Recuperando el trueque: economías colaborativas en tiempos de crisis

14 | 08 | 2020

Recurrir a las buenas costumbres de nuestros ancestros podría mejorar nuestras vidas en el presente.

Históricamente, la economía ha cultivado el afán de competencia. Este fenómeno tiene como resultado un desequilibrio en la distribución de riqueza que sólo podría ser balanceado por un enfoque realmente humanista y mucho más solidario. Los tiempos de crisis —como este que hoy experimentamos en todo el mundo— sugieren que nuestras relaciones económicas deben volverse mucho más colaborativas.

Esto implicaría, en primer lugar, comprender que la abundancia es una meta colectiva y no una búsqueda individual; de manera que mejorar nuestra propia vida, debería tener como consecuencia el bienestar de quienes nos rodean. 

Podemos comenzar por recordar que los intercambios económicos no siempre fueron iguales. Aunque damos por hecho los sistemas que hoy pone en práctica nuestra sociedad, nuestros ancestros tenían otras formas de relacionarse e intercambiar bienes. El trueque, uno de los ejercicios comerciales más antiguos, podría estimular este balance que las economías basadas en la competencia han dislocado.

El trueque: la base de la economía en el México antiguo

Gracias a diferentes cronistas —como el fraile dominico Diego Durán— sabemos que el trueque era una práctica común en el territorio que hoy es México, probablemente desde mucho antes que la Conquista. 

Los mercados o “tianguis” prehispánicos eran vibrantes centros culturales donde las personas intercambiaban toda clase de productos: maíz, cacao, hortalizas, herramientas, joyas, plumas, tejidos, piedras preciosas. 

Aunque ya existían algunas “monedas” (como el cacao), el trueque era la forma más común de comerciar y los valores, probablemente, tenían un carácter simbólico: uno dejaba ir lo que no le hacía falta por algo que realmente necesitaba. Las primeras economías en el territorio eran pragmáticas y, de alguna manera, buscaban cierto equilibrio entre los que trocaban. 

Además, el trueque era una forma de relacionarse. Según el antropólogo Kenneth G. Hirth: “Además de sus funciones económicas, el mercado fue también el centro de reunión informal en la sociedad prehispánica. Ahí la gente veía a los viejos amigos, hacía nuevos e interactuaba con forasteros de tierras lejanas; convivía, intercambiaba chismes y se enteraba de las últimas noticias que circulaban de boca en boca.”

La economía guardaba un componente vital: era una actividad comunitaria; además, aunque tuviera una veta simbólica, solía ser mucho menos abstracta que en el presente: los mercados como los de Tlatelolco, Texcoco y Tenochtitlán eran auténticos puntos de encuentro. Escribe la investigadora Pascale Villegas

Una de las constantes en los escritos de los primeros conquistadores que visitaron México-Tenochtitlan guiados por Moctecuzoma y los suyos, fue la admiración que sintieron cuando a la vuelta de una de las calzadas toparon con la gran plaza del mercado de Tlatelolco. Cortés y el Conquistador Anónimo […] no esconden en sus escritos su estupefacción, se quedaron boquiabiertos ante el número incalculable de personas reunidas. Los primeros testigos oculares avanzan la cifra de entre 40,000 y 60,000 personas.

El trueque contemporáneo

Hay tianguis prehispánicos que siguen existiendo y funcionando en nuestro tiempo. Además, en algunos de ellos se continúa practicando el trueque. Uno de estos sitios es el mercado tradicional de Zacualpan de Amilpas, en Morelos. Este pequeño pueblo mantiene un mercado que probablemente surgió entre los años 700 y 1000 ANE. 

En este mercado se intercambian frutas, verduras, alfarería, herramientas, plantas, dulces típicos, cecina, lácteos, semillas, ropa, entre otras cosas. El tianguis es el centro de la vida social en Zacualpan; donde sus habitantes cultivan mucho más que un proceso económico. 

Un ejemplo mucho más contemporáneo es el mercado de trueque de la CDMX. Se trata de un proyecto ecológico donde la idea es incentivar el reciclaje de residuos sólidos, especialmente el plástico. Normalmente, el mercado va rotando por distintos puntos de la ciudad y los asistentes intercambian algunos residuos inorgánicos (como el PET, el cartón y las latas de aluminio) por productos agrícolas locales (como plantas, dulces de amaranto y conservas).

Por otro lado, el trueque es una práctica que está resurgiendo para afrontar la crisis presente. Un ejemplo interesante es la propuesta de esta pareja de mexicanos en Los Ángeles, California. Ellos intercambian los productos de su huerta por otros alimentos que ofrecen sus vecinos; se trata de una red de trueque en el barrio. 

¿Cómo practicar el trueque en tu vida cotidiana?

  1. Identifica el producto que puedes intercambiar. Piensa ¿qué produces y qué te sobra? Recuerda que también puedes trocar servicios.
  2. Hazlo casual. Comienza por generar intercambios casuales con la gente que te rodea; para integrar poco a poco esta práctica a tu vida.
  3. Recuerda intercambiar sin pensar en un valor específico de referencia: concéntrate en tus necesidades reales y las del otro; haz del trueque un acto solidario.
  4. Comienza una red de trueque. Cuando sientas que es posible, puedes incentivar redes de trueque con tus vecinos, familia y amigos o incluso expandir tus horizontes aprovechando las redes sociales.

Busca más maneras de vivir sin comprar y tener más productos que intercambiar. Si tienes una pequeña huerta, trata de hacerla más grande. Construye más cosas. Cocina tus propios alimentos. Así nace la resiliencia que caracterizó a nuestros antepasados.

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