Educación y naturaleza: sobre los beneficios del aprendizaje al aire libre

24 | 09 | 2020

Conectar los procesos de aprendizaje y producción de conocimiento con la naturaleza es una alternativa muy necesaria en estos tiempos.

La presencia del nuevo coronavirus nos está obligando a rediseñar todas nuestras interacciones sociales; además de modificar y replantear nuestros espacios públicos y de intercambio cultural. Es un giro histórico relativamente paradójico: la forma en que se comporta el virus causante de la covid-19 está provocando que los humanos volvamos a abrazar los beneficios de encontrarnos al aire libre

Como se explica detalladamente en diversos artículos sobre el tema,  después de analizar diversos brotes, podemos concluir que la forma más segura de reactivar el contacto social es hacerlo en espacios abiertos, con mucha ventilación y donde podamos guardar una sana distancia. 

Estos nuevos datos tendrán que ser considerados por toda clase de instituciones y los centros educativos no son la excepción. Pero mantener una buena salud y disminuir las posibilidades de transmisión del virus no son las únicas razones para quelas escuelas se planteen la posibilidad de transitar a modelos educativos cercanos a la naturaleza y a planes de estudios que se puedan ejecutar al aire libre.

Para mejorar tu salud, conecta con la naturaleza

Los beneficios de estar más conectados con el medio ambiente han sido ampliamente analizados y comprobados. Y no sólo en relación a la educación. Estar cerca de la naturaleza es un medio para mejorar la salud física, mental y los procesos cognitivos de casi cualquier ser humano. 

En este detallado artículo publicado en el sitio web de la Universidad de Minnesota se explica, por ejemplo, que el contacto cercano con ambientes naturales reduce el estrés y puede mejorar el funcionamiento del sistema nervioso, endócrino e inmunológico. Por el contrario, los espacios cerrados o que incomodan al cuerpo elevan la presión arterial, la tensión muscular y suprimen las funciones inmunológicas.

Según estudios citados en el artículo, una simple planta posicionada en una oficina, hospital o escuela, tiene “un impacto significativo en el estrés y la ansiedad”. Además, estar en contacto con la naturaleza nos ayuda a manejar mejor el dolor físico o disminuir los efectos de padecimientos como la depresión.

Por otro lado, a nivel cognitivo, estar cerca de la naturaleza nos ayuda a prestar más atención a lo que nos rodea y a enfocarnos mejor en una sola cosa. Los espacios abiertos y poblados por otros seres vivos tienen el efecto contrario en nuestra mente que las computadoras y los celulares: no nos sobreestimulan; sino que nos calman. 

Y el impacto es bastante fuerte: un estudio realizado por la Universidad de Aarhus en Dinamarca reporta que las personas que pasaron más tiempo en la naturaleza durante la infancia padecen hasta 55% menos enfermedades mentales.

La naturaleza, un lienzo para el aprendizaje

La educación se puede beneficiar mucho de integrar los espacios naturales, no sólo ocasionalmente, sino como posibles alternativas a las aulas convencionales. En la naturaleza, es mucho más fácil que uno reconozca la importancia de otros seres vivos y la forma en que estamos directamente relacionados con ellos; no solo en términos ecológicos, también simbólicos.

Es posible, además, utilizar el espacio natural como contexto para cualquier disciplina o como ejemplo de casi cualquier lección. En la naturaleza los estudiantes pueden reconocer patrones; aprender sobre relaciones y formas de hacer comunidad; sobre resiliencia y entornos variables; extraer significados sobre su propia visión del mundo.

Por otro lado, los espacios abiertos son el lienzo perfecto para la experimentación y el diseño artístico; arquitectónico; sociológico; filosófico y también físico; químico y matemático. 

Por si fuera poco, ahí podemos aprender a orientarnos en el mundo, a leer o dibujar mapas, a ser autosuficientes, administrar mejor los recursos, trabajar en equipo o hasta a estar a solas, conectando con uno mismo y con nuestro propio flujo mental.

Hay importantes antecedentes que podemos tomar en cuenta

La idea no es nueva, aunque está tomando gran fuerza en el contexto presente. Existen buenos ejemplos históricos y contemporáneos de proyectos que combinan educación con medio ambiente. Una de las primeras escuelas de este tipo fue la de Charlottenburg en Berlín, fundada en 1904, precisamente para mejorar la salud respiratoria de los estudiantes expuestos a la tuberculosis.

Un ejemplo más contemporáneo es la Escuela Drumduan, fundada por la genial actriz Tilda Swinton e Ian Sutherland McCook. Explica Swinton para este artículo de The Guardian: “No hay calificaciones, ni exámenes en absoluto […] por lo que es un aprendizaje increíblemente práctico y basado en el arte. Por ejemplo, aprenden su ciencia construyendo una canoa canadiense, haciendo un cuchillo o caramelizando cebollas. Y todos son felices […]”. 

La escuela,localizada en la costa noroeste de Escocia, procura que sus lecciones artísticas y académicas estén constantemente inmersas en la naturaleza; enfatizando en la conexión que reúne a todos los seres vivos y elementos de la Tierra.

Otra iniciativa relacionada es el Biophilia Educational Project de la cantante Björk que busca generar “colaboraciones dinámicas entre diferentes áreas de la sociedad, como el sistema educativo, las instituciones culturales, los institutos de ciencia e investigación” a través deuna plataforma de recursos educativos que reúne la música y las ciencias naturaleza a través de la educación. 

Con toda esta inspiración, no queda más que preguntarse: ¿cómo llevar la educación a los espacios naturales y al aire libre? Pero no solo a nivel institucional, sino también en el terreno de lo cotidiano.

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