Imagen: Charles Stankievech

Una fortaleza de plástico

16 | 07 | 2021

Elaborada con pegamento y botellas de plástico de la ciudad de Venecia, esta obra se convirtió en un reflejo del contexto y las problemáticas ecológicas de esa ciudad y del mundo.

Charles Stankievech es un artista canadiense cuyo trabajo surge de la investigación y el trabajo de campo, donde reflexiona en torno al paisaje, la naturaleza y la tecnología, entretejiendo la arquitectura, la acústica y las artes visuales. Su producción combina ciencia con ciencia ficción, la investigación extensa con espectáculo performativo y arquitectura con armamento. Stankievech modifica los límites perceptivos mientras examina críticamente la historia, la especificidad y la geopolítica del territorio. Al finalizar sus estudios en filosofía e iniciando su carrera artística, antes de realizar exposiciones o incluso estudiar artes plásticas, conoció la práctica de Robert Smithson  (Nueva Jersey, Estados Unidos, 1938; Texas, Estados Unidos, 1973) gracias a un artículo periodístico. A partir de ese momento despertó en él un particular interés en el artista estadounidense conocido por sus exploraciones en la corriente llamada Land Art.

La cultura occidental ha mostrado una continua fascinación por la tierra, volviéndola sujeto tanto de la ciencia como del arte. El paisaje funciona como espejo y lente de la humanidad: en él entendemos nuestro espacio y cómo lo ocupamos. Esta constante búsqueda de conexión con el territorio encontró una de sus más complejas e interesantes manifestaciones en el Land Art, del cual Stankievech retoma algunas ideas para la creación de sus piezas. Este movimiento surge en la década de los sesenta, momento en el cual la sociedad estadounidense vive un despertar ecológico y feminista provocado por la integración de la tecnología a la vida cotidiana, el miedo a un futuro incierto y la nostalgia de un pasado aparentemente mejor. En este contexto, un pequeño grupo de artistas conceptuales, desencantados por las metas artísticas del arte moderno, decide explorar la obra de arte fuera del “cubo blanco” y volcarse a su relación con el entorno natural. Los artistas buscan romper con el culto a la personalidad y la noción de “el arte por el arte” establecidos por el expresionismo abstracto.

Las obras de Land Art suelen ser volumétricas y pueden tener algunos componentes performáticos o procesuales. Este movimiento artístico se preocupa por los modos en que el tiempo y las fuerzas naturales impactan a los objetos y gestos. En muchas ocasiones, como en el caso de Island of Discarded Plastic (Leonia) (2006)de Stankievech, las obras son utilizadas como un medio para crear conciencia social y un despertar ecológico con miras a un futuro que parece cada vez más catastrófico conforme nos acercamos a él.

Imagen: Charles Stankievech

En 2006, Stankievech fue invitado a realizar una obra de sitio-específico en Venecia, una ciudad que se hunde año con año, y es, al mismo tiempo, una productora de artesanía de vidrio con renombre internacional. Es por esto que el artista se inspiró en un proyecto que Smithson imaginó en 1969 cerca de Vancouver, pero que nunca realizó: Island of Broken Glass. La intención de Smithson era cubrir completamente una pequeña isla de piedra llamada Miami Islet con cien toneladas de vidrio roto. El proyecto fue suspendido debido a un torbellino de protestas ambientalistas, de manera que Smithson dejó como únicos registros del proyecto los bocetos, planos y estudios previos. Esta hubiera sido la primera obra de Land Art permanente de Smithson, aunque eventualmente su idea terminó evolucionando hasta convertirse en el famoso Spiral Jetty (1970).

Leonia venenciana

Al realizarse en el espacio público, la pieza Island of Discarded Plastic (Leonia) de Stankievech se refiere de forma directa al contexto urbano en el que se sitúa.  Las obras de sitio-específico tienden a contemplar no solo la ubicación geográfica, sino también las preocupaciones que atañen a la población del momento. El nivel del agua de la laguna de Venecia ha aumentado al paso de las décadas, al mismo tiempo que se crean diversas islas para recolectar e incinerar la basura proveniente de la ciudad. Un ejemplo de esto es la isla Vesta, construida en 1950 y clausurada en 1980 debido al descubrimiento de que el amianto —material con el que se edificó el incinerador— era cancerígeno. Existen también dos islas en las que se crea la famosa cristalería veneciana: una es la isla de Murano, la otra es la isla Santa Cristina, que pertenece a Swarovski.

Es cierto que el vidrio es una de las mayores exportaciones de Venecia; sin embargo, las botellas de plástico son su producto de importación más relevante. Italia consume más agua embotellada por habitante que cualquier otro país del mundo, condición agravada por el turismo extremo y la falta de reciclaje de Venecia. Las botellas de agua flotan en los canales, sobresalen de los botes de basura e inundan la plaza de San Marcos.

Island of Discarded Plastic (Leonia) fue una isla de tres metros que flotó durante la 10ª Bienal de Arquitectura en la laguna de Venecia. Compuesta únicamente por pegamento y botellas de plástico recolectadas en la ciudad, fungía como espejo de su contexto de manera literal y conceptual. El título de la obra hace referencia a Las ciudades invisibles, de Italo Calvino. Leonia es una ciudad ficticia que produce toneladas de basura de manera cotidiana. Vista desde esta perspectiva, la urbe que imagina el autor en este libro puede resultar muy cercana a la nuestra, apuntando incluso a nuestro propio devenir. Calvino la describe así:

Dónde llevan cada día su carga los basureros, nadie se lo pregunta: fuera de la ciudad, está claro; pero de año en año la ciudad se expande y los vertederos deben retroceder más lejos; la importancia de los desperdicios aumenta y las pilas se levantan, se estratifican, se despliegan en un perímetro cada vez más vasto. Añádase que cuanto más sobresale Leonia en la fabricación de nuevos materiales, más mejora la sustancia de los detritos, más resisten al tiempo, a las intemperies, a fermentaciones y combustiones. Es una fortaleza de desperdicios indestructibles la que circunda a Leonia, la domina por todos lados como un circo de montañas.

Tanto “Leonia” como Island of Discarded Plastic (Leonia) detonan reflexiones que en realidad superan las ficticias fronteras establecidas por la humanidad. “Tal vez el mundo, traspasados los confines de Leonia, esté cubierto de cráteres de basuras en ininterrumpida erupción, cada uno con una metrópoli al centro”, dice Calvino en este relato. Esta ficción de Calvino, escrita en 1972, parece una premonición del estado actual de las ciudades. Ambas obras —como suele suceder con el arte en múltiples ocasiones— ayudan a tener una vívida idea de los caminos que se recorrerán en el futuro. En estos casos, el libro y la instalación imaginaron el futuro que ahora vivimos.

Los números del plástico

Desde el inicio de la producción masiva de plástico, alrededor de 1950, y hasta el 2015, solo se ha reciclado 9% del plástico producido y consumido a nivel mundial, 12% se ha incinerado y 79%, la gran mayoría, ha terminado en vertederos o directamente en ambientes naturales. Las botellas de plástico se degradan aproximadamente en medio siglo, y se necesitan 91 litros de agua para producir 500 gramos de plástico. Anualmente se producen 300 millones de toneladas de plástico, de las cuales entre 8 y 12 millones terminan en los océanos. Aunado a esto, los metros cúbicos de agua potable disponibles por habitante cada año han descendido drásticamente.

Imagen: Charles Stankievech

El agua, desde siempre, ha estado unida de manera muy estrecha a la historia cultural de la humanidad y a la construcción de la sociedad actual. La cercanía a los cuerpos acuáticos, o la infraestructura que permita su distribución, han dado forma a una buena parte del desarrollo urbano. Su mal manejo —con lagos contaminados o ríos entubados— genera sequías, inundaciones y hundimientos. Hemos enterrado y contaminando el agua en un proceso de varios siglos. Ahora, las ciudades y sus habitantes se enfrentan a problemas de abastecimiento y distribución.

Parece importante, hoy más que nunca, llevar esta reflexión a la esfera del arte. Obras como las de Stankievech han buscado realizar ejercicios de concientización colectiva para detonar acciones contundentes en torno al manejo contemporáneo del agua. De esta forma, la pieza funciona como un catalizador de los temas pertinentes de nuestro tiempo. Al provocar una discusión en torno al consumo de plástico y la contaminación acuática que provoca, así como sobre el papel del agua en la modernidad, Island of Discarded Plastic (Leonia) funciona como un vehículo comunicante entre el pasado, el presente y —premonitoriamente— el futuro.

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