Una celebración a los árboles (a través de la poesía)

20 | 05 | 2021

El poeta Dylan Thomas escribió un homenaje en verso a los árboles: un recordatorio de nuestro verdadero tamaño.

Un poema y un árbol: la combinación es recurrente y muchas veces afortunada, pero no siempre alcanza la belleza, verbal y simbólica, que toca el poema de Dylan Thomas Siendo tan solo hombres (Being but men). Y es que los árboles son seres que, de forma inadvertida, son capaces de darnos numerosas lecciones sobre la vida y el tiempo (como bien lo supo Hermann Hesse), y cuando estos son vistos de manera profunda —por ejemplo, a través de la poesía— se convierten en espejos que nos permiten percibir el mundo de maneras más lúcidas.

Dylan Thomas fue un poeta reconocido, sobre todo, por sus composiciones melódicas, eufóricas y llenas de sentimiento. Nacido en Gales en 1914, tocó con el lenguaje temas religiosos y espirituales de una forma única; fue un explorador del alma, de la vida y la muerte. Uno de sus poemas más reconocidos, Fern Hill, habla de las dichas del contacto con la naturaleza, al describir sus experiencias infantiles en la casa de campo de su familia materna en el sur galés; la pieza también descubre la conexión íntima que el poeta tuvo con el mundo natural.

Siendo tan solo hombres fue escrito en 1939 cuando Thomas tenía tan solo 25 años —era claro desde entonces que poseía una sensibilidad y una habilidad poética notables. En esta pieza, los árboles hablan a los hombres sobre lo que es ser un humano, sobre el tiempo y sobre la edad. También son una referencia de tamaño, de nuestra sensible pequeñez e infinita fragilidad, y de nuestra conexión con el universo, sea esta reflejada por un árbol o por el cosmos.

Así, el poema sitúa a los árboles como atalayas que, desde una  altura tan física como espiritual, permiten a los hombres observar las estrellas: uno de los actos más humanos, profundos y espirituales a los que podemos aspirar: “la meta y el fin”, en palabras del poeta.

Being but men

Being but men, we walked into the trees

Afraid, letting our syllables be soft

For fear of waking the rooks,

For fear of coming

Noiselessly into a world of wings and cries.

If we were children we might climb,

Catch the rooks sleeping, and break no twig,

And, after the soft ascent,

Thrust out our heads above the branches

To wonder at the unfailing stars.

Out of confusion, as the way is,

And the wonder, that man knows,

Out of the chaos would come bliss.

That, then, is loveliness, we said,

Children in wonder watching the stars,

Is the aim and the end.

Being but men, we walked into the trees.

* * *

Siendo tan solo hombres

Siendo tan solo hombres, entramos en los árboles

temerosos, dejando a nuestras sílabas ser suaves

por miedo a despertar a los grajos,

por miedo a venir

silenciosos a un mundo de alas y llantos.

Si fuéramos niños podríamos escalar,

encontrar a los grajos mientras duermen y no romper una sola rama,

y, después del suave ascenso,

impulsar nuestras cabezas por encima de sus copas

para maravillarnos ante las estrellas constantes.

Fuera de la confusión, como es el camino,

y el asombro, que el hombre conoce,

fuera del caos vendría a la bendición.

Eso, entonces, es la belleza, dijimos,

niños que miran las estrellas maravillados,

eso es la meta y el final.

Siendo tan solo hombres, entramos en los árboles.

*Traducción: María González de León

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