Qué es la empatía (y por qué es tan relevante)

14 | 08 | 2020

Una capacidad vital y una manera de transformar la colectividad humana…

Somos seres sociales, vivimos en grupos a los que llamamos familias, comunidades, pueblos, ciudades y naciones. La convivencia y la interacción social con nuestros semejantes son necesarias para sentirnos completos y desarrollarnos plenamente. También somos seres colectivos en más de un sentido y, desde esa cualidad, tendemos a procurar el bienestar de los demás. Esto se debe, en parte, a un instinto de sobrevivencia en nuestra especie, pero también a que todos los seres humanos tenemos, naturalmente, la capacidad de identificarnos con el sufrimiento de nuestro prójimo. Somos capaces de sentir empatía.

La palabra “empatía” deriva del griego empátheia, que originalmente significaba pasión, pero posteriormente fue utilizada para hablar de una dolencia o enfermedad. Fue a inicios del siglo XX cuando se comenzó a usar para nombrar la capacidad cognitiva y emocional que tenemos para comprender el universo interior de otros. La empatía se edifica sobre el profundo conocimiento o conciencia de los sentimientos propios: mientras más abiertos estamos a nuestras emociones, más lo estaremos a los sentimientos de los demás. El entendimiento, la compenetración y el interés por alguien más surgen de una sintonía emocional; eso es la empatía.

Según diversos estudios, esta capacidad se comienza a desarrollar desde la infancia. Es por esta razón que los niños, prácticamente desde que son recién nacidos, se sienten afectados y perturbados al escuchar el llanto de otro bebé. Esto muestra que existe una preocupación solidaria, incluso antes de tener conciencia plena de nuestra propia individualidad.

Desarrollar la empatía es un proceso diario y vital. Éste implica reconocer nuestros sentimientos y trabajar paralelamente en nosotros mismos, para así poder establecer un puente de comprensión entre lo que pasa dentro de nosotros y lo que pasa dentro de otros —una especie de espejo emotivo. Si bien es cierto que somos seres empáticos, la ausencia de esta capacidad existe, y normalmente acarrea diversos problemas en los individuos como, por ejemplo, la incapacidad de relacionarse sanamente con su entorno. Un individuo sin empatía rara vez está en contacto consigo mismo.

El distanciamiento social que vivimos desde hace algunos meses tiene el maravilloso potencial de permitirnos entrar en estados empáticos constantes y profundos; hemos estado en permanente contacto con nuestro ser interno, hemos sido invitados a escucharnos sin distracciones. Al principio y por falta de costumbre, fue una sensación súbita y vertiginosa, pero se trata de una oportunidad única para alimentar la relación con nosotros mismos y nuestros sentimientos. Además, este ejercicio impuesto ha permitido reflejarnos e identificarnos con las situaciones por las que están pasando otros, en medio de esta crisis mundial.

El poder de la empatía radica en que no es necesario conocer a las personas para “ponernos en sus zapatos”; se trata de un gesto de generosidad desinteresada. Sin saberlo, hemos asistido a un seminario sobre nosotros mismos, celebrado en nuestro propio hogar. Las lecciones aprendidas nos acompañarán y auxiliarán por el resto de nuestras vidas. La empatía nos impulsa a construir colectivamente y nos ayuda a hacerlo a través de la imaginación y el respeto, bajo la guía de una comprensión profunda de las personas y el complejo mundo que habitamos.

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