Vivienda en cosmología maya vs. vivienda en ideología occidental

29 | 06 | 2020

¿Qué es la vivienda? ¿Qué significa para cada uno de nosotros?

Al querer explorar la idea de la vivienda como un término subjetivo, entramos en un discurso de tierras ambiguas, donde lo que parecería ser incuestionable, no lo es. Se piensa, de manera incorrecta, que la casa es una de las manifestaciones más universales que existen, que se ejecuta diferente en cada territorio, pero conserva un núcleo formal sin importar la cultura. Es precisamente en esta creencia incorrecta que se basa este artículo.

Primero debemos comenzar por cómo, en la ideología occidental, concebimos la idea de la vivienda como un bien material, de gran durabilidad y significado de herencia a las siguientes generaciones. El patrimonio más importante que tendremos en nuestra vida, pero ¿qué es patrimonio? Podríamos dividir el concepto de patrimonio en tres partes: materialidad, formalidad e intencionalidad. La materialidad trasciende la forma y se convierte en saber trabajar la materia, cómo se usa, dónde conseguirla y sus propiedades de aplicación. La formalidad se refiere a la plástica, cómo trabajar el espacio, cómo hacer que pase el viento, cómo dirigir hacia dónde se proyecta el sol. La intencionalidad se trabaja desde lo cultural, su significado, la conexión de este objeto con nuestras creencias de vida, y, en consecuencia, su relación con el usuario es mucho más profunda y poderosa.

Es indiscutible que la cultura permea en el patrimonio, y lo que consideramos como éste. Si se pretende entender cómo percibimos la vivienda, estaríamos atados a comprender cómo vemos el mundo. La cosmología de la cultura maya y la ideología occidental, así como muchas otras culturas, tienen comunes denominadores en construcción de vivienda, técnicas y formalidad; más no en la cosmología de vida.

Pensando en una vivienda en la ideología occidental, tendríamos a recrear la imagen universal de una casa construida con techo en dos aguas, dos ventanas, la puerta y el césped verde. Esta primera idea de la vivienda estándar define la idea de posteridad, al ser de características materiales que reflejan el deseo de conservar en el tiempo la construcción, hecha de roca, concretos, cemento u otros materiales que destacan por su durabilidad, maximizando lo más posible su existencia. En su formalidad, define espacialmente qué actividades nos permitimos, o restringimos. Los espacios crecen separados para construir funcionalidades individuales bajo un mismo techo, dependiendo de lo que su habitante decida. Al preguntar a un niño, la casa tendría que ser un espacio de juego y de aprendizaje, al preguntar a un adulto, la casa sería muchos espacios, un lugar en dónde cocina, otro en dónde trabaja, y otro en dónde duerme… La casa se convierte en objeto. Éste, no es el paradigma de los mayas, donde la casa se convierte en un sujeto.

Al pensar en la vivienda, los occidentales tendemos a pensar en una casa. No es así en el caso de la cosmología maya. El hogar es la tierra, la selva que provee, en dónde se caza, la que ofrece riquezas y con quien intercambiamos bienes materiales. Ella da y ellos devuelven.  La casa crece de la tierra y con ella. La casa maya, según sus habitantes, es un ser vivo, que cobra su vida al estar en uso por las personas. En su misma formalidad, asemeja elementos humanos; la madera de la estructura son los huesos, la tierra cómo la piel por su color, el techo, como cabello y, por último, las ramas en las paredes como los nervios que atan y animan a la vida. Esto no es coincidencia, esto reverbera una comprensión profunda y leal de la vida y la naturaleza, como compañeras innegables e inseparables de todo lo que crece y se hace en este mundo.

La cosmología maya ve toda acción cómo un préstamo de la naturaleza o los dioses. La casa, cómo ser vivo, pertenece al ciclo natural del universo. Así como nace, ella vive durante años y al final muere. Para los mayas la vivienda no tiene por qué prolongarse en el tiempo más de su lapso de vida necesario. La vivienda no está diseñada para sobrepasar más allá de la longevidad de un humano. Es parte de un entendimiento de la vida y de la muerte. Según las palabras de sus propios habitantes, cuando la casa cae, es un simbolismo del fin de su vida.

Concebida como un ente vivo, su materialidad refleja la conexión con el entorno, su formalidad, una comprensión única del cosmos y la naturaleza, y su intencionalidad es la de acompañamiento en la vida, un refugio orgánico interconectado con toda la tierra. Construida con los elementos que la rodean, la casa maya, según Thompson, “Es como un crecimiento natural, construido con las partículas elementales de la región, es en sí misma, una parte del ecosistema, por ejemplo, el nudo en la estructura del techo asemeja al nido de la ardilla o del colibrí…”

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