Para sumergirse en el profundo significado del amor de Rumi

21 | 06 | 2022

Es posible que estés familiarizado con las palabras de poetas como Rumi, pero no necesariamente con su radical significado.

Los poemas de Jalal al-Din Muḥammad Rumi, poeta persa y místico sufi del siglo XIII, transitan sin resistencia en la actualidad. Algunos fragmentos viven tatuados en la piel de personas o como estampados de camisetas, están presentes en narrativas románticas de Hollywood y, muy probablemente, se están pronunciando justo ahora en algún discurso de bodas. Y aunque tenerlas presentes es bello, lo cierto es que, naturalmente, con el paso del tiempo se ha modificado su sentido, sobre todo cuando hablamos del tema omnipresente en su obra: el amor. 

Quizá porque le parecía un campo inagotable, Rumi dedicó muchos de sus poemas al amor, ya sea de forma literal o como una manifestación etérea. Pero ¿qué significaba realmente este concepto para él? La respuesta, en parte, se encuentra en el mundo metafórico del poeta. 

Los mensajes ocultos de Rumi

En uno de los textos de Rumi se describe una escena donde se intoxica con solo un trago de vino en una taberna, justo antes de que una mujer llamada Layla aparezca desnuda. El poeta no está hablando literalmente de emborracharse, ni de un encuentro lujurioso con una mujer. Como dice el académico Mohamed Ghilan, estos elementos son solo simbólicos. Layla, por ejemplo, es un nombre árabe que alude a la noche más oscura del mes, y que para la poesía sufi representa el reino de lo oculto. En el caso de la embriaguez, se trata de la pérdida de razón frente a lo divino, porque, como escribe el poeta, “el amor es temerario, no tiene razón. La razón busca un beneficio. El amor se avasalla, consumiéndose a sí mismo descaradamente”. 

Cuando las metáforas se revelan de esta manera, queda claro que para acercarse al sentido más profundo del que habla el místico sufi, es necesario sacudirnos ciertos preceptos culturales. Pero eso no es todo. Bien se dijo que el entendimiento del amor podría encontrarse parcialmente a través de las figuras retóricas utilizadas por Rumi, y esto tiene una razón importante de ser, íntimamente ligada con la experiencia. Entre los contemporáneos del poeta, hay uno mucho menos conocido, cuya historia nos acerca al propósito de este texto.

El amor encarnado

Para los 17 años, Fakhr al-Din Iraqi era ya un maestro altamente reconocido en vistas de ser una figura influyente en su medio. Pero, como sucede con frecuencia, el destino de la vida es indescifrable. Así pues, un día se enamoró de un joven y dejó todos sus estudios para estar a su lado. A pesar de su inquebrantable decisión, las cosas tampoco resultaron como esperaba. Eventualmente, perdió por siempre a su amado en una terrible tormenta. La siguiente escena, siguiendo nuestra lógica culturizada, nos suplica imaginar a Iraqi en “un mar de lágrimas”, aunque nunca aconteció. Porque, si bien el sufrimiento del evento fue brutal, tuvo una revelación fundamental. Los libros y las escrituras sagradas ya no eran el único medio para conocer y acercarse a Dios, podía verlo ahora con otros ojos, pues encarnada estaba la vivencia de amar; es decir, solo conociendo eso en carne propia, y usando a la belleza como catalizador, es posible acceder a los planos más puros de la existencia. 

Recordemos que el sufismo busca el conocimiento divino a través de la experiencia directa con Dios. Y precisamente para Rumi —como para tantos otros poetas sufíes— eso no es otra cosa más que Amor. 

Se trata de esa fuerza creadora y la esencia de todas las cosas. Entonces, cuando el poeta habla del amor que se procuran dos personas, reconoce la belleza del vínculo compartido, pero sobre todo lo entiende como un dispositivo que permite trascender los sentidos

“El alma que niega el amor verdadero como lema

era mejor no nacida; su existencia es deshonra.

Así que embriagaos de amor, porque el amor es todo lo que hay.

Si no enfrentas al amor, el camino a Dios está cerrado.”

—Rumi

Independientemente de las creencias personales, encontramos en esta lectura una invitación para jugar con nuestras interpretaciones de realidad y, también, un bello recordatorio de que el conocimiento o la sabiduría requieren necesariamente de la experiencia; es decir, del cuerpo. Para entender lo que quiere decir Rumi sobre el amor, habría, primero, que atrevernos a vivirlo. Porque, como dice Gurdjieff, “el poder de transformarse no está en la mente, sino en el cuerpo y los sentimientos. Cada uno tiene méritos propios. El mérito de la mente es que mira hacia delante. Pero solo los otros dos pueden hacer”.

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