V. Tihomirov, G. Novitskaya, I. Reriha - Creative Commons

Los herbarios, jardines inmortales

07 | 09 | 2021

Sobre el espíritu, la historia y belleza de los herbarios.

Desde tiempos inmemoriales, los herbarios han encarnado una de las conexiones más raras y delicadas entre la ciencia y el arte. Estos libros de plantas han sido, también, una manera de inmortalizar una de las actividades más esenciales (y necesarias) del ser humano: recorrer la naturaleza, interpretarla y hacerla nuestra —o mejor dicho, hacernos suyos. Para la ciencia, estos documentos que nacieron en la Edad Media consisten, esencialmente, en una colección de flora deshidratada, colectada con propósitos de investigación. Cada espécimen hallado se analiza y se decodifica; adquiere un nombre científico y una descripción minuciosa en la que se subrayan sus características específicas.

Estas compilaciones vegetales han servido para muchas cosas. Para crear medicinas; registrar y estudiar el tipo de vida que hay en uno u otro ecosistema; y, también, para inspirar nuestra creatividad y sentido de la estética. Podría decirse que los herbarios son una prueba de que nos debemos al paisaje y a nuestras interacciones con él.

Los herbarios también son la materialización de una de las obsesiones más hermosas del ser humano, el coleccionismo —que lleva implícito el afán por conocer, aprehender y organizar el mundo, o por lo menos nuestra experiencia mientras lo atravesamos.

La historia de las plantas disecadas

Algunos expertos consideran que el hombre comenzó a almacenar y conservar plantas a partir de que comprendió su valor nutricional. Es decir, desde que nuestra especie habita el planeta. En aquellos días antiguos, nuestra especie entendió que el mundo vegetal tenía que conservarse para poder subsistir.

No obstante, la historia de los herbarios está ligada al nacimiento de los jardines botánicos, que no solo los anteceden, sino que les dan una razón de ser, ya que gracias a estos espacios los naturalistas han logrado comprender, reunir y experimentar la flora viva.

A las primeras colecciones de plantas secas se les conocía como hortuss siccus, que podría traducirse como “jardines secos”. Los primeros herbarios nacieron casi simultáneamente en el mundo, específicamente en Mesopotamia y China; de esas regiones llegaron a Europa y, por supuesto, a América.

Por su parte, los primeros herbarios conocidos datan del Medievo, e incluían ilustraciones poco precisas de las plantas que coincidían, más o menos, con sus descripciones. Más tarde, la ciencia trajo el papel y la tecnología para disecar; así nacieron los herbarios como los conocemos hoy en día.

¿Cómo una planta termina en un herbario?

Desde hace varios siglos la botánica ha echado mano de la observación y conservación de plantas para realizar investigaciones de campo. Hoy en día, los científicos realizan viajes en busca de plantas únicas, raras o amenazadas, que posteriormente se guardan, se deshidratan y, en la mayoría de los casos, son llevadas a laboratorios o jardines botánicos.

Antes de entrar al archivo, las plantas deshidratadas se almacenan en cuartos inmensos, climatizados, con temperaturas que oscilan entre los 10 y los 12 grados. En estas habitaciones está la flora sin clasificar; algunos especímenes recibirán su descripción en 15 días y otros tardarán hasta 50 años, todo depende de si la familia del ejemplar encontrado se ha investigado o no. Para poder formar parte del herbario, los especímenes tienen que estar en buenas condiciones; es decir, no estar maltratados o rotos. Después, un grupo de especialistas los pegará (con pegamento o hilo y aguja) a un tipo de hoja especial.

Una vez que se recauda la información pertinente, el documento pasa a ser parte del herbario, una especie de biblioteca con anaqueles de hierro y puertas selladas en la que, en vez de libros, hay flores y plantas que están ordenadas, no alfabéticamente, sino según la familia a la que pertenecen.

Pero la historia humana ha visto en los herbarios no solo registros científicos (nunca carentes de belleza), también ha presenciado herbarios que son, también, obras de arte o, sencillamente, fuentes de placer estético para sus dueños. Presentamos  tres herbarios notables que vale la pena mencionar.

Herbario Nacional de México

Este acervo pertenece a la Universidad Nacional Autónoma de México y es el más grande de América Latina. Nació en 1888 y cuenta con un  millón 300 mil ejemplares divididos en semillas, hongos, líquenes y maderas. En este gran herbario se pueden encontrar algunos ejemplares hallados durante la Real Expedición Botánica de la Nueva España, por ejemplo, y se trata del primer gran compendio de plantas mexicanas que se ha hecho tras la Conquista.

El herbario del jardín Botánico de Nueva York

El William and Lynda Steere Herbarium, en el Jardín Botánico de Nueva York, es el cuarto herbario más grande del planeta. Su colección incluye más de 7.3 millones de especies que no solo son endémicas de Estados Unidos, sino que también pertenecen a momentos históricos precisos —como un tipo de musgo recolectado por Charles Darwin durante su famosa travesía en el Beagle. También conserva una serie de ramas que se recogieron durante una expedición de James Cook en el año 1768.

Este herbario ha puesto un gran número de sus archivos en línea, para que cualquier persona pueda consultarlo desde cualquier lugar del mundo.

El herbario de Emily Dickinson

Una obra de arte y una delicadísima colección de plantas disecadas, este herbario fue compilado por la poeta estadounidense cuando apenas tenía 14 años. En este bellísimo documento que data de 1845, hay al menos 424 tipos de flores silvestres que fueron recolectadas en los campos de Massachusetts. Este asombroso volumen muestra no solo el profundo vínculo que la escritora tenía con la naturaleza, sino sus amplios conocimientos de botánica. Muchas de las especies contenidas en el herbario se han usado para investigaciones científicas posteriores.

Sobra decir que el herbario de Emily Dickinson es único, no solo por la flora que lo recorre, sino también porque todas las descripciones de las flores están hechas a mano por ella.

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