen editorial (periódicos, novelas, revistas), pues me fascina acercar palabras e imágenes. Son intereses múltiples, plurales y caóticos que intento utilizar y unir en mis proyectos. Como artista mezclo de todo, no soy un creador de una sola disciplina, quizás ese es mi camino.

Antes de dedicarse al oficio del arte, De Andrade comenzó a estudiar la carrera de Derecho, como su hermana mayor que es abogada y quien lo introdujo en la literatura y el cine. “Cuando llegó el momento, pensé que debía elegir una carrera profesional; elegí Derecho por su relación con las causas sociales e influencia de mi hermana. Yo vivía en el nordeste de Brasil, pero me fui a estudiar al sur del país, para no sentirme presionado por mis papás respecto a mis estudios e inquietudes”.

Durante su carrera de Derecho, le surgió el deseo de aprender cine y fotografía, disciplinas que estudió en la misma universidad como oyente o alumno no oficial. Adquirió su primera cámara fotográfica y otra de video, y comenzó a experimentar con la imagen. Dejó la carrera de Derecho y estudió Comunicación Social en la Universidad Federal de Pernambuco, en Recife, a donde se trasladó y vive actualmente.

Lengua, identidad y memoria histórica

De Andrade, cuya lengua materna es el portugués, habla un excelente español. “En Brasil nos sentimos más brasileños que latinoamericanos por nuestra lengua y por haber sido colonia de Portugal, no de España como el resto de Latinoamérica; pero cuando viajé a otros países de América Latina, tuve un impacto de identidad”, explicó.

En 2009, desarrolló el proyecto artístico Documento Latinoamérica, conducción a la deriva, y, gracias al apoyo de becas de su país, durante dos meses se lanzó a la aventura de sumergirse en otras culturas sudamericanas para conocerlas e investigarlas. Con esto se dio cuenta de que Brasil no es muy diferente del resto de los países latinoamericanos, y debido a ello comenzó a ver desde una perspectiva distinta la historia de su propio país, ya que entre los países latinoamericanos “hay una mezcla histórica”, señaló De Andrade.

En virtud de esta experiencia latinoamericana, para él se volvió una pasión aprender el idioma español, con el cual siente que llena un hueco en su identidad. “Me enamoré de esa lengua y de descubrir otras culturas de Latinoamérica”.

Esta vivencia puede verse reflejada en su cortometraje de animación Pacífico (2010), de 12 minutos de duración y en el cual se narra un terremoto en los Andes que provoca que Chile se separe de Sudamérica. Aquí se mezcla la memoria histórica (la dictadura, los desastres naturales, las guerras) con la ficción (Chile se desprende del continente y se convierte en una isla y, por lo mismo, Bolivia recupera la costa). Es el tipo de ejercicio y experimentación (ficcionar y documentar) que De Andrade hace en la mayoría de sus proyectos. “Quizá crear una realidad alterna pueda curar el dolor de la historia”, comentó.

Conciencia social

En De Andrade hay una necesidad de plasmar en su arte una crítica social en torno a su origen o raíces, su cultura y su historia:

Uno de mis temas son las relaciones de poder y la normalización de esto día a día; un mundo en que todo está tan crudamente reglamentado entre favorecidos y desfavorecidos. Estoy en contra de eso, pero existe una estructura histórica difícil de cambiar. Por más que se intente suavizar esas diferencias con cartas de principios propias o de derechos humanos, difícilmente funciona. A través de la historia se repiten estructuras fuertes de racismo, colonialismo, privilegios, entre otros. La identidad brasileña está formada sobre esos orígenes. Todo esto lo trato de reflexionar y expresar con mi arte.

El artista piensa que hay una historia de perpetuación del poder, y que la opresión y la libertad son contradicciones reconocidas y autorizadas.

El pez

De Andrade también procura repensar con sus obras artísticas temas como el erotismo, la sensualidad y el deseo, características arraigadas y cotidianas en la cultura brasileña —una mezcla de raíces indígenas, afrodescendientes y europeas—, a las que los tabús formados por ideas conservadoras, así como relaciones vacías y violentas, han afectado. “Es provocativo y arriesgado hablar de estos temas en mis proyectos”, reconoció el artista.

Esto se refleja sobre todo en su obra El pez (2016), un bello y al mismo tiempo perturbador cortometraje con duración de 37 minutos. En este filme se narra —sin texto ni música de fondo salvo un audio ambiental— un ritual solitario realizado por diferentes pescadores de una misma región costera brasileña, en el que un pescador abraza contra su pecho desnudo al pez después de atraparlo y sacarlo del agua. Mientras es abrazado, acariciado y en ocasiones besado por quien lo atrapó, el pez agoniza.

El pez —refirió De Andrade— es un cortometraje en el que se crea una situación imaginada que parece verdad o creíble. Es una obra que surgió de un sueño que tuvo en el cual unos pescadores abrazaban a los peces después de sacarlos del agua, como un acto de despedida y de pedir perdón por necesitar alimentarse del animal. “Son imágenes de amor y sensualidad, pero de amor que mata, de verdugo y víctima; un abrazo de muerte; una resignación del pez; una renuncia sutil y sensual”.

A De Andrade le tomó varios años comprender cómo expresar en una obra artística ese sueño de los peces. Cuando ya la filmaba, iba entendiendo que la cámara de cine se comportaba con una mirada etnográfica o antropológica, pero sobre todo subjetiva e hipnotizada por la imagen que retrataba, “como si estuviera enamorada”.

En El pez, el artista experimenta otra vez la dualidad de ficción y realidad para reflexionar sobre la normalización de la violencia y la ambigüedad en las relaciones de poder, con una masculinidad dominadora y manipuladora. De Andrade contó que cuando ese video se presentó por primera vez en la Bienal de São Paulo, una mujer llorando le sorprendió al decirle que haber visto ese cortometraje le recordó una relación de violencia sexual que tuvo y en la que se sentía hipnotizada y abrazada hasta que se quedaba sin aire.

Es su única pieza artística en la que no hay texto, y en la que también se manifiesta el dominio del hombre sobre la naturaleza. Al respecto, De Andrade mencionó:

Son pescadores reales de una villa del nordeste de Brasil. No hubo ensayos antes de que actuaran ante la cámara. Fue fuerte grabarlo y documentarlo: una cosa es soñarlo e imaginarlo y la otra es hacerlo… ver agonizar al pez frente a ti no es lo mismo que cuando te sirven un plato con la comida, pero creo que la relación con la naturaleza no es tan binaria, sino ambigua y llena de matices. Existen múltiples miradas de las contradicciones globales ante la naturaleza.

Juegos dirigidos

En la película Juegos dirigidos (2019), con duración de 57 minutos, De Andrade explicó que experimenta —con actividades lúdicas improvisadas y a través del teatro, la mímica y un catálogo de gestos— la alfabetización en la pequeña comunidad brasileña Várzea Queimada, donde hay un alto índice de personas sordomudas. Su lejanía ha dificultado el acceso a servicios educativos, por lo que no todos han podido aprender la lengua de señas oficial del país; sin embargo, han desarrollado su propia manera de comunicarse. A pesar de las dificultades del lenguaje, en esta obra se revela el innato deseo humano de comunicarse y entender al otro, y que la comunicación es la esencia de la vida.

En el conjunto de su obra, De Andrade manifiesta una dualidad contradictoria que invita a repensar, reflexionar y ser crítico ante ideas y valores establecidos. Para esto, como él ha mencionado, utiliza la ambigüedad como estrategia, ya que piensa que los mejores proyectos artísticos tienen un sentido perturbador.

O peixe (El pez), Jonathas de Andrade (2016).
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