Mediación en la península yucateca: Programa de Mediadores y Promotores Culturales

13 | 04 | 2022

Los jóvenes participantes del programa de liderazgo juvenil de Baktún cursan el segundo módulo de su curso bianual en este semestre.

El pasado 3 de febrero inició una nueva etapa en el programa de liderazgo juvenil Mediadores y Promotores Culturales. En este curso bianual, diseñado por Baktún Pueblo Maya en alianza con la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (UIMQROO), un grupo de jóvenes universitarios —llamados “mediadores culturales” en el escalafón curricular del programa— adquirirá herramientas pedagógicas y personales con las que podrá conformar grupos de trabajo comunitario con muchachos más jóvenes que ellos (entre 14 y 18 años) para contribuir a la conservación, la resignificación y la celebración del patrimonio biocultural maya.

El primero de los cuatro módulos en los que se dividirá el curso comenzó en agosto del 2021 y terminó en diciembre. En él, los jóvenes universitarios aprendieron estrategias y principios medulares para empezar a erigir sus comunidades de aprendizaje con los adolescentes (quienes, a su vez, son llamados “promotores culturales” en el programa). Para completar su formación en esta etapa, los mediadores participaron en sesiones con líderes educativos del Instituto DIA, coordinaron visitas de campoy cumplieron una serie de retos con sus promotores, como editar un fanzine o escribir el piloto para una radio comunitaria.

Para el segundo módulo, que inició a finales de enero de este año y finalizará el siguiente verano, los mediadores agudizarán sus habilidades en el cultivo de espacios fértiles para el diálogo y comenzarán a implementar sus primeras sesiones dia.

El inicio de algo muy bueno

La sesión del 3 de febrero se inauguró de forma virtual con una actualización del marco de acuerdos que rigió la convivencia entre los mediadores, los coaches de campo (jóvenes que en su mayoría son graduados de generaciones pasadas y guían el trayecto de los universitarios), los promotores, los expertos y los líderes educativos Baktún en el primer módulo: esta vez, además de comprometerse a levantar la mano antes de tomar la palabra, asegurar su presencia plena en las sesiones y mantener encendidas las cámaras de los dispositivos con los que se enlazan a las sesiones en línea —siempre y cuando las circunstancias tecnológicas y contextuales lo permitan—, los asistentes convinieron también en respetar las ideas de los demás, procurar la cooperación entre los diferentes grupos de promotores y a promover la empatía, el entusiasmo y la participación activa para enriquecer el aprendizaje común.

Después de este compromiso, los jóvenes asistentes formaron pequeños equipos de diálogo, donde hablaron de las sensaciones que experimentaron por la reanudación del curso. La mediadora Andrea Contreras reveló, por ejemplo, que se sentía “recargada”, puesto que en las fiestas decembrinas reposó de sus deberes académicos y las contadas actividades que entonces demandaron su atención fueron en línea; también dijo que se sentía emocionada y ansiosa por retomar su ritmo de trabajo habitual, pues presagió que estaban viviendo “el inicio de algo muy bueno”.

Tras este ejercicio de reintegración, los mediadores conocieron a detalle el plan de aprendizaje y los tres objetivos de este semestre —reforzar sus conocimientos y habilidades en mediación dia, profundizar en los principios pedagógicos e integrar nuevas herramientas para acompañar el proceso de aprendizaje de los promotores culturales—. Este nuevo módulo se dividirá en dos unidades: la primera se dedicará a la creación de espacios de diálogo comunitario; la segunda, a reforzar las competencias didácticas de los mediadores para permitirles guiar con más eficiencia y sensibilidad a los promotores culturales. Una serie de talleres de implementación y mediación complementará los aprendizajes de la primera unidad; la segunda unidad tendrá sesiones de realimentación y observación general del desempeño de todos los participantes.

El 14 de julio, los muchachos habrán completado el módulo; en este tiempo, cumplirán siete retos, vivirán cuatro implementaciones, planearán cuatro sesiones dia, asistirán a dos encuentros intercomunitarios que tendrán lugar el 18 y 19 de mayo, se reunirán en un círculo de aprendizaje y, sobre todo, alimentarán sus aptitudes para la mediación con un hilo de sesiones dia modélicas.

Muestras de sesiones dia

La segunda sesión de este nuevo módulo ocurrió una semana más tarde. Esta vez, los mediadores participaron en un par de sesiones dia modeladas por sus coaches de campo, en las que subrayaron los elementos esenciales de la mediación: los cinco principios (orientar, motivar, generar, rescatar y cerrar y trascender) y sus dinámicas, el control de tiempo y la observación de la intencionalidad para evitar que el diálogo se descarrile hacia derroteros indeseados. La mediadora Loida Briseño aseguró entusiasmada que la sesión en la que participó, donde la pintura El bombardeo de Odessa de Abel Quezada sirvió como vehículo de mediación para hablar sobre contaminación y escasez de agua, la instruyó en las astucias requeridas para hacer germinar un diálogo nutrido partiendo de una imagen. La mediadora Karla Chan compartió el asombro de Loida: para ella, lo más significativo de la sesión fue ver el despliegue de un ameno conglomerado de experiencia, destreza e ingenio para integrar los conocimientos de cada participante en la construcción del conocimiento colectivo.

Una invitada especial

La siguiente sesión del módulo ocurrió dos semanas después, el 3 de marzo. En aquella ocasión, los participantes se adentraron en el modelo dia para la creación de espacios de diálogo y vivieron otra sesión de prueba, que esta vez fue mediada por la carismática maestra Laura Hernández del Instituto DIA, quien ha trabajado por más de 30 años en el magisterio y posee una experiencia impar en esta metodología pedagógica.

Laura Hernández comenzó su intervención evocando las siglas que nombran esta forma de la mediación: Desarrollo de la Inteligencia a través del Arte. Luego recordó que el objetivo general de la metodología es permitir que las riquezas personales, “la sabiduría que cada uno puede aportar” en el quehacer educativo encuentren su lugar en la construcción del conocimiento grupal. Tras ello, dirigió un ejercicio de orientación, cuya importancia en las sesiones dia evidenció con una metáfora previa, para la que se sirvió de una botella llena de agua y arena marina: a fin de representar el ajetreo de ideas que causa cualquier actividad mental vigorosa, la maestra agitó la botella y explicó que, como la arena dentro de ella, las ideas bullen en la mente atareada, pero revelan su naturaleza heterogénea si se apacigua su contenedor. “Cuando dejamos de movernos —concluyó—, cuando nos tranquilizamos, las arenas se asientan y todo queda más transparente para aprender, pensar y sentir mejor”.  

Un ejercicio de respiración siguió a esta alegoría. Los participantes cerraron los ojos durante un minuto y se concentraron en las oscilaciones de sus pechos y diafragmas; entonces, la maestra hizo sonar un cuenco, cuya última reverberación indicó el momento para volver a abrirlos y contemplar el vehículo de mediación, proyectado en las pantallas de los asistentes: el retrato donde Frida Kahlo contrapuso el rostro receloso a las manos afanosas, el cactus orgulloso y las plantas risueñas de Doña Rosita Morillo Safa, la madre del Ing. Eduardo Morillo Safa, uno de los mecenas más devotos que Frida tuvo mientras vivió.

Las preguntas que lanzó la mediadora apuntaban a la reflexión sobre la forma en la que valoramos a los abuelos. Los mediadores Loida e Irving confesaron que la imagen les trajo buenos recuerdos de sus propias abuelas: él incluso añoró las tardes en las que la acompañaba en sus bordados desgajando mandarinas. Finalmente, en parejas respondieron las preguntas de la mediadora y el diagnóstico general siguió el patrón inaugurado por los testimonios de Loida e Irving: la mayoría concluyó que la cultura maya valora y respeta especialmente la vejez, pues provee a las personas de un gran conocimiento sobre la cultura (la cocina, la siembra y las narraciones colectivas), sabiduría práctica para orientar a la juventud y poder de congregación del núcleo familiar. Los abuelos y las abuelas, como alguien acertó en decir, son “cofres invaluables de sabiduría” que contienen una constelación infinita de riquezas.

El viaje continúa

A los mediadores aún les queda un trayecto largo en su formación. El siguiente verano participarán en una nueva edición del curso de Guardianes Culturales, en el que generarán espacios de aprendizaje para niños y niñas de 8 a 13 años. En agosto emprenderán el tercer módulo: en él adquirirán herramientas para rescatar y promover la memoria colectiva de sus comunidades, y levantarán mapeos culturales. Finalmente, a inicios del 2023 podrán poner en práctica sus conocimientos para diseñar, implementar y activar, con ayuda de los Promotores Culturales, su primer proyecto comunitario, relacionado con las tradiciones orales, la música, el patrimonio natural y los tesoros históricos de la península.

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