Sharjah: sus libros, sus perlas y el mar

17 | 11 | 2022

En esta entrada, presentaremos una pequeña estampa histórica de Sharjah, la capital cultural de los EAU y país invitado de la FIL Guadalajara 2022.

Los persas lo conocían como el país de Julfar, por la cercanía de otro cabo que así habían llamado antes. Los “otros árabes” —ese fue el mote que Carsten Niehbur les inventó al paso en su Viaje por Arabia— que allí vivían y navegaban con sus cargamentos de café y perlas, la conocían con otro nombre, aproximativo como el primero pero justificado esta vez por la sinécdoque, y no por la indefinición geográfica: aquel era para ellos el señorío de Seer, como uno de los poblados barqueros que prosperaban en ese litoral de tierras estériles que se extiende como una alfombra en la costa sur del Golfo Persa, y que corre de las antiguas tierras de Musandam, en el cabo omaní que penetra en el estrecho de Ormuz al sudeste de la península, hasta la meseta de Néyed, en el interior inhóspito de Arabia.

Los europeos aljamiados aprendieron a llamarla como los persas porque ese nombre les sabía más redondo que el otro, y porque no conocían con exactitud cómo era aquel páramo y dónde se trazaban sus fronteras, pues solo habían visto sus bordes por la imagen mugrienta que se enmarcaba en el catalejo, y creían que era una isla y no sabían nada de sus interiores ni de sus perfumes ni de sus arrebatos. Pero después supieron del provecho naval y comercial que podrían sacar del estrecho que la rodea —esa escarpada puerta que dirige al gran salón del golfo arábigo—, de su café y sus especias, de su azúcar y sus telas, del banco de perlas que comparten Catar, Sharjah y la isla de Halul, y de la guerra que el clan reinante de los qawasim o joasmee (conocida hoy por su continuidad en el linaje Al Qasimi) sostenían con los omanís y de las alianzas que habían pactado con los señoríos vecinos para resistir al yugo de Mascate, y le inventaron un nuevo nombre.

Supieron de todo eso con los años, tras sus incursiones imperiales, y de pronto allí ya no fue más Julfar ni Seer ni la tierra de los otros árabes que odiaban hacer la guerra en el agua, sino de “inhumanos depredadores” del mar que se abandonaban al robo y al homicidio, y que tenían razones devotas para justificar su sistema bárbaro. Así lo aseguraba Sir John Malcolm, administrador de la East Indian Trade Company, por ejemplo, quien por un lado dijo que su esclavo persa contaba que los qawasim, raza “demoníaca, nacida de un monstruo”, sabían que el Corán sí que prohíbe despojar a los vivos de sus pertenencias, pero que ninguno de sus pasajes impide arrebatarles a los muertos todo lo que ya no habrán de usar en el otro mundo, y, por el otro, que estas eran las últimas razones que escuchaban los prisioneros de esos piratas antes de recibir un golpe firme en el cráneo. Todo esto lo supieron los navegantes extranjeros del estrecho —hay gente que prefiere decir que lo inventaron—, y esa región se transformó de pronto en la Costa Pirata para todo el mundo imperial británico, y el nombre del clan que reinaba en la región se volvió el sinónimo de la piratería arábiga.

Desde entonces, allí las cosas se han mantenido casi heterogéneas en su terquedad histórica. Ya no existen los persas ni la EIC, y Julfar no es más la Costa Pirata —ahora forma parte de Ras al Jaima, uno de los Emiratos federados— pero en el lugar aún habitan árabes de la costa que no quieren separarse de otras gentes que comen, visten y sueñan como ellos. Allá, el tiempo ya no parece estancado en el suspiro de un pasado unánime, como hecho de arena o de los vastos mares que bordean la península, y sus límites ya son más precisos y palmarios que hace cuatrocientos años —ahora, la región es una y son siete—, pero la estela de su pasado independentista no deja de condicionar la urdimbre de su presente gregario. Su alteza sheikh Sultan bin Muhammad bin Saqr bin Khalid bin Sultan bin Saqr bin Rashid Al Qasimi todavía rige el principado en nombre de su clan, pero ya no le hace la guerra al sultán omaní. Y Sharjah está erguido, pero ya no es cuna de piratas: se acabaron allí los movimientos convulsos y las condiciones diversificadas que germinaron los cuentos de sus mercenarios.

Estas son las fibras que han tejido el gran telar del Sharjah contemporáneo y de los Emiratos que reemplazaron al antiguo señorío de Julfar: la prosperidad comercial de los otros árabes —los cafetaleros y perleros—, la sombra de la piratería que ennegrece la historia naval que se desplegó en su golfo, el régimen permanente del clan Al Qasimi, los despojos del otro imperio, el agobio de un pasado que insiste en prolongar sus turbulencias atávicas, y una oscilación constante entre la refutación de las imposiciones advenedizas y la apertura a la misma fuente de ese órden.

Entre libros y piratas

Él dijo: sé de esa vela. La conozco desde que éramos jóvenes. Para tener libros, tomaste tu daga dorada —aún no habíamos cumplido 12 años— y la empeñaste. ¿No es cierto? Le dije: Así sucedió. Y todos mis hermanos tenían una daga dorada. ¿Dónde las tienen ellos? Yo guardo el valor de la mía en mi pecho: la ciencia y el conocimiento. (Sultan Al Qasimi, emir reinante de Sharjah)

Ahora, en ese lugar que nadie podía nombrar correctamente hay tantos libros como antes había perlas. La industria editorial en Sharjah, y en el resto de los Emiratos Árabes Unidos, es una de las más sólidas en el mundo en la actualidad. Tanto así que, en ese país, desde hace 40 años tiene lugar la Feria Internacional del Libro de Sharjah (SIBF, por sus siglas en inglés). Instaurada por el emir, actualmente es una de las ferias librescas más grandes en el mundo, por el número de editores, agentes literarios, escritores y lectores que congrega.

A esta feria la auspicia la Autoridad del Libro de Sharjah, una institución gubernamental que se encarga de cultivar la pasión por los libros en ese país y en el resto del mundo a través de festivales, ferias e inversiones en la industria editorial. De este afán libresco nació hace unos pocos años la Sharjah Publishing City Free Zone (SPCFZ), una zona franca que alberga más de 600 oficinas dedicadas al trabajo editorial, donde los profesionales pueden encontrarse para trabajar en conjunto y cerrar tratos, o acceder a un sofisticado servicio de impresión, con la capacidad de producir hasta diez mil ejemplares en 24 horas.

Por esta importante labor de promoción del libro, Sharjah fue declarada la Capital Cultural del mundo árabe en 2014 y Capital Mundial del Libro en 2019. Este año será el país invitado de la FIL Guadalajara, donde organizará un puñado de actividades centradas en la promoción de la cultura y la literatura árabes en los países hispanohablantes, como las siguientes:

  • La presentación del Diccionario Histórico de la Lengua Árabe.
  • Lectura de poesía en voz alta.
  • Mesa de diálogo sobre las relaciones diplomáticas entre los EAU y México.
  • Conferencia sobre la influencia del árabe en la lengua española.
  • La proyección de una película histórica que escribió el propio emir de Sharjah.

Para saber más sobre la oferta literaria y cultural de este país en la feria, visita este enlace: https://www.fil.com.mx/prog/indice.asp

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La Vaca Independiente también estará presente en la FIL Guadalajara 2022. Podrás encontrar nuestros libros en los stands de El Sótano y Gonvill Librerías. Si deseas contactarnos para reunirte con nuestro equipo, recibir información sobre nuestro catálogo o saludarnos, puedes escribirnos a los correos rocio@lavaca.edu.mx o salvador@lavaca.edu.mx, o visitar nuestras redes sociales, @lavacaindependiente (tenemos el mismo usuario en todas ellas). Nos dará mucho gusto saber de ti y encontrarte en la celebración del libro más importante del país.

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