Retorno a la presencialidad: Mediadores y Promotores Culturales

09 | 06 | 2022

Los mediadores culturales vivieron sesiones con líderes de Baktún para reconocer la forma específica que toman los principios pedagógicos ‘dia’ en las interacciones presenciales.

El pasado 1 de abril, el equipo de Baktún Pueblo Maya salió de Mérida a las seis y media de la mañana y se enfiló al sureste por el último tramo de la carretera Costera del Golfo. En la camioneta viajaban once personas, entre mediadores, coaches de campo y líderes educativos. Alcanzar la desviación a la Muna-Carrillo les tomó menos tiempo del que predijo el navegador, y llegaron a su destino antes de la cita: tras dos horas de camino vertical, giraron a la derecha en el recodo del kilómetro 137, en la frontera que separa La Presumida de la cabecera del municipio, y atravesaron ese arco desencajado que prologa el camino terroso al campus central de la UIMQROO.

Allí se dividieron en tres grupos de trabajo: uno, encabezado por el mediador José Manuel Gómez, instaló un toldo en el patio trasero del campus para la muestra al aire libre; otro se reunió en una de las aulas de la universidad con Cecilia Ramírez, también mediadora de Baktún, para preparar la sesión cerrada; el último dispuso un salón más grande, donde se inauguró el encuentro y el equipo completo coordinó el primer ejercicio de activación, presentó la agenda del día y evocó el motivo del encuentro: modelar sesiones que ejemplificaran la forma en la que los principios pedagógicos se adaptan a la enseñanza no digital, para facilitar así el tránsito “de lo virtual a la presencialidad” en el ejercicio de la mediación dia, como resumió Susana Cavazos, directora de la iniciativa.

Evolución, adaptación y azar

Para modelar esta adaptación de los principios pedagógicos a la educación presencial, los mediadores asistieron a dos sesiones consecutivas de la unidad “Creación de espacios de diálogo” del Programa de Liderazgo Juvenil diseñado por Baktún: tomaron una en el salón pequeño y la otra bajo el toldo en el patio central. Para ello, se dividieron en dos grupos: el mecanismo de decisión para seccionar a los asistentes fue una actividad llamada “Evolución”.

Como en su contraparte darwiniana, en esta versión hay una pelea por la supervivencia. La fuerza de cambio no es precisamente la selección natural, pero aún interviene el azar; no implica la adaptación a un medio hostil, pero también se trata de una lucha; la involución es una posibilidad, aunque no fatal: en este juego, un huevo se convierte en dinosaurio, un dinosaurio en una gallina, una gallina en un mono y, finalmente, un mono en un ser humano tras vencer en el piedra, papel o tijera.

Las victorias son el principio de la evolución; las derrotas provocan un retroceso en la cadena. En cada duelo, los participantes tienen que interpretar el eslabón evolutivo que han alcanzado hasta ese momento: antes de la lucha rugen, cacarean, chillan y se parten la cabeza imaginando cómo interpretar a un huevo. Pero cuando alguien alcanza la etapa humana, no debe quejarse del tráfico ni decir “yo”, sino enumerarse en voz alta: evidentemente, el primero que lo hace tiene el número 1, a él le sigue el 2, y así sucesivamente.

Los humanos pares tomaron la primera sesión en el salón; los nones lo hicieron en el espacio abierto. En la segunda sesión intercambiaron las ubicaciones.

Orientación en espacios cerrados

Esta sesión inició con una recapitulación del significado de las siglas dia (Desarrollo de la Inteligencia a través del Arte) y la construcción colectiva de los acuerdos de convivencia. Tras esto, los asistentes rememoraron los cinco principios de la mediación (orientar, motivar, generar, rescatar y cerrar y trascender), y se concentraron en el primero. Cecilia Ramírez lo presentó de esta manera: este principio “busca plantear objetivos claros y centrar nuestra atención en el aquí y el ahora para dar sentido y dirección a nuestras acciones e interacciones durante el proceso de aprendizaje. Se prepara el ambiente y a los participantes para aprovechar la sesión”.

En seguida, los jóvenes hicieron pequeños ejercicios de respiración antes de que les revelaran el vehículo de la sesión: una fotografía de Ken Doman titulada El Sr. y la Sra. Katani: dos que han sufrido por la guerra, en la que una pareja de adultos sostiene en brazos a un bebé risueño y se carcajea con él. La imagen fue el germen de un diálogo en torno a la familia: los muchachos hablaron principalmente del sentido de unión familiar, la forma especial de contención que una familia le proporciona a sus integrantes y la convivencia constante entre los miembros de un núcleo. Al finalizar, los mediadores definieron con una palabra sus concepciones personales sobre la familia; las hojas en las que plasmaron sus ideas formaron después un mural en el pizarrón del aula.

En este punto, la reflexión se redirigió a la forma específica en la que se desarrolló el principio Orientación que dio paso al anterior diálogo. Los jóvenes advirtieron que este principio permite establecer un ambiente adecuado para el flujo de ideas, preparar los materiales de apoyo, encauzar la convivencia armónica y ordenar el desarrollo temporal de la sesión. En equipos, discutieron con más detalle los rasgos que definen este momento inaugural de la práctica pedagógica dia, y enumeraron los usos de los ejercicios de orientación: fomentar la convivencia, relajar a los participantes, activar los sentidos y reenfocar la atención.

Pequeña lección de vuelo

“Hoy va a volar todo”, advirtió el mediador José Manuel al principio de su primera sesión, cuando uno de los asistentes rescató una hoja que salió disparada por el vendaval que hacía aquella mañana. “Bienvenidos al espacio del aire. Aquí van a volar las hojas, nuestro cabello y las ideas”.

Los mediadores conocen bien los caprichos de la brisa peninsular: muchos de ellos a menudo organizan sus sesiones a la sombra de almendros y zapotes, o en palapas. Pero muy pocos habían aprehendido hasta entonces la forma especial de la mutabilidad del viento que permite un vuelo sano en la mediación: una pedagogía provechosa despega como un ave cuando es imperturbable y tenaz a la vez que graciosa y versátil, pero se evapora y se disuelve en la atmósfera si no contiene su rigidez. La sesión al aire libre inició con esa reflexión: la mediación aprovecha el aire para soltar la imaginación, pero sigue un puñado de principios para evitar las turbulencias del vuelo.

Generar espacios abiertos

El arte de preguntar es uno de los pilares de la metodología pedagógica dia. Tiene una aparición temprana en el desarrollo de una sesión: después del reconocimiento del lugar y el tiempo presente, la preparación de los materiales y la identificación del rumbo que tomará la mediación, el educador debe encontrar herramientas para incitar tanto un interés sólido por el tema como la participación activa de todos los que compartan el espacio educativo. La pregunta es la pista de despegue de la metodología dia, es la médula del principio Generar.

El fin de una buena pregunta pedagógica no es tanto una respuesta, sino la generación orgánica de más preguntas que favorezcan un diálogo. Ese es el espíritu que animó la actividad de orientación que implementó el mediador José Manuel para comenzar su sesión: en “preguntados” los participantes se hacen entre sí preguntas que se contestan con otras preguntas, y pierden quienes responden sentencias concretas. Este ejercicio sirvió para resaltar el poder provocador de las preguntas en la mediación y la raíz de una buena práctica pedagógica: al igual que en este juego, la pregunta exige una escucha atenta, pues su inercia fácilmente nos lleva a olvidar la instrucción que debe guiar la respuesta. En el caso del juego, ignorar este principio puede hacer que respondamos con una aseveración, y no con otra pregunta; en el de la mediación, que provoquemos un desvío del diálogo propuesto.

Para cerrar esta sesión, los universitarios distinguieron las preguntas básicas de las complementarias en la pedagogía dia, e identificaron sus usos: explorar, definir palabras, construir narraciones, indagar experiencias y, en resumen, “visibilizar nuevas posibilidades”. Luego se reunieron en equipos para escribir una serie de preguntas de mediación sobre un puñado de obras de arte.

Taller de prácticas y tendedero de conocimientos

El encuentro terminó con un taller de implementación, en el que los jóvenes recordaron los elementos que conforman el modelo dia, recibieron el Manualito de implementación —una guía que enumera las acciones que deben realizarse antes, durante y después de una sesión— y conocieron las siguientes actividades del curso: un encuentro intercomunitario (12 y 13 de mayo) y la nueva sesión, que tendrá lugar el 29 de mayo. Tras esto, realizaron un ejercicio de agradecimiento por el espacio compartido, y en seguida escribieron fichas que conformaron un tendedero de descubrimientos; en ellos nombraron su hallazgo más valioso, su mayor aprendizaje y sus dudas sobre lo que sucedió en el encuentro.

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