Imagen: Daniel Vorndran / DXR - Creative Commons

Geometría sagrada y las figuras de nuestra espiritualidad

21 | 10 | 2020

La geometría sagrada es un código fascinante, al que podemos acceder si nos detenemos a mirar cuidadosamente nuestro mundo.

Nuestro mundo está poblado por códigos: manifestaciones de la comunicaciónentre toda clase de formas de vida y elementos. 

Y tal vez el código más fascinante es la geometría sagrada; sin duda uno de los lenguajes más difíciles de descifrar, pero que, a través de la simple observación, nos ofrece pistas sobre la configuración del cosmos y de la información que, discretamente, se transfieren entre sí toda clase de entidades, orgánicas e inorgánicas. 

¿Qué es la geometría sagrada?

La pura noción de “geometría” resguarda un componente sagrado. Se trata de la disciplina que mide la tierra; y, aunque coloquialmente la relacionamos con figuras abstractas que, cuando aparecen en el mundo natural, resultan sorprendentes y casi milagrosas; en realidad, la geometría es la matemática del espacio. Y la posibilidad de que el espacio sea analizado bajo preceptos concretos es excepcional; sin duda sublime y, por ello, sagrada. 

Por otro lado, se remarca el carácter sagrado de la geometría, cuando uno asume que la manera en que se configuran las formas en el espacio no puede más que ser evidencia de que hay un orden o inteligencia superior que configura la existencia; en otras palabras, la geometría sagrada supone que −como dijo Platón, según Plutarco− “dios geometriza continuamente”. 

Así, la geometría sagrada definitivamente contiene un elemento espiritual y es un valioso intento por develar la “lógica del universo” y asociar las figuras presentes en el mundo a una dimensión distinta de su propia materialidad; otorgándoles una naturaleza simbólica. 

Platón fue uno de los primeros pensadores que jugó con estas posibilidades. Pero, tal vez, uno de los máximos exponentes en la materia fue el astrónomo alemán Johannes Kepler, autor del libro Mysterium Cosmográfico, donde explica la proporción espacial que hay entre los seis planetas entonces conocidos. 

Antes de Kepler ya existía una teoría similar. La “armonía de las esferas”, una noción pitagórica que explicaba que el universo está gobernado por proporciones armoniosas y que el movimiento de los planetas está regido por proporciones musicales; de tal manera que cada intervalo entre un planeta y otro, corresponde a una nota musical. 

Análogamente, hay una proporción similar en otros aspectos cruciales del universo. O por lo menos así se ha pensado en Occidente. Para los renacentistas, el cuerpo humano era la mejor evidencia de esto y la máxima representación de esta creencia es El hombre de Vitruvio, el famoso dibujo de Leonardo Da Vinci inspirado en el arquitecto romano, Vitriviuos.

Así,entre hipótesis de antiguos griegos y renacentistas, los occidentales hemos forjado las nociones de equilibrio, proporción y belleza con la geometría sagrada en mente. El cuerpo bello es, entonces, aquel que cumple con la divina proporción. El espacio adecuado, se ordena armoniosamente. Y el arte más valorado replica la espiral sugerida en la famosa secuencia de Fibonacci (0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, y así sucesivamente).

Manifestaciones de geometría sagrada

La geometría sagrada y las proporciones divinas se manifiestan en toda clase de espacios. Tal vez uno de los más icónicos es en la arquitectura; especialmente en los templos, iglesias y otros espacios de culto. 

En la arquitectura islámica, los diseños geométricos combinan círculos y cuadrados, formando complejos patrones simbólicos (como flores y estrellas) e hipnóticas teselaciones. En el hinduismo se tienen los Agamas, escrituras sánscritas que describen los métodos más apropiados de diseño de los sitios sagrados. 

Las iglesias católicas también siguen esta tendencia: el círculo y la cruz son formas sagradas que definen los planos de los imponentes edificios; la regularidad y la simetría son esenciales. La duplicidad de los planos nos dice: así como arriba, abajo.

La geometría sagrada sin duda es parte del patrimonio cultural de cada región. Esto es evidente al admirar la arquitectura maya, siempre correlacionada con las matemáticas y la astronomía. Los patrones decorativos, la ubicación de los edificios y los planos en general vuelven al edificio el punto de encuentro entre naturaleza, arte y espiritualidad.

El arte sacro también es otra de las dimensiones donde se vuelve vital la geometría sagrada. Un ejemplo icónico son los mandalas budistas. Por otro lado, podríamos afirmar que no hay cuadro renacentista que no resguarde asociaciones simbólicas, determinadas por un plano geométrico.

La naturaleza, por su parte, es donde más fascinante se vuelve la aparición de patrones geométricos. Hasta el más escéptico se pone a dudar al encontrar fractales en toda clase de hongos, plantas y hasta en el movimiento de algunos animales. El mismísimo Albert Einstein preguntó: “¿Cómo es posible que las matemáticas, producto del pensamiento humano, independiente de la experiencia, se ajusten excelentemente a los objetos de la realidad?”.

Geometría sagrada, reflejo del cosmos interno

Por otro lado, tal vez el aspecto verdaderamente sagrado de la geometría, es nuestra capacidad de hacerla presente; de encontrarla en el mundo que nos rodea. La noción de belleza, como ha sido demostrado por tradiciones más frescas —como el arte moderno y contemporáneo— no es universal y no solo una forma de organizar el mundo es válida. 

Lo geométrico, lo simétrico y lo fractal, nos complacen porque nos remiten a lo proporcionado, regular y familiar; en otras palabras, al ideal de belleza occidental, forjado por Platón, perfeccionado en el renacentismo. Pero, en el mundo y al interior de uno mismo, existe la posibilidad de abrir los caminos de nuestra existencia y de reinventar los puntos de anclaje de los cuales partimos para medir la tierra.

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