Seis deslumbrantes diarios de artistas

12 | 03 | 2021

Los diarios personales son una forma de arte y un espejo (un ejercicio capaz de acercarnos a nuestro espíritu y el de otros). Estos son seis cuadernos íntimos de seis grandes artistas…

Nunca viajo sin mi diario. Uno siempre debe tener algo sensacional que leer en el tren.

—Oscar Wilde

Un diario personal también podría ser una obra de arte (y un espejo y un jardín). Lo es cuando, al igual que un cuadro, una canción o un poema, es capaz de mostrar la interioridad de una persona de una manera singular e íntima, y de reflejar sus valores estéticos —podría decirse, entonces, que el diario es un género literario. Este es el caso de una gran cantidad de cuadernos personales de personajes cuya necesidad los llevó a registrar sentimientos, sensaciones, descubrimientos y meditaciones de manera regular, a plasmarlas en una unidad, en uno de los objetos más íntimos que una persona puede tener y crear.

El ejercicio de llevar un diario es, sobre todo, un acto de libertad y autoconocimiento: es cultivar un espejo en el que es posible reunir atisbos de uno mismo, un registro hecho exclusivamente para eso, ser un testigo palpable de la propia existencia —un viaje discreto cuyo destino final es conocernos (y todas las implicaciones que eso trae consigo). Como alguna vez lo planteó Carl Jung: “Quien mira afuera, sueña. Quien mira adentro, despierta”.

La costumbre de llevar diarios es muy antigua —sobrevive, por ejemplo, el diario del emperador romano Marco Aurelio, uno de los más viejos ejemplos de esta forma de expresión. A lo largo de los siglos y hasta nuestros días, este ejercicio de catarsis ha sido especialmente común en el universo del arte y la creación por ser no solo una forma de autoconocimiento, sino también una posibilidad de registro de procesos artísticos. Cuando un artista lleva un diario, tiene lugar un suceso trascendental al que vale la pena prestar atención.

Porque el diario está hecho de libertad (es un espacio privado como pocos), no hay reglas para su existencia: puede estar compuesto de glosas, poemas, palabras aisladas, listas, dibujos, collages o, incluso, garabatos.

A continuación, una breve selección de diarios de artistas y otros personajes visionarios, registros que nos permiten conocer más a fondo algunas de las mentes más fascinantes de nuestra historia —y, en ese proceso, nos invitan a disfrutar su lado más humano.

Leonardo Da Vinci

El multifacético artista, inventor y pensador del Renacimiento italiano también llevaba cuadernos de notas. Hoy se les conoce como el Códex Arundel. Tan inconmensurable como su creatividad, la bitácora reúne más de siete mil páginas, y contiene apuntes, diagramas, ilustraciones e inclusive anotaciones misceláneas, como listas de compras o un inventario de su ropa (gracias al cual se puede deducir que Leonardo tenía un gusto especial por las medias rosas).

El abanico temático de esta íntima colección de ideas reúne disciplinas como la geometría, la mecánica, los flujos de ríos, el arte, la astronomía y la arquitectura —expresadas no solo en palabras, sino también en dibujos y hermosos diagramas. Destaca una peculiar forma de escribir: la escritura en espejo, una forma cifrada de anotación que debe ser leída de derecha a izquierda.

Como sucede con la mayoría de los diarios, el Códex Arundel nunca fue concebido para ser publicado. Sin embargo, en un increíble esfuerzo, la British Library digitalizó y restauró cada una de sus páginas y lo puso al alcance de todos (consúltalo aquí).

Sylvia Plath

Sylvia Plath vivió gran parte de su vida en el ojo de una constante tormenta causada por una inevitable pulsión autodestructiva, una que fue latente en ella desde temprana edad. Para Plath, escribir poesía no era solo una actividad creativa, era el camino para purificar el alma, un ejercicio espiritual enfocado en la construcción de un nuevo yo.

Plath comenzó a escribir diarios personales a los 11 años. Para la poeta confesional estadounidense, la redacción de un diario era el preámbulo de su obra poética y, a la vez, una extensión de esta. Todo esto se torna palpable al conocer ambos universos: cada anotación de la poeta en su cuaderno personal puede ser vista como un boceto de lo que después será poesía y cada pieza poética funciona como nota desde la intimidad.

Directa y sensible, melancólica y suicida, la autora se entrega y desgarra por igual sobre ambas conductas literarias como si se tratara de complejas extremidades de un mismo cuerpo de la obra, una en la que constantemente se habla a sí misma, a sus múltiples demonios, a la gravedad de sus penas.

A través de sus diarios podemos reconocer a una poeta intentando (en la medida de sus posibilidades) exorcizar aquellas agónicas voces que, al cabo de un tiempo, la dominarían fatalmente. La autora captura y dirige el dolor —a través del clima, la sexualidad femenina, el desvelo o el desamor— con una dulce e intensa belleza que se transforma en tragedia. Los diarios de Sylvia Plath funcionan como un majestuoso ejemplo de la delicadeza y fragilidad de la mente humana, y la eterna subjetividad que esta destella.

Virginia Woolf

La primera entrada en el diario fue hecha cuando la escritora tenía 14 años, en 1897, y la última cuando tenía 59, cuatro días antes de su suicidio, en marzo de 1941. El diario de Virginia Woolf consta de 38 volúmenes escritos a mano que compilan aquello que exaltó su imaginación —en su faceta más luminosa e infantil, y en la más oscura, esa de sus últimos días— y una enorme cantidad de descripciones de sí misma (pruebas de su enorme curiosidad).

Cualquiera que haya leído las novelas y ensayos de Woolf conoce, en mayor o menor medida, la grandeza de su inteligencia y su casi inverosímil capacidad de ponerla en palabras. Su diario es, quizá, un mapa sutil de todo esto —de cómo la historia de su familia, sus viajes, las muertes que vivió y su propia y muy particular relación con la muerte la hicieron lo que fue: una de las artistas más importantes, sensibles y valientes de la literatura inglesa.

El diario de Virginia Woolf es valioso porque traza con palabras (llenas de belleza, incluso, antes de llamarse a sí misma una artista) el camino de décadas que ella tomó para convertirse en una escritora, cómo su camino, sus vivencias y su sensibilidad la convirtieron en lo que hoy conocemos y, también, en su propia biógrafa.

Henry David Thoreau

Thoreau (1817-1862) es uno de los genios más notables que ha dado la literatura norteamericana. Dueño de una particular inteligencia y una sensibilidad desbordante, además de una notable pasión por el mundo natural, él fue uno de los muchos escritores que, en algún punto de su vida, tuvo la necesidad de escribir un diario (o varios diarios, más bien, que registraron su vida desde 1837 a 1861).

Integrados por unas 2 millones de palabras, los diarios de Thoreau incluyen reflexiones notables en las que podemos encontrar lo que el escritor consideró el verdadero significado del éxito, los inesperados regalos que trae consigo la vejez y el significado de la vida humana —en un documento que es, también, un registro esencial de su filosofía y un mensaje que es importante escuchar aún hoy.

En sus diarios íntimos, Thoreau también sostenía que la verdadera tarea del poeta es la de escribir un diario extenso, a través de su escritura. Y, ¿qué es la escritura, incluso la que se denomina ficción, sino una expresión artificiosa de la vida de un escritor, y qué es un diario sino su expresión más honesta?

Los diarios de Thoreau, además, expresan una inesperada mezcla de sentimiento poético y rigor científico —la expresión de un hombre de carácter ermitaño y acético que vivió dos años, dos meses y dos días en un bosque, frente a un estanque (Walden Pond), en una cabaña que construyó con su propias manos.

Susan Sontag

Susan Sontag comenzó a escribir diarios a los 14 años. Cualquiera que hubiese leído sus reflexiones íntimas habría adivinado que le esperaría una exitosa carrera en las letras: a temprana edad, la adolescente redactaba serias afirmaciones y cuestionamientos religiosos, además de otras tantas meditaciones de carácter ético y político. A lo largo de su vida la escritora estadounidense continuó con la costumbre de plasmar en letras su universo íntimo y personal.

Los diarios de Sontag son tan extensos que han sido publicados, a la fecha, en dos tomos. En ellos podemos apreciar el día a día de la artista, en ocasiones a manera de agenda de compromisos y listas (uno de sus formatos preferidos), en otras como anotaciones reflexivas sobre temas tan variados como sus experiencias eróticas, la relación entre la sexualidad humana y el ego, la peculiar estética del Nueva York que ella habitó, reflexiones en torno a la verdad y críticas a la literatura moderna.

Las pequeñas (y deslumbrantes) notas que Sontag escribía para sí misma en su diario nos dejan conocer mejor el espíritu de la escritora. Estas incluían pendientes como escribir a su madre tres veces por semana, enseñar a su hijo a leer, escribir al menos dos horas diarias y recordar no quejarse sobre el dinero en público —recordatorios íntimos y estructurales que nos dejan ver el lado humano, frágil e imperfecto de esta importante escritora y pensadora.

Introspectivas, emotivas y radicales, las palabras apuntadas en los diarios de Sontag nos acercan a una mujer tan fascinante como talentosa. Sus diarios no solo funcionan como complemento a su obra literaria, sino como una pieza independiente, una parte imprescindible de su creación.

Frida Kahlo

Durante los últimos diez años de su vida (1944-1954), la artista nacida en Coyoacán escribió un diario que es, también, un poemario, un cuaderno de dibujo, de caligrafía, un collage y uno de los documentos que describen con mayor precisión todo lo que Frida fue, su deslumbrante y complejo mundo interior y la fuerza de sus sentimientos —en un volumen que es, sin duda alguna, una obra de arte de principio a fin.

Azotada por el dolor que sufrió a causa de distintas enfermedades a lo largo de su vida, el espíritu valiente y siempre alegre de la artista supo plasmar en un cuaderno su verdadera esencia, o esencias —Frida fue una y muchas.

En 1995, El diario de Frida Kahlo. Un íntimo autorretrato fue editado y publicado en forma de facsímil a color por La Vaca Independiente, con una introducción del escritor Carlos Fuentes. Años después, en 2017, la editorial republicó el diario bajo el nombre El diario de Frida Kahlo. Una nueva mirada; esta vez el facsímil incluyó textos de Eduardo Casar y Karen Cordero Reiman. Esta segunda edición fue acompañada por el Cuaderno íntimo inspirado en Frida Kahlo, escrito por Claudia Madrazo: una invitación a la reflexión, a la creatividad y a la renovación personal a través de una serie de ejercicios que son, también, un espacio de encuentro con uno mismo.

Puedes adquirir las dos versiones del Diario de Frida Kahlo, editadas por La Vaca Independiente, en versión impresa y digital, siguiendo esta liga.

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