Todos somos artistas

23 | 02 | 2021

Joseph Beuys concibió la cocina y la preparación de alimentos como una manera de invitar a todos a convertirse en artistas.

“Aquí es donde todo comienza… comienza con la ensalada que comemos”, reparó en alguna ocasión Joseph Beuys (Krefeld, 1921; Düsseldorf, 1986).

De izquierda a derecha, Brigitte Schenk, Joseph Beuys y Johannes Stüttgen.

En 1945, Beuys había regresado a casa, en Krefeld, luego de la Segunda Guerra Mundial.  Fue entonces cuando abandonó cualquier intención que pudo haber tenido de dedicarse a una carrera enfocada en la medicina para inscribirse en la Academia de Arte de Düsseldorf y estudiar escultura. Düsseldorf se había convertido en un centro importante para el arte contemporáneo y Beuys se identificó con el movimiento del grupo Fluxus que, entre otros intereses, enfatizaba el uso del performance como una práctica artística fundamental para el desarrollo de sus inquietudes. Para Beuys, el performance representó una posibilidad de activar sus ideas directamente en y con la sociedad.

Desde la década de los setenta el artista de origen alemán había aparecido ya en un programa televisivo cocinando y buscando también, desde lo artístico, sintonizar esta estrategia a la naturaleza y al medio ambiente. Como posicionamiento activo y central para la noción expandida de arte que comprometidamente impulsó Beuys en la ampliación del arte a la vida, dicho espacio resultaba idóneo para manifestar una de las ideas más revolucionarias de su filosofía artística: reinterpretar la cocina casera y la preparación de los alimentos propios y cotidianos como una manera de invitar a todos a convertirse en artistas.

Hoy, cuando hablamos de un arte vinculado a la naturaleza y al medio ambiente, es probable que los referentes más inmediatos que nos vengan a la mente tengan que ver con ejemplos vinculados al land art u otros trabajos que integran un contexto natural como obras de arte de sitio específico. Por otro lado, en tiempos más recientes se ha tornado común escuchar en programas de cocina o en publicaciones de fotos atractivas de platillos culinarios sofisticados, que la comida que compramos, preparamos y comemos, afecta el recorrido de la cadena global de alimentación de forma determinante.

Dimitry Vechorko

Mientras tanto, y también al día de hoy (al menos esa sensación resuena), el concepto expandido de arte vinculado a la comida cotidiana de Joseph Beuys, a pesar de abordar las implicaciones e impactos de la labor de cocinar con cuestiones ambientales y representar en ese sentido una aportación significativa del artista —incluso como pionero en utilizar la televisión para cocinar—, ha sido poco comentada. En un intento específico por subrayar algunos momentos y cuestionamientos particulares en torno a la energía que a este tema dedicó Beuys, recordemos…

Era 1977, año en que también se llevaba a cabo la exposición internacional Documenta 6, en Kassel. En ese momento, Beuys llevó a cabo un performance en el que se dispuso a plantar papas en un jardín que se encontraba frente a una galería en Berlín. Con una mochila en los hombros, se convirtió por unas horas en un agricultor cultivando la tierra. Dicho acto representaba una vía para reclamar el control de su propia vida y asegurar simbólicamente la producción de sus alimentos al subvertir la producción masiva a una categoría de calidad inferior en comparación con otros productos. Una de las preguntas que incitaba por medio de esta acción dirigida a los transeúntes casuales era: ¿se pueden plantear cambios reales desde la producción agricultora en nuestros patrones de consumo y en la forma en la que comemos?

De manera semejante a la de un manifiesto, Beuys respondería a dicha pregunta planteando que los cambios reales debían darse desde la cocina cotidiana. El arte, vinculado a la cocina que destacaba Beuys, planteaba un espacio social compartido que podía ser considerado como un campo al cual todos los individuos podríamos contribuir como sujetos autónomos y desde nuestra cotidianidad. Si bien la forma en la que comemos representa uno de los factores más poderosos en la relación e interacción de la humanidad con lo natural, la filosofía de los alimentos es central a una conversación sobre la ética ambiental y que forma parte de nuestra vida diaria. Precisamente en este punto Beuys plantearía la siguiente pregunta: ¿cómo alimentarse de manera que esa forma de comer sea benéfica para el futuro de la humanidad y del planeta que habitamos?

Así pues, el artista optó por enfocar la atención pública tanto a la labor agricultora como a la necesidad de aplicar un pensamiento pro-ambientalista a la producción de alimentos. Aquí, volvemos al performance de una actividad que lejos de lo espectacular, implicó su aparición en televisión pelando papas y preparando lo que resultaría en una sopa que se sirvió como alimento del día, viviendo el arte como una actividad mundana.

Benjamin Faust

Fuera de cámara —se divulga en la biografía de Beuys— uno de los platillos que más disfrutaba preparar para sus amigos en su estudio era uno hecho a base de carne y vegetales. Comenzaba por mezclar ambos ingredientes en una olla de presión junto a cebolla en rodajas gruesas, manteca de cerdo, un par de dientes de ajo, dos cucharadas de mantequilla y varios pedazos grandes de papa. Al final de la cocción en agua añadía distintas especies como romero, tomillo, salvia, un poco de sal y pimienta y bastante pimiento picante. En ocasiones, agregaba dos tazas de vino tinto a la mezcla para continuar cociendo a fuego lento. El aroma invadía el taller de trabajo y, en ese momento, Beuys comenzaba a alistar lentamente la mesa para sus amigos o visitas.

Si bien Joseph Beuys no ha sido el primero ni el único en subrayar que la preparación de alimentos ofrece una entrada reconocible a un tipo de actividad genuinamente ordinaria y creativa que nos dirige francamente hacia una experiencia compartida —grata de degustar  y que se cultiva día con día en la vida—, sí fue un precursor de la práctica de la buena cocina ética que artísticamente dignifique dicha forma de alimentarse como una manera de comer a favor de una buena vida.

El acto de cocinar como performance o happening artístico suponía —desde Beuys— sobrepasar la noción de la alta cocina para contemplar que también aquella cocina estética posible gracias a la libertad de la creatividad en la vida diaria, podría ser apreciada a partir  de un valor cultural significativo y relevante, además de estar económicamente al alcance de todos: desde una ensalada.

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