Por qué hacer un huerto en casa en tiempos de pandemia

20 | 01 | 2021

El confinamiento que implica la actual pandemia podría ser el momento perfecto para hacer un pequeño huerto casero.

Para una buena parte de las personas del mundo, la pandemia del coronavirus ha implicado pasar mucho más tiempo de lo habitual en casa. Si bien hace un año esto podría sonar deseable y disfrutable (especialmente para aquellos que trabajaban fuera de su hogar), tras varios meses en el encierro, la situación puede resultar cansada y, en ocasiones, frustrante. Con todo y eso, conviene ver lo que sí tenemos en esta extraña época del mundo, como el tiempo para observar eso en lo que antes no reparábamos (aquí algunas recomendaciones para cultivar el asombro sin salir de casa).

En años recientes, los huertos urbanos y caseros han tenido un auge importante y han ganado popularidad por distintas razones. Una de ellas es que la calidad de los alimentos —que pueden ir desde hortalizas, hierbas medicinales, frutas, vegetales y flores— es supervisada por quien las cultiva; otra razón es que esta actividad no implica la producción de basura. Existen innumerables razones para producir nuestros alimentos, pero es importante contemplar que una de las cosas que requiere un huerto casero es atención, tiempo y cuidados.

Finalmente, para quienes son padres, tener un huerto en casa también es una herramienta pedagógica para acercar a los pequeños al mundo natural y concientizarlos sobre los procesos que ocurren para que los alimentos lleguen hasta la mesa. Además, el cuidado de un huerto es una actividad sana que ofrece un sinnúmero de lecciones valiosas.

Tiempo en casa

A pesar de que las horas y horas que pasamos en casa podrían resultar cansadas, estos tiempos extraños son una oportunidad de introspección y, también, de recorrer nuestro hogar con nuevos ojos: revisitar nuestros libros, organizar nuestros armarios y otros espacios, meditar con regularidad (aquí algunas meditaciones guiadas), cuidar a nuestras plantas (esos seres que silenciosamente comparten el espacio con nosotros) y, por qué no, hacer una taxonomía íntima de los seres vivos que habitan nuestro hogar.

En estos espacios de tiempo dentro de un mismo espacio, también es posible hacer un pequeño huerto casero y atenderlo con el esmero que requiere. Una de sus muchas retribuciones es poder consumir aquello que nosotros mismos sembramos , y todo lo que esto implica.

Crecer nuestros propios alimentos

El mundo actual sería distinto si todos produjéramos los alimentos que consumimos, o al menos una parte de ellos. Quizá esa es la esencia del concepto de auto-sustentabilidad. Por un lado, en el caso de las frutas y verduras, esto implicaría alimentos más frescos y sanos, al tener el control del sustrato y los abonos que se usan, y así evitar sustancias tóxicas como pesticidas y otros químicos nocivos. Plantar  nuestros vegetales también reduce la producción de desechos o la contaminación que implica su transporte y distribución, además de que puede beneficiar a la economía familiar.

Pero producir nuestros propios alimentos también implica la posibilidad de entender los procesos que están detrás de ese momento en el que llevamos un alimento a nuestra boca: la siembra, el cuidado, el cultivo o la recolección, el transporte y su distribución —ser conscientes de todo esto podría darnos lecciones importantes sobre prácticas indeseables como la generación indiscriminada de desperdicios. Finalmente, los alimentos que comemos tienen un lado ritual, y reconocerlo es de vital importancia.

Pequeños milagros cotidianos

Una de las cosas más inspiradoras que trae consigo  hacer un huerto en casa, sin importar su tamaño, es el disfrute que implica algo tan simple e inadvertido, algo que sucede todo el tiempo a nuestro alrededor, como la germinación de la vida —y todas las reflexiones que eso puede generar. Como prueba de ello, este breve video muestra la humilde belleza de ver un frijol germinar.

Después de todo, el tiempo en aislamiento es una oportunidad perfecta para recuperar el asombro por los pequeños milagros que suceden a nuestro alrededor, en un ejercicio cercano a la meditación y el trabajo interior para estar en tiempo presente.

¿Qué necesito?

En realidad, hacer un huerto casero no requiere demasiado: un espacio soleado (un patio, azotea o espacio al aire libre es suficiente); también se necesitan macetas pequeñas para la germinación de las plántulas, contenedores más grandes para su crecimiento (pueden ser de madera, metal o plástico), sustrato y semillas de buena calidad… y por supuesto, cuidados.

La red está llena de tutoriales de cómo hacer un pequeño huerto casero que pueden adaptarse a  casi cualquier espacio y materiales disponibles (como este que contiene información básica para realizarlo, o este para hacer un huerto de un metro cuadrado, por ejemplo). También existe información útil sobre las necesidades de cada planta: con qué frecuencia regarlas, si necesitan sol, sombra o condiciones especiales. Los recipientes para las plantas pueden ser contenedores reciclados de toda clase —algo que además favorece el reúso.

El proyecto de hacer un huerto en casa puede ser una actividad nutritiva a muchos niveles, tanto si se hace individualmente, como si se hace en familia. Además de sus propiedades nutricionales, las plantas y sus procesos vitales tienen, como sabemos, el poder de darnos raíces y ponernos los pies en la tierra.

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