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El que tiene mucho cede y el que tiene poco recibe

18 | 04 | 2020

Los árboles tienen invaluables lecciones de vida para quien quiera escucharlos.

Los árboles usan su propio método de comunicación, no son individuos creciendo por su propia cuenta con el fin de ser el más exitoso. Más bien, son parte de una red que está en constante interacción, y en donde la colaboración es lo primordial.

—Suzanne Simard

Me gusta observar y contemplar a los árboles desde que era niña, sentía una gran necesidad de estar entre sus brazos, sentir correr el viento sobre mi piel y como se destejían mis cabellos. En ellos pase muchas aventuras. Aún recuerdo como podíamos construir barcos, nubes, castillos, lugares tenebrosos y mundos inexistentes bajo su sombra o entre las copas de los pirules, pinos, aceitunas, cedros, aguacates, cerezos, duraznos y tantos árboles que han acompañado mi existencia. 

Cuando recorro distancias me gusta admirar a los árboles, ver nuevas especies, me fascina tocar sus ramas, sus hojas, las texturas de sus troncos, escuchar el sonido de las hojas, saborear sus frutos. A veces cierro los ojos y me imagino qué se cuentan unos a otros, cómo escuchan el canto de las aves, cómo reciben la luz del día, cómo aman las gotas de la lluvia y el sentir de las estrellas.

Otras veces leo sobre ellos. Así conocí el trabajo de Suzanne Simard, profesora de ecología forestal en la Universidad de Columbia Británica, en Canadá, científica rigurosa que afirma que: “Las plantas interactúan y se comunican a través de una red subterránea de hongos que une a las plantas con el ecosistema circundante. A través de esta simbiosis, las plantas pueden contribuir al desarrollo y crecimiento mutuo y ayudar a los diferentes ejemplares del bosque.”

Entre todos los árboles crean un clima local equilibrado, cada uno es importante para la comunidad y el bosque actúa en un bienestar colectivo, cuando los árboles llegan a enfermar, los demás le proporcionan los nutrientes necesarios para que sanen. No existe la competencia en sus raíces ni en sus copas sino todo lo contrario: el que tiene mucho cede y el que tiene poco recibe. 

Las madres árbol siguen en contacto con los bebés árbol para alimentarlos por el contacto de las raíces, les envían nutrientes y azucares como si fuesen amamantados, son cubiertos por las copas para dejar pasar solo la luz que requieren. Los árboles que más han vivido protegen a los demás, van acompañándolos y compartiendo la sabiduría que han adquirido en su existencia. 

Muchos botánicos sostienen que en las puntas de las raíces, los árboles tienen estructuras similares al cerebro. Hoy se conoce que los árboles tienen memoria, que son capaces de registrar y distinguir las temperaturas en ascenso en la primavera de las que están en descenso durante el otoño.

Pensemos en el bosque como un todo, reflexionemos sobre este gran organismo que podría perder su vitalidad, equilibrio dinámico y resiliencia. Debemos y podemos preservarlos ante escenario inestable y cambiante al que están sometidos. Reconozcamos su sabiduría y aprendamos de su generosidad para cuidarnos los unos a los otros.

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