Prácticas ancestrales que iluminan el camino a la sostenibilidad

26 | 05 | 2022

Lecciones del pasado nos demuestran que buena parte del camino rumbo a un mundo en equilibrio, está marcado desde hace siglos.

La observación es una de las grandes virtudes heredadas por las sociedades del pasado. El hábito de observar el entorno y encontrar paralelismos con lo que miramos arriba y abajo constituyó, más allá de una práctica cotidiana, una filosofía de vida para trazar los caminos del verdadero progreso social. Fue así como culturas ancestrales, como las de México, fundaron sus grandes ciudades inteligentes, donde el desarrollo del medio ambiente y el buen vivir convivían en un solo espacio. 

Nubes, montañas, árboles; flores, maíz y maguey. Hormigas, luciérnagas, abejas, coyotes y jaguares. Agua, viento, luz del día. Espíritus naturales y guardianes de la vida. Cada detalle de nuestro entorno es vital y alberga un mundo. Esto y más significaba para las culturas ancestrales de Mesoamérica los recursos naturales que el entorno generosamente compartía con los seres humanos para facilitar su bienestar. De ahí que devolver a la tierra el alimento —la energía vital— fuese imprescindible mediante rituales, ofrendas y fiestas. 

Mirar atrás para avanzar hacia delante

Contrario al pensamiento actual, que desacraliza al mundo y lo fragmenta en fuerzas desasociadas, la sostenibilidad implica armonizar y unir los elementos que coexisten. Frente a los desafíos de una población en crecimiento, mayoritariamente urbana, pareciera que buena parte de las respuestas que como sociedad requerimos para sortear con éxito los retos que enfrentamos hoy, ya fueron cultivadas por nuestros ancestros.  Basta con voltear a ver nuestro pasado y traer sus frutos a nuestro presente, para así cimentar un mejor futuro.  

Tecnologías ancestrales para un futuro sostenible

En Mesoamérica, diversas culturas desarrollaron métodos y recursos para aprovechar de forma sostenible el entorno natural. Por ejemplo, los mayas destacaron por una cosmovisión práctica en completa armonía con el ambiente —prácticas, muchas de ellas, que se mantienen vigentes y cuya valoración promueve la organización Baktún Pueblo Maya

Colaboración comunitaria: el tequio o faena es, probablemente, un efectivo mecanismo de colaboración y fortalecimiento de vínculos comunitarios. Básicamente se trata de que los miembros de la comunidad colaboren en tareas que beneficiarán a una porción o a la totalidad de los integrantes de la misma.  

Urbanismo ecoamigable: pocos trazos urbanísticos han destacado más por su íntimo diálogo con el entorno y condiciones naturales que los de la gran capital mexica, Tenochtitlán. Atravesada por múltiples canales que la interconectaban intensamente, asegurando un flujo e intercambio permanentemente dinámicos, esta gran urbe tiene, sin duda, valiosas lecciones para nosotros. 

Policultivos: a diferencia de los monocultivos que la agroindustria procura en la actualidad, el sistema milpa —base del sustento alimenticio de Mesoamérica— cultivaba maíz, frijol, calabaza y chile, entre otros, asegurando así no solo una riquísima fuente nutricional, sino también tierras de cultivo más sanas y que no se desgastan con el paso de las cosechas. 

Huertos de traspatio: una huerta casera, particularmente popular entre los mayas, que garantiza parte de la autosuficiencia alimentaria del hogar, además de estrechar vínculos colaborativos entre quienes comparten un mismo techo.  

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