Gianni Rodari, impulsor de la creatividad infantil

16 | 12 | 2020

Este excepcional 2020, se cumplió un siglo del nacimiento del escritor y maestro italiano, promotor de la creatividad y el espíritu crítico en los niños desde la literatura fantástica.

Un día cualquiera, el autobús que te lleva al lugar de tu trabajo, de repente, sin voluntad del chofer, se desvía de la ruta habitual, para salir de la ciudad y llevarte, junto con los otros pasajeros, a un prado con flores, donde —pasado el susto, el enfado y las protestas— tú y el resto de los pasajeros harán ramos, jugarán futbol con un balón hecho con el periódico que leían durante el viaje, harán un picnic… Pero, aquella experiencia atípica desapareció como apareció, solo fue un paréntesis en la vida cotidiana; incluso, el reloj se detuvo durante todo ese suceso.

Lo descrito arriba es el argumento de uno de los tantos cuentos fantásticos (“El autobús número 75”) que escribió el autor italiano Gianni Rodari. Es una historia que —aunque no de forma tan gozosa porque el 2020 ha sido un año aciago para la mayor parte del mundo— podría remitirnos al paréntesis en nuestras vidas provocado por la emergencia sanitaria del covid-19: un desvío y un alto que nos invitan a ver dónde estamos y a adaptarnos a esta nueva circunstancia, no solo de manera efectiva, sino también positiva y creativa; una oportunidad para repensarnos y reinventarnos con imaginación y entusiasmo.

De hecho, el 23 de octubre de este sui generis 2020 se cumplieron 100 años del nacimiento de Rodari (Italia, 1920-1980), escritor, periodista y maestro escolar que divulgó una pedagogía en favor de los niños, contraria al adoctrinamiento de determinados valores o formas de pensar dominantes de su época y que no han desaparecido del todo. Rodari veía —por mencionarlo con un término actual— a los niños como agentes de cambio. Así, escribiendo libros, artículos y ensayos, e impartiendo clases y pláticas, dedicó gran parte de su vida a promover la innata capacidad creativa infantil, sobre todo mediante la literatura fantástica, ya que él pensaba que los textos imaginativos son potenciadores de la creatividad y, por lo mismo, posibles transformadores de la realidad.

Además de ser articulista para jóvenes y adultos y dirigir una colección de libros educativos, Rodari transgredió los modelos narrativos del momento y fue uno de los principales artífices de la renovación de la literatura infantil dentro de la corriente fantástica. Su lectura nos lleva al mundo de la imaginación y la fantasía con un toque de ternura y humanidad.

Por esa renovadora y refrescante aportación al universo literario, Rodari —hijo de panaderos— recibió el Premio Hans Christian Andersen en 1970, el más alto reconocimiento internacional otorgado a un autor y a un ilustrador de libros para niños y jóvenes.

Los libros que este autor italiano escribió para niños combinan el humor, la imaginación y la fantasía con una visión crítica y ética, no exenta de ironía, del mundo actual. En sus historias, como ha explicado José Luis Polanco Alonso, autor especialista en literatura infantil, Rodari incluye sucesos, problemas y personajes antes excluidos, en gran medida, de los libros para niños y jóvenes: los horrores de la guerra, la explotación infantil, la pedagogía y sus vicisitudes, la sociedad consumista y egoísta, o el olvido de los ancianos, entre otros. De forma fantástica, procura esclarecer la realidad, denunciar la injusticia y el dogmatismo, así como cuestionar hábitos y valores en la sociedad moderna; fomenta “el espíritu crítico en los pequeños lectores y hace patente el ansia de cambiar una sociedad que no le satisface”, señala Polanco.

Rodari fue autor de una veintena de libros, entre los cuales destaca Cuentos por teléfono (1962), quizás el más representativo de su capacidad imaginativa, su humanismo y su humor; conformado por cuentos cortos para niños que combinan realidad y fantasía con maestría y sencillez. Aquí experimenta estructuras de las narraciones, se fascina por las palabras, mezcla cuentos clásicos y personajes famosos de distintas narraciones, introduce elementos extraños, busca finales distintos y sorprendentes (lo que explota en otro famoso libro suyo: Cuentos para jugar, publicado en 1974), y utiliza noticias de diarios para invitar a la reflexión sobre asuntos que le preocupan. En fin, usa recursos narrativos diversos que luego compartirá en otro extraordinario libro suyo: Gramática de la fantasía (1973), una importante obra en el campo de la renovación pedagógica en la que presenta técnicas para estimular la creatividad de los niños. Bueno, no solo de los niños: una gran cantidad de autores adultos han utilizado las herramientas propuestas por Rodari en ese libro para inventar y crear historias.

Este insólito año 2020 —una vuelta de tuerca en la existencia de la humanidad—, en el que el autobús de nuestras vidas lineales y causales al que estamos acostumbrados fue desviado por quién sabe qué fuerzas reales y misteriosas, y en el que se cumple un siglo del nacimiento de Rodari, podemos también abordarlo a la manera de él y su estilo fantástico: potenciando la imaginación y la creatividad tanto en los niños como en los adultos.

¿Qué cuento, por ejemplo, acerca del covid-19 hubiera escrito Rodari si aún viviera? Seguramente le encantaría que, a partir de sus consejos y el entusiasmo que nos dejó, fueran sobre todo los niños quienes escribieran uno o más cuentos fantásticos a partir de esa realidad, para ir transformándola e innovando a favor de la vida.

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