Louise Bourgeois: la soledad como inspiración y el arte como sanación

05 | 11 | 2021

Sobre una de las artistas más valientes del siglo XX y cómo ella replanteó el poder del arte.

Dentro del complejo proceso interior que implica la creación artística es imposible no preguntarse cómo es que el arte es capaz de sanarnos. Y es que aunque existe una multitud de escuelas y críticos que aún hoy sostienen que el arte puede ser neutral y trascender al creador, lo cierto es que la humanidad de los artistas siempre quedará en primer plano y, en ese sentido, el proceso creativo sí puede verse como una terapia, como un acto de autocuidado y, finalmente, como un camino para encontrar salud mental. El arte repara, nos permite reformular nuestra existencia y nuestra propia narrativa —algo que la artista Louise Bourgeois (1911-2010) siempre supo.

Bourgeois fue una de las voces femeninas más deslumbrantes del siglo XX y su historia personal la llevó a crear instalaciones, escritos y esculturas que le dieron la hermosa oportunidad de contarse a sí misma una narrativa distinta acerca de su vida.

Su vida

Además de ser una de las figuras más icónicas del arte contemporáneo, Bourgeois fue una mujer excepcional que aprendió a buscar y resguardar su paz emocional.

Su biografía estuvo poblada de ansiedades y desencuentros a los que siempre les hizo frente desde sus creaciones. De pequeña, por ejemplo, descubrió que su papá y su tutora mantenían una relación secreta; este suceso cambió por completo su perspectiva del mundo y de las personas, le arrebató, de alguna manera, su inocencia. Esa infidelidad se convirtió en un trauma que terminó por inspirar algunos de sus más grandes trabajos.

A pesar de ser profundamente talentosa y prolífica, Bourgeois no alcanzó la fama sino hasta que alcanzó la edad de 71 años. Su prolongado anonimato le permitió dedicar muchas horas a explorar distintos estados emocionales y plasmarlos con sus manos, sin la presión que la industria del arte y la fama a veces ejercen. Ella pasó 30 años en sesiones de psicoanálisis —iba cuatro veces por semana. Al respecto, decía: “el análisis es un lujo, un deber, una broma”.

Cuando la artista no estaba dentro de un consultorio, llenaba sus libretas de asociaciones libres, hacía inventarios de sus fracasos, sus pérdidas y sus temores. Todo con la intención de sanar sus heridas originales, y sí,  de ser una artista honesta que entendía que el trabajo es reparador.

Louise Bourgeois murió feliz, a los 99 años. Nunca dejó de crear y siempre sonrió en las fotos porque nunca tuvo miedo de expresar su vulnerabilidad.

Sus piezas 

La obra de Bourgeois es profundamente autobiográfica; retrata en particular ciertas vivencias de su infancia y los personajes con los que creció. Sus creaciones hablan del dolor, del miedo y de los traumas; exploran la infancia, los daños emocionales e intentan darle una explicación al pasado, a sus recuerdos. “Las cosas no tienen que ser blanco o negro, de hecho son más interesantes si son grises. Si son sutiles”, afirmó la artista en algún punto de su vida. 

La belleza de su arte radica en que aunque es profundamente autorreferencial, es capaz de transmitir emociones universales. Cuando Bourgeois habla de la niña que fue, es posible reflejar la propia infancia. Cada pieza, no importa si es una celda o un insecto gigante, es como una telaraña, va tejiéndose por el mundo entero hecha de distintos hilos hecho de memoria.

Para acercarse a la obra de Louise Bourgeois es necesario cerrar los ojos e imaginar que hemos emprendido un viaje a su interior (que, por algún motivo inexplicable, es también el nuestro). La travesía de Bourgeois no solo fue la historia de una artista honesta y sumamente talentosa, fue también la historia de una mujer que usó el arte para sanar sus heridas a través de temas tan diversos como el poliamor, la mutilación femenina, la histeria (El arco de la histeria), la sexualidad masculina (Janus Fleiri) y el poder de la contención.

A propósito de su trabajo Bourgeois alguna vez comentó: “No es como medicina, ni por obligación. Escribo porque siempre he sentido que si la gente me conociera realmente, no podría dejar de gustarles. Escribo y luego esculpo para ser amada (por quien soy)”.

Una hermosa relación con la soledad

Desde sus primeros años como artista, Louise Bourgeois aprendió a refugiarse en su soledad para reforzar sus procesos creativos. De tanto en tanto escapaba de su vida y se alejaba de todo y de todos, no solo para encontrar libertad sino para pensar en calma y hacer su trabajo como a ella le gustaba: en silencio total.

Aunque Bourgeois sabía que la soledad es ardua y puede hacer que la creación sea un poco más difícil, se refugiaba en ella para encontrar su esencia. “La soledad, incluso la soledad prolongada, siempre trae beneficios consigo”, decía. Para ella la soledad tenía formas, momentos y lugares. A veces la encontraba en medio de la naturaleza para salvarse de ella misma; calmaba su ansiedad mientras deambulaba en el paisaje y meditaba en torno a los astros en el cielo.

Cuando estaba sola podía ser ella misma: “me he tenido que esconder, de otra manera me sentiría atrapada”.

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