Hablemos de Beuys, plantemos el presente

11 | 05 | 2020

Para Joseph Beuys, el arte era un motor revolucionario, capaz de crear conciencia para tornar el mundo en un gran bosque.

Joseph Beuys (Alemania, 1921-1986) se aproximó al arte entendiéndolo como un medio genuino del hombre, capaz de provocar un cambio revolucionario en la transformación de un mundo decadente hacia uno positivo y fructífero. 

Para hablar de Beuys, uno de los artistas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, es posible hacerlo desde el presente: contemplando su capacidad visionaria proyectada desde un pasado y con la vista anclada en el futuro. Al recordar a este artista alemán, aparece casi automáticamente en la memoria una imagen y la sensación de la textura de una tela gruesa, gris, de fieltro, que utilizó una y otra vez en su obra. 

La propuesta artística de Beuys surgió en el contexto de la reconstrucción de la Alemania de la posguerra. Poco antes, en 1944, mientras combatía como piloto en la Segunda Guerra Mundial, su avioneta se estrelló y logró sobrevivir gracias a la intervención de un grupo de nómadas tártaros que, al encontrarlo, envolvieron su cuerpo en fieltro y en grasa animal para evitar que muriera congelado. Décadas después, en 1970, Beuys realizó una edición de cien trajes compuestos de dos piezas —pantalón y saco— hechos precisamente de fieltro gris. Entonces aclaró: con la intención de diseminar sus ideas, los materiales que había seleccionado servían para trazar una historia y honrar la memoria, al tiempo que los objetos producidos como múltiples, como éste, le permitían llegar a un mayor número de personas.

Hoy conocemos el trabajo que Joseph Beuys realizó utilizando herramientas para eventos teatrales, denominados happenings, también tenemos acceso a sus performances, instalaciones, así como a obras que desarrolló en pintura, escultura y gráfica. No obstante, su trabajo contribuye en múltiples planos y esferas: toca por supuesto aspectos del arte relativamente más tradicional, resuena contundentemente en cuestiones políticas y sociales de distintos momentos, e inclusive irrumpe en el ámbito pedagógico desde una filosofía anti-establecimiento. En una entrevista con Willoughby Sharp para la revista Artforum en 1969, no dudó en posicionarse en relación con este último aspecto al declarar: “enseñar es mi mayor obra de arte.” 

Beuys también es una figura fundamental en el ámbito de la teoría del arte. Gran parte de su labor tuvo salida en debates públicos y abiertos sobre temáticas que iban desde aspectos sobre el medio ambiente, política y temas sociales, hasta las problemáticas culturales planteadas a largo plazo. En medio de este conglomerado de intereses, defendió genuinamente la posibilidad de llevar el arte más allá de los límites establecidos por el circuito artístico para abrirlo a otras opciones e impactar, por medio de la creatividad, cualquier aspecto de la vida. 

A comienzos de la década de los sesenta se vinculó al movimiento Fluxus en Alemania, el cual inició con un grupo de artistas y compositores que, en colaboración, pretendían promover una noción de arte vivo alejado de la academia. Estos creadores celebraban el proceso más que el producto final. Uno de los aspectos más relevantes de este movimiento, fue evitar un estilo unificador; en vez, se buscó ampliar la(s) definición(es) de lo que puede ser el arte. Siempre a favor de la democratización y la apertura hacia un arte para y por todos, el cometido era desencadenar un amplio espectro de formas artísticas simples y alejadas del ámbito comercial.

La extensa práctica de Beuys, basada en conceptos humanistas, al igual que en la filosofía, la antropología y la sociología, culmina en una definición expandida del arte que plantea la idea de una escultura social. Este último concepto establece como esencial, la participación creativa y colectiva de distintos actores en un proceso de transformación constante: la escultura como proceso en evolución. 

A lo largo de su trayectoria, Beuys también procuró mediante su producción artística, ocupar el espacio exterior, acercándose cada vez más a los problemas vinculados al hombre y la naturaleza. En 1973 escribió: “Sólo bajo la condición de una apertura radical de las definiciones, será posible que el arte y actividades vinculadas al arte, puedan evidenciar que el arte es ahora el único poder evolutivo-revolucionario. Solamente el arte podrá desmantelar los efectos represivos de un sistema social senil que continúa tambaleándose a lo largo de la línea de la muerte: desmantelar para construir un organismo social como obra de arte… donde cada ser humano es un artista, quien, desde su propia libertad se posiciona de primera mano, aprendiendo a determinar otros posicionamientos de la obra total del futuro orden social.”

Así, en 1982 luego de recibir una invitación para concebir y realizar un trabajo para documenta 7 (uno de los eventos más destacados del circuito artístico internacional y que se lleva a cabo cada 5 años), en Kassel, Alemania, Beuys planteó un proyecto interdisciplinario y participativo de escultura social titulado, 7000 Oaks (7000 robles). Considerando al árbol como símbolo de regeneración y que manifiesta en sí mismo el concepto del tiempo, esta pieza consistió inicialmente en plantar siete mil árboles en la ciudad de Kassel, cada uno junto a una columna de piedra basáltica procurando que cada árbol se manifestara como un monumento que crece lentamente y genera una madera particularmente sólida. Con el apoyo y financiamiento de Dia Art Foundation y de Free International University, en aquella ocasión, el proyecto tomó cinco años para completarse; hoy esos árboles siguen vivos. Para Beuys era importante asumir la pieza como un trabajo colaborativo entre muchas personas, que hacía referencia principalmente a la vida y al trabajo. Algunos de los robles fueron ubicados en sitios directamente sugeridos por residentes, vecinos, y por la sociedad civil local, de manera que todos los que participaron, se convirtieron en agentes directos que ocupaban y definían el espacio social y abierto. 

La manifestación continua de esta obra implicó la necesidad de verla extenderse hacia otros sitios y momentos, así que, en 1988, con la plantación de cinco árboles afuera de las instalaciones de Dia Art Center en Chelsea, en la ciudad de Nueva York, continuó una segunda etapa de la misma. Entre esfuerzos individuales y otros colectivos todos podemos sumar a este trabajo de manera íntima o formando parte de un proyecto ambicioso con el potencial de desdoblarse hacia otros sitios.

Creo que la siembra de estos robles es necesaria no sólo en términos de la biósfera, es decir, en el contexto de la materia y la ecología, sino que aumentará la conciencia ecológica, la aumentará cada vez más en el transcurso de los años venideros porque nunca dejaremos de sembrar.

Hablando desde el presente, con la herencia viva y continua de Beuys en 2020, nos compete la gran tarea de generar una revolución en la conciencia humana para tornar el mundo en un gran bosque: sembremos, actuemos, plantemos, activemos. “El arte no puede ser tal, hoy en día, si no llega al corazón de la cultura presente y si no trabajamos para transformarla desde dentro…” como modelo de sociedad.

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