La inclusión social: indispensable para la evolución sostenible

02 | 03 | 2022

Los Objetivos del Desarrollo Sostenible se centran en tres rubros importantes; uno de ellos, la inclusión social, resulta fundamental para mejorar nuestro destino como humanidad.

Una sociedad con las necesidades básicas cubiertas provee marcos ambientales propicios para vivir y coexistir. También dota de dignidad, motivación y participación a los individuos que la integran. A continuación, nombramos estas necesidades esenciales en la vida de los seres humanos: 

– Subsistencia (salud y alimentación)

Protección (vivienda y seguridad)

– Entendimiento (educación, comunicación y afecto)

– Participación (trabajo, derechos y responsabilidades)

– Creación (habilidades y destrezas)

Identidad (sexualidad, valores, sentido de pertenencia)

– Libertad (igualdad de derechos)

Estas necesidades humanas fundamentales son las mismas en todas las culturas y en todos los periodos históricos. Lo que cambia, a través del tiempo y de las culturas, son las maneras o los medios utilizados para la satisfacción de las mismas. Son derechos inalienables del ser humano; es decir, que no se pueden ceder, vender ni privar a nadie bajo ningún concepto. Ello sin importar su origen, edad, religión, etnia, orientación sexual, ocupación, capacidades, género o situación financiera.

Cuando estas necesidades son cubiertas, la sociedad tiene las oportunidades y los recursos necesarios para participar en la vida económica, social, política y cultural de su país, un escenario también conocido como inclusión social.

Contrario a esto, la exclusión social comprende un contexto en el que los individuos de una sociedad padecen de necesidades básicas insatisfechas. Por ejemplo, que miles de millones de personas se enfrenten a la pobreza extrema y a la malnutrición, a la pérdida de empleos y salarios, a una educación deficiente, a la falta de derechos y oportunidades para las mujeres, a la desigualdad, la discriminación, la violencia, y afectaciones en la salud física y mental, por mencionar algunas problemáticas. Estos fenómenos representan desequilibrios en el tejido social que inevitablemente impactan en el crecimiento y desarrollo de las personas y sus comunidades.

Aunque actualmente vivimos en un mundo más rico, también es más desigual que nunca. Los modelos de desarrollo económico, tecnológico y social han provocado que millones de seres humanos estén imposibilitados para satisfacer sus necesidades básicas, lo cual los excluye de su participación en la sociedad.

Un compromiso de la ONU

Conscientes de esta realidad, en septiembre de 2015 los líderes mundiales adoptaron, en el seno de la Organización de las Naciones Unidas, la Agenda 2030 y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible(ODS), un acuerdo internacional con vigencia hasta 2030 que se propone, además de poner fin a la pobreza en el mundo, erradicar el hambre y lograr la seguridad alimentaria; garantizar una vida sana y una educación de calidad; lograr la igualdad de género; asegurar el acceso al agua y la energía; promover el crecimiento económico sostenido; adoptar medidas urgentes contra el cambio climático; y promover la paz y facilitar el acceso a la justicia.

Los 17 ODS se centran en tres rubros importantes: el crecimiento económico, la protección del medio ambiente y la inclusión social. Cuatro de estos objetivos se relacionan sustancialmente con este último rubro:

– Objetivo 4: Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos.

– Objetivo 5: Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas.

– Objetivo 10: Reducir la desigualdad en los países y entre ellos.

– Objetivo 16: Promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas.

Según la ONU, actualmente hay más personas que nunca con acceso a una sanidad mejor, a un trabajo decente y a una educación de calidad. No obstante, las desigualdades, el cambio climático y, recientemente, la crisis sanitaria por el covid-19 están amenazando estos progresos.

La pandemia ha intensificado las desigualdades existentes, afectando más que nadie a los pobres y a las comunidades más vulnerables. De igual manera, se ha agravado la disparidad de género para las mujeres y las niñas. Esto ha sucedido desde la salud y la economía hasta la seguridad y la protección social.

En 2020, a medida que la pandemia se propagaba por todo el planeta, la mayoría de los países anunció el cierre temporal de las escuelas, lo que afectó a más de 91% de los estudiantes en todo el mundo. Nunca antes tantos niños habían estado fuera de la escuela al mismo tiempo, lo que altera su aprendizaje y cambia drásticamente sus vidas, especialmente las de los niños más vulnerables y marginados.

Los conflictos, la inseguridad, las instituciones débiles y el acceso limitado a la justicia continúan suponiendo una grave amenaza para el desarrollo mundial. Pero sabemos que el paso de la exclusión a la inclusión no se da de un día para otro, sino que es gradual y exige un compromiso a largo plazo. Empieza con el reconocimiento de los grupos excluidos e “invisibles”, superando las creencias y los estereotipos negativos para crear las condiciones necesarias para que haya igualdad de oportunidades y movilidad social.

Para ello, un elemento fundamental es el acceso a trabajos decentes, mejores servicios, educación de calidad y medios de subsistencia más seguros que ayuden a las personas habitualmente excluidas a participar plenamente en la sociedad y a vivir con dignidad.

Necesitamos integrar la realización armónica de las necesidades humanas en el proceso de su desarrollo. Esto puede originar un desarrollo sano, autodependiente y participativo, capaz de crear los fundamentos para un orden en el que se pueda conciliar el crecimiento económico, el desarrollo de las personas y la protección del medio ambiente.

Acciones de La Vaca Independiente

En este contexto retador, desde su fundación La Vaca Independiente se ha planteado emprender caminos que atiendan la inclusión social y permitan a los individuos un desarrollo regenerativo. Por ejemplo, a través de iniciativas como el Instituto DIA, que surgió con la misión de ofrecer a maestros y educadores caminos para su desarrollo humano integral y potenciar sus capacidades. Desde el inicio de la pandemia, el Instituto ha ofrecido una respuesta innovadora al acompañar a miles de docentes, directivos, estudiantes, madres y padres de familia. El Instituto ha dotado a las comunidades educativas de estrategias y herramientas que mejoren sus experiencias de aprendizaje para construir conocimientos relevantes y trascendentes.

También existen otras iniciativas de La Vaca Independiente, como Baktún Pueblo Maya y la Fundación Transformación Arte y Educación (TAE), las cuales, a través de programas como Sal a pajarear, La voz de la selva o Mediadores y promotores culturales, pretenden activar economías locales que aprovechen la riqueza cultural y natural del territorio en beneficio de las comunidades que lo componen.

Así como La Vaca Independiente trabaja para fomentar cambios profundos que apuntan a la regeneración del medio ambiente y la salvaguarda de la comunidad y la cultura, todos y todas tenemos un compromiso con el planeta en el que vivimos, con las personas con las que lo compartimos y compartiremos. ¿Qué estamos haciendo para lograrlo?

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