Sal a Pajarear: entrevista con Barbara MacKinnon y Waldemar Santamaría

15 | 10 | 2020

Barbara y Waldemar, responsables del programa de observación de aves Sal a Pajarear, han aprendido casi tanto de las aves como de las personas. En esta entrevista, nos cuentan algunas de sus experiencias y los beneficios del programa…

Barbara MacKinnon y Waldemar Santamaría son los responsables del programa de observación de aves Sal a Pajarear, creado por Claudia Madrazo, fundadora de La Vaca Independiente. Tras sus muchos periplos por la Península de Yucatán, Barbara y Waldemar han aprendido casi tanto de las aves como de las personas. En esta entrevista nos cuentan algunas de sus experiencias y los beneficios del programa…

1.- ¿De qué dimensiones es la riqueza ornitológica de Yucatán? 

Barbara: Hasta ahora tenemos 566 especies documentadas entre los 3 estados de la península. Eso quiere decir que 50% de las aves registradas en México se encuentran en esta área del país. Yucatán también es la zona por la que entra la mayoría de las aves que cruzan el Golfo de México. Hace 25 años un ornitólogo del Instituto Smithsoniano estimó que 1.5 billones de aves utilizaban la Península de Yucatán, pero puede ser que este número haya disminuido debido a los impactos negativos causados por el hombre. En total, hay poco más de 200 especies migratorias del norte que atraviesan la península en su viaje. La mayoría se quedan aquí, las otras son de paso. Ocasionalmente llegan otras aves exóticas que se detienen por alguna tormenta, pero esta no es parte de su ruta normal; de las 566 especies hay como 60 que entran en esta categoría. Esto enriquece la observación, porque la gente no tiene que viajar hasta el Caribe o Sudamérica para ver esas especies. 

2.- ¿Qué importancia tienen las aves en el hábitat de la región? 

Waldemar: Las aves son polinizadoras, como los colibríes y algunas calandrias. También son dispersoras de semillas; al alimentarse de semillas y tener la capacidad de volar, las aves van extendiendo las semillas para que haya árboles en diferentes zonas. La gran mayoría de las aves migratorias que llegan son insectívoras, entonces entran en el rol de control de plagas. También hay aves rapaces que se alimentan principalmente de ratones y lagartijas; en ese sentido, están también las especies de zopilotes que contribuyen con la limpieza del ambiente al alimentarse de la carroña, animales muertos que hay en las carreteras y en la selva.

3.- ¿Cómo se desarrollan los niños que participan en el programa?

W: Antes de cada salida, nosotros tenemos un taller de capacitación con los niños. Para cuando salen, los niños ya saben cómo comportarse en el campo. Saben mantener su distancia, saben el uso correcto de los binoculares y guardan silencio. Ellos van registrando las especies que ven y hacen sus listados; esa es la manera como ellos se comportan en campo. Cuando regresan, tienen la posibilidad de revisar cada especie que se observó esa tarde, esa mañana, con la guía. Sabemos que a los niños los inspira tanto haber observado un ave que, precisamente, esto los motiva a leer la ficha en el libro, y a la vez compartir lo que ellos han leído con sus compañeros. Los profesores nos dicen: “antes cada niño venía por su lado, viendo por diferentes lugares; ahora los niños vienen y platican, ya tienen una plática en común sobre qué especies vieron por la tarde en su casa o qué les contó su papá sobre la historia de alguna ave”. Eso los ha favorecido socialmente y también ha fomentado el hábito de la lectura en ellos, la convivencia, la retención y la atención.

B: Los niños fácilmente pueden integrar el tema de las aves al programa educativo de las escuelas rurales y los maestros se han fijado que los niños participan mucho más. Hubo un congreso internacional y los niños de Chiquilá hablaron del programa ante una audiencia de alrededor de 120 personas. Fue fantástico, los niños no tenían miedo de nada, entonces esas son experiencias excepcionales. Hemos tenido muchos comentarios de maestros y padres de familia sobre cómo ha cambiado el comportamiento de sus hijos, ahora son más sociables y participan más. 

4.- ¿Cuál es el rol y el valor de los voluntarios?  

W: En 2014, los voluntarios eran propuestos por algún líder de la comunidad, pero en los últimos años han entrado por interés propio —para conocer el programa— y ellos han formado sus propios grupos. Además de hacer la selección de los niños, los voluntarios son el contacto directo con las autoridades como comisarios, presidentes y padres de familia. Antes de arrancar el taller, los papás tienen que firmar una carta donde autorizan la participación de sus hijos y nunca hemos tenido problemas porque los voluntarios forman parte de la misma comunidad. El papel del voluntario es fundamental para que el programa funcione, de otra manera ni los papás ni los niños tendrían la misma confianza. En algunas comunidades, las niñas no iban al monte debido a ciertos prejuicios, pero poco a poco ha habido mayor confianza y ahora hay más mujeres voluntarias. Una cosa que también les sucede a los voluntarios es que, al poco tiempo de participar en el programa, se vuelven una parte importante de la comunidad, los ven como líderes y como las personas que cuidan a las aves y, cualquier cosa relacionada con el medio ambiente, los niños acuden con ellos para pedirles su apoyo. 

5.- ¿Qué alcance científico tiene la base de datos con la que el programa ha contribuido? 

B: Hace cosa de cinco años la Universidad Cornell creó una base de datos que se llama eBird. Uno de los objetivos del programa es que todas las observaciones que se realicen puedan ingresarse a esta base de datos. Esta plataforma te permite crear una cuenta de usuario. Y nosotros tenemos nuestra propia cuenta de Sal a Pajarear. Para ingresar un avistamiento, el sistema te pide fecha, nombre de la especie, lugar y número de observadores. Esto es algo que enseñamos a los niños a elaborar correctamente. Como en muchas comunidades no hay internet, una parte de nuestro trabajo consiste en ingresar esos listados a la plataforma. Los observadores y científicos de cualquier parte del mundo pueden acceder a la base de datos y explorar dónde ha habido avistamientos de una especie que les interese, dónde se ha visto tal o cuál especie y con qué frecuencia, estos datos incluyen la coordenada exacta del sitio donde se observó. Recientemente se creó la aplicación para celular, tú estás caminando y desde la App haces tu listado. 

6.- ¿Cuál ha sido el papel de TAE y La Vaca Independiente, y cómo sus intervenciones han enriquecido el programa?

W: El equipo de TAE y La Vaca Independiente capacitó a algunos de nuestros voluntarios de la zona oriente. Algunos de los voluntarios que tomaron el taller nos han comentado que los talleres de TAE les han ayudado mucho, sobre todo para estructurar sus actividades. Normalmente, tanto los niños como los instructores disfrutan mucho las “pajareadas”, entonces es así como salen temprano y se van a pajarear dos o tres horas; después, regresan y los instructores les preguntan a los niños si quieren jugar algo. “Antes, los niños proponían algo, como jugar lotería y luego memorama, y ahora vamos a colorear, y no se querían ir”, nos decía el instructor. Pero ahora, con base en sus experiencias con la mediación dia, los instructores ya pueden elaborar su planeación de actividades para todo el día. Hay niños muy tímidos y otros muy inquietos, entonces las dinámicas de mediación para liberar energía también les han funcionado.

7.- ¿Cómo fue la experiencia de Tekit en la que incluso realizaron una visita a la zona arqueológica de Mayapán? 

W: Llevábamos trabajando dos años en Tekit. Uno de los grupos cumplía un año de estar en el programa y les íbamos a entregar sus playeras conmemorativas. Y la voluntaria dijo: “para que sea algo extraordinario y los niños tengan el recuerdo, estoy proponiendo que esta entrega se haga en Mayapán”. Le dijimos que sí, pero que solo teníamos una camioneta. Tuvimos una reunión con los papás y ellos empezaron a decir: “yo tengo un coche, voy llevar a mi hijo y a mi esposa, pero todavía hay lugar para otros dos”. Y así empezaron a sumarse, otros decían: “bueno, yo no tengo vehículo pero puedo aportar con algo para gasolina y también quiero que vayan mi esposa y mis hijos”. Esta fue la manera en que se logró concretar, el grupo de niños era de 12 y esperábamos que fueran 20 personas. Y cuando estábamos allá vimos cómo en una van entraron 18 niños. ¡Eran como 40 personas! Entonces ocurrió que a las “pajareadas” ya no solo asistían los niños, sino también la mamá y en algunos casos el papá. Y los papás comentaban: “Es que yo nunca había tenido la oportunidad con mi familia y mis hijos de disfrutar una actividad, estamos a gusto y platicamos”. 

8.- El ejido Naranjal Poniente, en Quinta Roo, también parece un caso ejemplar de cambio… 

B: Esta comunidad había empezado a tener muchos problemas con gente que venía del exterior a tomar fotos de las aves de su ejido y a veces se las llevaban. Estos fotógrafos entraban furtivamente a sus terrenos. Entonces conseguimos un donativo para cercar algunas partes y construir una entrada. La comunidad decidió hacerse cargo del asunto y proteger a sus aves, porque también vieron la posibilidad de un sustento económico. Esto fue una decisión del ejido, se involucraron mucho y participaron. Es un ejemplo de desarrollo turístico sustentable en las comunidades. “Son sus aves, no dejen que nadie entre”, les decíamos. Este programa se trata de crear dueños de los recursos naturales. Y la gente del campo es muy capaz de entenderlo porque el campesino maya entiende bien a la naturaleza. Allí los niños se inscribieron masivamente al programa. Fue una cosa fabulosa porque es un pueblo humilde y pusieron 2000 hectáreas dentro de su reserva ejidal; de un día a otro todos contentos, fue un acuerdo muy maya. En la junta, se tradujo todo lo que dije al maya para estar seguros de que todos entendieran.

9.- ¿Qué transformaciones han visto a lo largo de todos estos años?

W: Para mí es muy grato ver el cambio que ha ocurrido con los voluntarios, cómo eran de tímidos cuando yo los conocí y cómo ha sido el cambio que ellos tienen ahora después de cinco o seis años de estar participando. Algunos adolescentes que eran niños cuando empezaron a participar han cambiado su percepción de la naturaleza. El programa sí ha logrado cambiar la mentalidad de estos niños, tener otra visión del respeto a la naturaleza y a los seres vivos. Ahora, algunos de ellos ya son instructores.

Imágenes: Alexander Dzib Chay.

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En esta liga, puedes encontrar la historia del programa Sal a Pajarear y el extraordinario trabajo de sus voluntarios.

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