Sobre la neuroplasticidad y sus posibilidades

30 | 09 | 2020

Al igual que el mundo que habitamos, nuestro cerebro está en constante cambio. Su capacidad de transformación es un fenómeno fascinante y lleno de posibilidades.

Nuestro cerebro se moldea a partir de nuestras experiencias. Se trata de una máquina perfectamente flexible y sensible a todo lo que nos rodea —ahí radica su misteriosa belleza. La mayoría de nosotros reaccionamos y pensamos distinto de como lo hacíamos hace 10 o 20 años, ¿no es así? Eso sucede por una cualidad de nuestro cerebro llamada neuroplasticidad.

La estructura y funcionamiento —dicho de otra forma, los circuitos neuronales— de nuestro cerebro surgen a partir de lo que sucede alrededor de nosotros. Así como los demás seres vivos del planeta tienen una capacidad de adaptación, nuestro cerebro tiene la misma posibilidad, una que también es producto del aprendizaje. A partir de la repetición de sentimientos o pensamientos, nuestro cerebro desarrolla un patrón que es capaz de crear un circuito neuronal nuevo; mientras más veces tengamos una misma reacción ante un estímulo específico, ese circuito se refuerza.

Pero además de todo eso, cada nuevo pensamiento o reacción es el inicio de un nuevo circuito —una nueva forma de ser, podría decirse. Estos cambios, si existen con la frecuencia necesaria, llevan a modificaciones en el funcionamiento del cerebro humano, en términos orgánicos.

Podríamos decir que la neuroplasticidad es la posibilidad del cerebro que construye nuevos “músculos mentales”. Como sucede cuando ejercitamos una parte de nuestro cuerpo, los circuitos que se refuerzan, se fortalecen y los que dejamos de usar, se debilitan hasta el punto de desaparecer. Así, con el tiempo, hay circuitos que se consolidan al grado de volverse automáticos; se convierten así en una parte de nosotros. Literalmente, nos convertimos en lo que pensamos y hacemos.

Las posibilidades de la neuroplasticidad están disponibles durante toda la vida de una persona: las conexiones dentro de nuestro cerebro están desapareciendo o creándose y reforzándose constantemente. Pero es cierto que entre más joven es una persona, estos cambios suceden más a menudo y, por lo tanto, de manera más fácil; su cerebro tiene una mayor plasticidad. Por otro lado, es sabido que entre más grande sea una persona, el cambio es más difícil, el cerebro pierde su maleabilidad y es más difícil cambiar nuestras formas de pensar, aprender y percibir la realidad.

La Dra. Celeste Campbell, neuropsicóloga del Centro Médico de Veteranos en Washington, Estados Unidos, define la neuroplasticidad de esta manera:

Se refiere a los cambios fisiológicos en el cerebro que suceden como resultado de nuestras interacciones con nuestro medio ambiente. Desde el momento en el que el cerebro comienza a desarrollarse dentro del útero materno hasta el día que morimos, las conexiones de las células en el cerebro se reorganizan en respuesta a nuestras necesidades cambiantes. Este proceso dinámico nos permite aprender de y adaptarnos a distintas experiencias.

Este video de Ted Talks lo explica de una manera gráfica y sencilla:

El cerebro es el órgano protagonista dentro de lo que hacemos y pensamos, dentro de cómo vivimos nuestra vida —y el cambio es la única constante en nuestra existencia. Conviene, por eso, no perder dicha plasticidad. A través de la práctica constante, nuestro cerebro puede mantener esa importante capacidad de transformación, y una de las formas de hacerlo es mantener sano el organismo a través de una buena alimentación, el ejercicio físico e, incluso, la meditación.

Quienes practican y promueven la meditación —por ejemplo, la práctica de la atención plena o mindfulness (como lo son los creadores del proyecto Global Intention)— sostienen que la meditación es capaz de transformar el cerebro a un nivel fisiológico, y es cierto. De hecho, las transformaciones que esta práctica genera afectan de manera positiva, precisamente, la neuroplasticidad cerebral. La práctica de la meditación reconfigura la organización cerebral a través de la transmutación de sentimientos negativos o dañinos, en otros más placenteros o aceptables. Mientras más enseñemos a nuestro cerebro a desenvolverse en sentimientos y sensaciones de calma, compasión y atención en el momento presente, más fácil será hacerlo, porque los circuitos cerebrales para llegar a dichos estados están siendo creados y reforzados.

Conocer la existencia de la neuroplasticidad que tiene nuestro cerebro es crucial, porque de ella depende nuestra capacidad de aprendizaje y adaptación —además de que su mera existencia es, ya por sí misma, fascinante. Pero no sólo eso, el estudio de esta característica del cerebro humano es una herramienta importante en el tratamiento de problemas de aprendizaje, estrés post-traumático, ansiedad e incluso depresión en distintos grados. Por todas estas razones, conocer esta capacidad que nos ha sido regalada es de vital importancia, así como lo es cuidarla.

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