Reflexiones para reimaginar la basura (y jamás volver a verla igual)

24 | 11 | 2020

Estas son algunas reflexiones que podrían ayudar a tomar conciencia y hacer un cambio de hábitos alrededor de la basura.

Basura es, también, sólo una palabra, una consideración sobre un objeto específico. Pero en nuestra era, quizás más que nunca, los objetos que consideramos basura son cada vez más numerosos. En años recientes, la aplastante cantidad de desechos generados por las poblaciones humanas ha llegado a niveles preocupantes y nunca antes vistos. Esto afecta de manera profunda a la biodiversidad, los ecosistemas de nuestro planeta, y por lo tanto, a la humanidad —algo que a menudo olvidamos.

Al mismo tiempo, en sociedades acostumbradas a la inmediatez y el consumo desmedido, eso que consideramos basura —objetos que no vamos a usar más y, por lo tanto, desechamos— ha derivado en prácticas que favorecen el desperdicio y la creación de necesidades que, vistas de cerca, son absurdas. Un simple ejercicio como es observar, analizar lo que consumimos y preguntarnos si realmente lo necesitamos, podría ser completamente revelador (además de que es, hoy, completamente necesario).

¿Qué es basura?

La basura es una consideración por una simple razón: aquello que algunos pueden considerar basura, para otros no lo es. Más aún, lo que consideramos basura ahora, hace relativamente poco tiempo no lo era. Uno de muchos ejemplos de esto es la ropa que, además, constituye una de las industrias más contaminantes del planeta. Hace apenas pocas décadas era común arreglarla, coserla, parcharla si se rompía y seguir usándola. Hoy la ropa, como muchos objetos de nuestro entorno cotidiano, es desechable.

Por otro lado, sería importante reflexionar sobre el hecho de que una gran cantidad de objetos que normalmente tiramos a la basura sin miramientos puede de hecho ser reutilizada, un ejemplo simple de ello son los frascos de vidrio que funcionan como contenedores de mucha de la comida que compramos. Esto podría ser aplicable a muchos de los objetos que desechamos y que pueden tener otros usos. Llevado a un extremo hoy existen, incluso, estructuras del tamaño de casas hechas con botellas de plástico y otros materiales no biodegradables.

Sobre la importancia del reuso

La práctica de reparar objetos para seguir usándolos, en nuestro tiempo, es cada vez más rara. Esto tiene varias causas, una de ellas es lo fácil que resulta conseguir casi cualquier cosa de manera inmediata. Hoy es sencillo comprar cualquier producto y que este, como por acto de magia, llegue hasta la puerta de nuestro hogar en pocas horas (envuelto en bolsas o contenedores de plástico, por cierto). Los talleres de reparación de ropa, calzado, libros o muebles, por ejemplo, son cada vez más raros y, lamentablemente, desaparecen con velocidad en las ciudades humanas.

La tecnología también es fuente de una enorme cantidad de basura. Una buena parte de la población prefiere comprar un nuevo teléfono móvil, un nuevo cable cargador o, incluso, una nueva computadora, en vez de repararlos. Esto resulta en toneladas de basura, en muchas ocasiones tóxica para los ecosistemas de la Tierra y difícil de reciclar. Lo mismo sucede con muchos otros objetos tecnológicos que bien podrían llevarse a un taller de reparación y que muchas veces desechamos y sustituimos rápidamente.

Reciclaje

El reciclaje es una de las prácticas más efectivas al momento de reducir la cantidad de residuos que producimos. Si de nuestra basura inorgánica, separamos todo aquello que es reciclable —hecho de papel o cartón, plástico y vidrio— su volumen se reduciría de manera dramática.

Conocer los tipos de basura que existen es vital, pues esto permite separarla. Así también lo es conocer los centro de reciclaje cercanos a nuestro hogar. Para aquellos entusiastas del reciclaje, es posible iniciar o unirse a un programa de acopio de desechos dentro de su comunidad, y cada cierto tiempo llevarlos a los lugares correspondientes.

Quizá, el separar la basura, almacenarla, reunirla y luego llevarla a un centro de reciclaje puede sonar laborioso, pero son precisamente este tipo de acciones, las que los individuos pueden llevar a cabo para mejorar el mundo en el que vivimos —acciones que parecen pequeñas, pero que en realidad son grandes.

Residuos orgánicos

Los residuos orgánicos no son basura. Primeramente, muchos de ellos se usan, en un nivel industrial, para producir gas o combustible, mismo que posteriormente puede utilizarse. Pero en un nivel más casero, estos residuos pueden convertirse, de forma bastante simple, en composta para alimentar a las plantas del hogar.

Aquí una guía para hacer composta casera de forma sencilla.

El plástico

Alguna vez considerado sinónimo del avance de las sociedades humanas, el plástico supone uno de los residuos no biodegradables más numerosos en el planeta. La basura hecha de plástico hoy inunda ríos, mares, selvas y montañas. Además, por su naturaleza, el plástico va convirtiéndose en un fino polvo que contamina los ecosistemas enteros y envenena a los seres que los habitan.

Dependiendo del tipo de plástico, su degradación toma entre 500 y 1,000 años, y el plástico es un poco más de 10% de todos los desechos que generamos. En las últimas tres décadas, el hombre ha producido más plástico que en toda su historia sobre el planeta, y una buena parte de este plástico es de un solo uso. Cada año, se producen alrededor de 500 billones de bolsas de plástico en el planeta, mismas que podrían darle la vuelta al planeta cuatro veces. Todos estos números son aterradores y, vistos de cerca, son absurdos. ¿Cómo es posible que produzcamos semejantes cantidades de plásticos, que usamos una sola vez, y luego desechamos, esperando en algunos cuantos siglos se degrade?

A pesar de que la fabricación, comercialización y uso del plástico no depende de nosotros (es preocupante que los gobiernos del mundo sigan permitiendo su producción y uso desmedido), los individuos sí podemos hacer un esfuerzo al elegir de entre los artículos que compramos y preferir aquellos que no estén empacados en plástico, para favorecer aquellos empacados en papel o cartón. También es necesario utilizar bolsas de tela, reutilizables, al momento de hacer nuestras compras. Acciones pequeñas, como usar un termo para ahí llevar el café que compramos o un contenedor reusable para el agua que bebemos son acciones que, si bien pudieran parecer pequeñas, si se hicieran de forma masiva podrían generar un cambio.

La basura de todos

En Fundación Transformación, Arte y Educación (TAE) y  La Vaca Independiente creemos firmemente en que la creación artística nos provee de experiencias de aprendizaje que si además las trabajamos de la mano de niños, artistas, comunidades y especialistas de distintas áreas, perfiles y generaciones, podemos retar nuestro entendimiento del mundo para explorar alternativas de cómo existir y coexistir como parte del mismo, al tiempo que ampliamos las posibilidades de lo que nuestra sociedad puede llegar a ser.  

Bajo estos principios nació la iniciativa La basura de todos, que busca pensar más allá de la humanidad, consciente del vasto ecosistema del cual formamos parte, para así responder al impacto que tienen nuestras acciones. Proponemos comenzar por confrontar la fragilidad, la contaminación, la degradación ambiental y la desigualdad que genera nuestra basura.

La basura de todos reunió a un grupo de colaboradores y amigos a idear aparentemente simples y breves acciones para compartir en línea (en una primera instancia), para incitar acciones fuera de línea y que las niñas, niños y jóvenes puedan realizar en compañía de un adulto, y con esto apoyar a los más pequeños con nuestra guía para brindar el contexto que sea necesario. Queremos invitar a los pequeños y los jóvenes a que tomen conciencia sobre las implicaciones de la basura, pues conocer el problema es el principio de cualquier solución.

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