Los hombres-pájaro de Sara Angelucci

02 | 12 | 2020

Una colección de fotografías nos recuerda la íntima relación que tenemos con las aves, su calidad etérea y fantasmal, y lo urgente que es protegerlas.

El anhelo de volar es tan antiguo como el ser humano, y las aves lo encarnan de forma deslumbrante. Los hombres-pájaro pueblan nuestro imaginario precisamente por esa razón. Resulta paradójico, entonces, que a pesar de nuestra profunda conexión con las aves —una que toca nuestro subconsciente de tantas maneras— somos responsables de la extinción de un gran número de especies. Aquellos pájaros que han desaparecido (también, muy pronto, los que están en peligro de hacerlo) existen sólo como fantasmas capaces de recordarnos que existieron, y sus tristes siluetas son una de las varias inspiraciones que la artista radicada en Toronto, Sara Angelucci, encontró para hacer una serie de fotografías intervenidas que funciona como memorial a esos seres que alguna vez poblaron el cielo.

Aviary (2013) es una colección de 13 imágenes que combinan retratos de personajes anónimos del siglo XIX, con fotografías de pájaros de Norteamérica que se han extinguido o se encuentran en peligro de desaparecer, y que la artista tomó de piezas de taxidermia en un instituto de ornitología. La serie es hermosa, melancólica y extraña, plagada de aristas conceptuales en las que confluyen varios elementos: la fotografía como práctica que materializa la memoria; el luto, la fascinación por los fantasmas, el coleccionismo y la taxidermia, tan propios de la Era Victoriana; y la urgencia de reconocer (tal vez revertir) el profundo descuido del hombre en su afán por poseer la naturaleza.

La insistente presencia de las aves y su representación en las culturas humanas las hace entes tan universales, que éstas son capaces de representar una época. La Inglaterra victoriana —caracterizada por la expansión y explotación colonialista de parte de Europa, y su subsecuente amor por lo exótico— vio el nacimiento del coleccionismo como una manera de acercamiento a las nacientes ciencias naturales; y también encontró en la taxidermia una forma de conocer y compilar el mundo natural.

Los salones de las familias burguesas de esta época se encontraban poblados animales disecados, conchas, huesos, piedras y toda clase de objetos traídos de lugares remotos que, juntos, daban vida al espíritu coleccionista; fue entonces, también, cuando nacieron los acuarios y los aviarios. Estos espacios también estaban llenos de fotografías, una práctica que nació en el siglo XIX y se popularizó más y más conforme la tecnología lo permitía.

En 1854, el francés André Disdéri desarrolló y patentó la carte-de-visite, un formato fotográfico del tamaño de una tarjeta, que se popularizó en toda Europa y Norteamérica por su bajo costo y su fácil producción en grandes cantidades; los retratos que utilizó Angelucci para convertir a personajes anónimos, olvidados, en pájaros y en fantasmas son, precisamente, cartes de visite que ella coleccionó durante un buen tiempo. La fotografía, además, permitió la celebración de otra de las grandes obsesiones del siglo XIX: los fantasmas. Se trata de la época en la que nació el espiritismo, las séances (sesiones para hablar con los muertos), la fotografía de fantasmas y los retratos post-mortem.

El espíritu colonialista de la época —otro de los temas explorados por Sara Angelucci en Aviary—  nos deja saber que el hecho de que la palabra capturar, además de usarse como un sinónimo de atrapar, sea también una manera de  referirse al acto de tomar una fotografía no sea una coincidencia; en inglés, pasa lo mismo con la palabra shoot, que significa disparar y, a la vez, puede referirse a capturar una imagen.

Así, los hombres-pájaro de la serie Aviary son fantasmas dobles: son personas que han muerto y cuyo nombre y vidas han sido, probablemente, olvidados; y son, también, pájaros cuya existencia quedó en el pasado o probablemente lo hará, a manos del hombre. La paloma pasajera o paloma migratoria (passenger pigeon) es un ejemplo trágico: estos pájaros algunas vez fueron los más numerosos en Norteamérica, y hoy están extintos. Fueron borrados de la faz de la tierra en un lapso de 50 años.

Las posibilidades de lectura de esta serie son enormes, pero una de ellas, quizá la más importante, es que al humanizar a las aves, al darles ojos y facciones humanas, expresiones y accesorios, es posible escuchar su llamado, un canto fantasmagórico y melodioso que no podemos ignorar.

Barn Owl (endangered)
Eskimo Curlew (extinct)
Female Passenger Pigeon (extinct)
Heath Hen (extirpated)
Loggerhead Shrike (endangered)
Male Passenger Pigeon (extinct)
Red-headed Woodpecker (endangered)
Sage Thrasher (endangered)
Short-eared Owl (endangered)
Spotted Owl (endangered)
Western Screech-Owl (endangered)
Winter Bobolink (endangered)

Imágenes: © Sara Angelucci.

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