La vaca en el arte, la mitología y la cultura

28 | 09 | 2020

Ser simbólico e inspiración atemporal, este animal figura en todas las culturas humanas y toma un sinfín de formas.

Y este rezo del cantador, 

expandiéndose continuamente,

se materializó en una vaca que ya estaba ahí desde antes,

del comienzo de este mundo. 

 —Rig Veda, 10:31

Desde el comienzo de la historia, la estrecha relación entre el ser humano y los animales ha producido un vínculo tan profundo, que éstos han sido un elemento esencial en nuestras creencias, mitologías y leyendas; nuestra explicación fantástica y ontológica del mundo está poblada de ellos, y una buena parte de nuestras deidades están encarnadas en animales. Desde pequeños insectos hasta bestias feroces, todo tipo de criaturas han sido incluidas en nuestra mente mitológica. Uno de estos seres juega un lugar muy especial, la vaca.

Los bovinos fueron de los primeros animales en ser domesticados por el hombre. Esto sucedió hace unos 10,000 años. En muchas culturas humanas, la vaca simboliza fertilidad, generosidad, maternidad, el origen de la vida y, también, ha sido relacionada con la serenidad. Las vacas, y su contraparte masculina, son presencias recurrentes en numerosas mitologías y religiones antiguas. La vaca es un animal, sí, pero también es un poderoso símbolo, mito y metáfora.

El carácter místico, mitológico y simbólico dado a las vacas ha sido a la vez punto de partida y tema central en numerosos ejercicios plásticos a lo largo de la historia; éstos ilustran y contextualizan las más variadas creencias y puntos de vista de la humanidad. La vaca es protagonista y compañera en la narrativa visual de nuestra existencia, apareciendo inevitablemente en cada momento de la historia del arte, desde las pinturas rupestres, hasta las prácticas pertenecientes al contexto contemporáneo actual.

Por todas estas razones, las vacas han figurado, en distintas formas y de muchas maneras, en las artes humanas como portadoras de significados múltiples y fascinantes.

Vaca danzante

Hathor era la diosa del amor, de la alegría y del baile en la mitología egipcia. Originalmente fue una representación de la vía láctea: literalmente, leche que fluía de las ubres de una vaca celestial. De ahí el nombre que le damos a la galaxia que habitamos. Posteriormente, fue representada como una mujer con cuernos de vaca y como una vaca entre cuyos cuernos está sujeto un disco solar. En el antiguo Egipto, los bovinos eran vistos como símbolo de fecundidad, también se creía que de ellos dependía el fluctuante nivel del Río Nilo. 

Vacas rectangulares

Stafford, Henry; A Shorthorn Cow; Towneley Hall Art Gallery & Museum; http://www.artuk.org/artworks/a-shorthorn-cow-151261

En el siglo XVIII, en Inglaterra, comenzaron a surgir cientos de pinturas de “vacas rectangulares”, bovinos caricaturizados en escenas realistas, cuyas cabezas, patas y colas tienen una proporción notablemente inferior en comparación al resto del cuerpo que era exageradamente musculoso y voluminoso. Esta manera de representación estuvo directamente conectada a la Revolución Agrícola, una etapa de notable desarrollo y producción rural, donde la vaca fue uno de los actores principales: los avances tecnológicos permitieron, por primera vez, la reproducción selectiva y específica de ganado.  Por ello, una práctica común entre ganaderos poderosos, era comisionar a artistas locales el retrato pictórico de sus animales —un registro orgulloso de su exitosa crianza y un símbolo de poder.

Las vacas del sol

En la literatura, el ganado bovino ha sido usado recurrentemente cumpliendo, según el autor y su contexto, distintas funciones narrativas. En su Odisea, Homero describe cómo los compañeros de viaje de Ulises deciden sacrificar y comer las vacas prohibidas pertenecientes a Helios, el dios del Sol, como respuesta a este irrespetuoso acto, Zeus decide lanzar un rayo que provoca la destrucción total de la nave y por ende la muerte de todos los hombres tripulantes a excepción de Odiseo.

La gran vaca cósmica

En la mitología nórdica, el primer ser vivo, del que surge el resto, fue un gigante y su nombre era Ymir. Este colosal ser se alimentaba de la leche que bebía de otro ser primigenio: Auðumbla o la gran vaca cósmica —un bovino que surgió del hielo proveniente del Niflheim (el reino de la oscuridad y las tinieblas y el reino de los dragones). La vaca se alimentaba de pedazos salados de escarcha derretidos por el Muspelheim (reino del fuego y hogar de gigantes). Gracias al acto de lamer el hielo, Auðumbla reveló la figura de un hombre al que pudo liberar gracias a su lengua; este hombre sería Buri, primer dios de la mitología nórdica.

Una vaca llamada Serpentina

Una serie de eventos desfavorables, sucedidos a una familia rural mexicana, es narrada a partir de que la Serpentina —vaca “con una oreja blanca y otra colorada y muy bonitos ojos”— desaparece arrastrada  por el río. El suceso, como si fuera un mal augurio, es una expresión del simbolismo que se le ha dado en México a estos animales. Esta particular vaca funcionará como hilo conductor de este conmovedor cuento titulado “Es que somos muy pobres”,parte de El llano en llamas de Juan Rulfo.

El mundo de las vacas

Desde tiempos antiguos, en la India, las vacas son consideradas un animal sagrado. Se dice que Krishna, la octava encarnación del dios Visnú, creció dentro de un rebaño bovino. Esto lo hizo pastor, y protector de las vacas (razón por la cual, según esta visión, el mundo está repleto de ellas). Krishna vivía en la tierra de la plenitud, la riqueza y la belleza natural. En sánscrito, este lugar se llamó Goloka, que significa, el “mundo de las vacas”. Esta singular relación con la figura de la vaca ha permanecido, entre los indios, prácticamente intacta, hasta nuestros días. Hoy gran parte de la población de dicho país las considera un animal sagrado y no las mata para comerlas. Por otro lado, en el más antiguo texto sagrado indio, el Rig-Veda, la presencia vacuna aparece constantemente como parte de los himnos sánscritos dedicados a los dioses. En estos textos se refieren a la vaca como aghnya, cuya aproximada traducción sería “aquello que no puede ser sacrificado”.

La vaca independiente

Un personaje clave en la historia de la gráfica mexicana fue, sin duda, Abel Quezada. Este multifacético artista retrató y criticó, a través de sus caricaturas, pinturas y textos, la compleja y fascinante realidad mexicana. Quezada incursionó en la pintura de forma autodidacta a una edad avanzada, y su obra pictórica, principalmente enfocada en el retrato y el paisaje, se caracteriza por una simplicidad de trazo y un deslumbrante uso del color. Una pieza poco conocida pero profundamente singular del autor regiomontano es La vaca independiente (1979), óleo sobre tela de gran formato que retrata una vaca de perfil; tonos claros en colores café, amarillo y blanco, sobre un suelo oscuro y un fondo neutro. La vaca mira hacia el extremo izquierdo, contemplativa, tierna, sorprendida y solitaria. En el extremo superior derecho de la composición se asoma un artefacto (como aquellos que alguna vez fueron usados para identificar las barberías), un cilindro giratorio bicolor azul y rojo. La pintura posee una belleza enigmática, casi absurda y aparentemente ingenua, que invita a descifrar los mensajes trazados en ella. El trabajo de Quezada y particularmente esta obra de arte, fungieron como inspiración y detonador para el proyecto de difusión cultural La Vaca Independiente.

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