El asombroso mundo de los insectos (y una preciosa galería de fotos)

26 | 04 | 2022

Además de ser animales espectaculares, su abundancia, diversidad y amplio espectro de hábitats los hace indispensables en todas las cadenas alimenticias de nuestro planeta.

Los insectos fascinan al hombre por muchas razones, tal vez una de ellas es lo extraño y misterioso de su existencia. Estos animales —protagonistas de mitos, encarnación de deidades, fuentes de leyendas, fábulas y demás expresiones artísticas humanas— habitan todos los ecosistemas del mundo, desde la tundra del norte hasta los climas más tropicales, y también las grandes ciudades. Además, sus poblaciones se cuentan por millones; de hecho, hay tantos insectos en el planeta, que estos superan, por mucho, la cantidad de seres humanos que lo habitan.

Por estas razones, no podemos prescindir de ellos (tampoco los ciclos y cadenas naturales de nuestro planeta). Pero no solo eso, los insectos debieran ser admirados, entre otras cosas, porque al abrazar su excéntrica belleza, reconocemos la sabiduría implícita en el mundo natural. Los insectos limpian la Tierra, polinizan las plantas y son la base de las cadenas alimentarias que sustentan toda la vida en el mundo, incluso la nuestra.

Por si lo anterior fuera poco, son los seres vivos con mayores posibilidades de adaptación, por lo que en los últimos años han demostrado ser una herramienta fundamental para la reforestación de bosques y selvas, y una comida proteica que podría balancear el gran daño que le hemos hecho a otras especies. 

Numeralia

Los insectos son el grupo de animales más diversos de la Tierra. No sabemos exactamente cuántas especies existen, solo que hasta ahora se han categorizado a alrededor de un millón de especies. Sin embargo, algunos científicos sostienen que este número podría llegar a 30 millones, ya que cada día hay un hallazgo nuevo.

Sus características les permiten vivir en cualquier lugar del planeta, pero solo un número limitado de especies ha aprendido a sobrevivir dentro del mar. Según datos de la Royal Entomological Society de Londres, en la superficie terrestre se han contado hasta 10 millones de insectos por kilómetro cuadrado.

Los más numerosos son los de la subclase llamada Collembola, un tipo de artrópodos oblicuos que pueden vivir hasta en la Antártida y que, además de ser los que más se reproducen (hay más de 60 mil por kilómetro cuadrado), son los seres más antiguos que conocemos. También están los proturos, diminutos individuos de anatomía muy sencilla y rasgos primitivos, que viven apartados de la luz, por eso no es tan fácil verlos. Otro grupo cuantioso es el de los “Doble Cola”, parte de la fauna del suelo que normalmente se encuentra en las cuevas. Estos semi insectos tienen la característica de excavar, correr y forzar su paso a través de hendiduras complejas.

Son el grupo de mayor éxito evolutivo

Aunque una gran cantidad de especies son tan pequeñas que caben en la palma de una mano, su existencia es el resultado de miles y miles de años de adaptación, algo que hace a los insectos fascinantes. Sus cuerpos están blindados por una bioingeniería que les da la capacidad de defenderse de las batallas que libran todos los días con otros insectos. Para sobrevivir, cada individuo cuenta con alas, antenas, aguijones, mandíbulas pronunciadas, y hasta una buena capacidad olfativa que hace que reconozcan la sutileza de ciertos químicos.

Algunos insectos tienen exoesqueletos, esqueleto externos y un caparazón extra ligero y resistente. Esto les permite dedicar su existencia a transmitir de un modo perfecto su herencia. Así, mientras los machos abren el terreno en piedras, árboles y tierra, las hembras buscan la manera de depositar sus huevos en un lugar seguro. La intención de ambos es esparcir una población nueva de la especie para que, pase lo que pase, el linaje se mantenga vivo.

El piso del bosque (la asombrosa travesía por depositar huevos)

Cada especie lucha por subsistir en un ecosistema en el que la mayor parte de los seres son más grandes que ellos, y por eso han desarrollado diversos hábitos de subsistencia que parecen el diseño maestro de un gran artista.

Un ejemplo de lo anterior son las pequeñas polillas. En esta especie, los machos tienen la capacidad de olfatear las feromonas de sus contrapartes para encontrarlas. En tanto las hembras ponen sus huevos en la oscuridad para que nadie las vea. Una vez que nacen, las crías se dedican a masticar 24 horas al día, hasta hartarse de comer. Entre más crecen más cambian de piel y, lo más sorprendente, es que esta práctica existe hace más de 60 millones de años.

Por su parte, las libélulas fueron las primeras en levantar el vuelo hace más de 300 millones de años. Sus alas pueden recorrer hasta 50 kilómetros por hora. Además de su asombrosa vitalidad y su carácter etéreo, vale la pena observar su ritual de cortejo; una danza que consiste en permitir que el macho las pasee sobre la superficie de un río para depositar huevos por todos lados.

En este maravilloso mundo de los insectos es importante tomar en cuenta también a los avispones y sus grandes dotes arquitectónicos. Estos insectos seleccionan las herramientas de construcción para edificar a los huevos una pequeña casa donde estén seguros. El proceso consiste en masticar la corteza de los árboles para fabricar una pulpa de madera y luego mezclarla con saliva para formar una pasta de papel.

Finalmente, insectos sociales hay muchos, pero muy pocos alcanzan la complejidad de las hormigas y sus pequeñas ciudades. La fundadora de dichas colonias siempre es la reina, una especie de máquina reproductora encargada de producir todas las crías posibles. Mientras la monarca está en su tarea imposible, las otras hormigas organizan las demás funciones: recolectoras, cuidadoras y hasta maestras. Las reinas pueden vivir hasta 30 años y poner más de 30 millones de huevos.

Es necesario, finalmente, mencionar la titánica labor de los insectos polinizadores, como las abejas, avispas y abejorros —que, lamentablemente, hoy se encuentran en peligro. Su papel es vital en las cadenas alimenticias del mundo, y también es una de las fuentes de muchos alimentos que hoy consume la humanidad.

Estos son solo unos pocos ejemplos que hacen a estos seres criaturas excepcionales. Gracias a los avances tecnológicos y a los superlentes de las cámaras humanas, en el siglo XXI, la posibilidad de contemplar a los insectos y verlos de cerca es una realidad.

A continuación, un poco de su hermosa estética, sin la que nuestro mundo no sería el mismo.

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