La comunidad como guía para lograr un mundo mejor

02 | 06 | 2022

Conversamos con Susana Cavazos, responsable de Baktún Pueblo Maya, sobre su labor en relación a los Objetivos de Desarrollo Sustentable.

¿Cómo se vincularía el trabajo de Baktún con los Objetivos de Desarrollo Sustentable de la ONU (ODS)?

Los programas que tenemos en Baktún Pueblo Maya están orientados hacia la regeneración económica, social, cultural y natural de las comunidades de la península de Yucatán, particularmente las mayas. De esta manera, creo que nos vinculamos con varias de las vertientes a las que están enfocados los 17 ODS.

¿De qué forma estos programas contribuyen, por ejemplo, al objetivo 1 de los ODS: poner fin a la pobreza?

Desde mi punto de vista, en Yucatán, a diferencia de otras comunidades en las que en lo personal he estado en servicio, se goza de una riqueza cultural y natural impresionante. Creo que, más bien, la pobreza en las comunidades de la península yucateca es estructural: se debe a la falta de oportunidades socioeconómicas, sobre todo a la manera en la que está organizado el sistema en el mundo, cuyos polos de desarrollo son las grandes ciudades.

Yucatán, afortunadamente, es tierra bendita: tiene muchísimos recursos de alimentación, como la milpa y el huerto de traspatio, sistemas tradicionales que brindan a las familias de las comunidades la posibilidad de no estar justamente en una situación crítica de pobreza extrema.

En Baktún no entendemos la regeneración económica como una cuestión aislada de lo social, de lo cultural, de lo medioambiental ni de lo propiamente humano, sino que lo comprendemos como un todo. Cada vez que diseñamos un programa educativo, partimos de ver en forma integral, particularmente con los jóvenes, que es con quienes podemos tender puentes entre las distintas generaciones: los abuelitos y las abuelitas, los adultos y los niños.

Pensamos que los jóvenes son los activadores de la comunidad por excelencia, donde, poniendo vitaminas al desarrollo del liderazgo juvenil, se pueden accionar muchos hilos para que sucedan cosas, sobre todo en sus propias comunidades, para que la gente no deba irse a esos lugares centralizados en búsqueda de oportunidades meramente económicas, si es que no lo desean así. Es decir, que sea una de las opciones al elegir. 

Asimismo, creemos firmemente que la cultura es un recurso para el bienestar individual y colectivo. A través del reconocimiento de las grandes riquezas culturales que tenemos en la comunidad, de la mano del conocimiento moderno de hoy día, se rescata y conserva la sabiduría ancestral. Procuramos resignificar y encontrar una manera que, a la par, estemos celebrando y conservando ese saber de los abuelos; por ejemplo, la medicina tradicional, el urdido de hamacas, las parteras o la cocina, entre otros oficios tradicionales.

Además de valorar y sentirnos orgullosos de esa cultura heredada, invitamos a que los jóvenes de hoy busquen una forma de que ese saber se traduzca en oportunidades económicas. Generamos diálogos entre los jóvenes y sus abuelos, en los que, por ejemplo, la juventud aprende el oficio de la medicina tradicional y, luego, podría utilizar la tecnología actual para promover esa sabiduría ancestral y necesaria. Entonces, quienes no deseen, por ejemplo, ir a Mérida, Cancún o Tulum a buscar trabajo, pueden activarlo en su comunidad, y, al mismo tiempo que están conservando su cultura, la impulsan con sentido de pertenencia.

¿Podrían la milpa y el huerto ser una manera de cumplir con el objetivo 2 de los ODS: hambre cero?

Particularmente, creo que todas las culturas antiguas, dentro de su cosmovisión, son muy ricas. Cada cultura celebra, exalta y utiliza creencias y herramientas para una forma de vivir, sobre todo en armonía y en paz, y —como en el caso de la cultura maya— con la certeza de que se tiene todo lo necesario para comer en el traspatio de la casa, donde se producen alimentos de autoconsumo.

Una vez conversábamos con don Francisco, un señor de una comunidad maya. Le comenté que admiro mucho la resiliencia y la templanza de los pueblos mayas de ayer, de hoy y de siempre; que cuando, por ejemplo, llega un fuerte huracán, pues hay esa fortaleza para no derrumbarse, a pesar de que se pierden todos los bienes, incluso la casa. Se vuelven a levantar y empiezan de nuevo, lo que me maravilla.

Y él me decía que la milpa es el mejor ejemplo de resiliencia, porque, cuando uno va a la milpa, está cuidando, abonando la tierra y dándole todo el cariño, pero, luego no sabes qué bichos se la van a comer o si, en efecto, vendrá un huracán y destruirá todo, o un incendio. Entonces, hay muchos riesgos de pérdida, sin embargo, uno sigue trabajando la milpa con el mismo amor.

Pero, también me decía don Francisco, a veces no puedes evitar que tu cabecita te juegue una mala jugada, y pienses: si se me destruye la milpa, ¿qué llevaré de comer a mi familia? Una vez que su esposa lo vio preocupado al volver de la milpa, le recordó que los pájaros guardan su alimento en el cogote para cuando haya malos tiempos y no tengan qué comer: “si la naturaleza ha dotado a esos pajaritos de la fortaleza para ver por ellos mismos, ¿crees que no te ha dotado a ti para que nosotros podamos sobrevivir y seguir adelante?”

Pienso que eso es una manera de brindar confianza de que todo va a estar bien. Tenemos lo que necesitamos. O, como dicen también las abuelitas de estas comunidades que trabajan con la medicina tradicional: lo que necesitas para tu sanación está en tu traspatio. Sin embargo, es difícil no formar parte de un sistema industrializado que, para lograr algún beneficio económico, promueve megagranjas porcinas y avícolas, así como cosechas rápidas y sin plagas, a costa de contaminar el manto freático y dañar la tierra.

En Baktún promovemos el pensamiento regenerativo, celebramos lo que don Francisco nos contó: así como la naturaleza dotó al pájaro para que no le falte nada, tengamos la confianza de que tenemos todo para regenerar nuestro entorno y nuestra cultura. Intentamos reconectarnos con esos valores y esas formas de ver la vida; rescatamos esa sabiduría que tienen las abuelas y los abuelos, para que las nuevas generaciones le den sentido. A través de esa mirada, recordamos de dónde venimos, quiénes somos, y nos sentimos orgullosos, porque, creo, ahí está la respuesta de lo que necesitamos para enfrentar los retos actuales.

Se ha dicho que, durante la crisis del coronavirus, quienes tienen huerto en su traspatio tuvieron menos miedo que la gente de la ciudad.

El confinamiento fue una oportunidad para que gente de las comunidades volviera a sus raíces. Durante ese tiempo, personas que trabajaban en Cancún, en Tulum y otros lugares turísticos fueron despedidas, o se cerraron negocios o se pararon construcciones; entonces volvieron a las comunidades y se dedicaron a la milpa y al huerto de traspatio.

Y nunca les faltó comida…

Aquí, en Yucatán, existen actividades ancestrales como, en efecto, el traspatio. Es un microcosmos social y económico que marca las relaciones familiares en la cultura maya, y donde no está separado lo social de lo económico ni de lo cultural.

En estas comunidades, cada casa, cada miembro de la familia, tiene un rol muy importante en el traspatio. Por ejemplo, el abuelito se puede encargar de las hierbas medicinales y la siembra; la abuelita cría los pollos y los pavos; la mamá siembra los tomates, el pepino y lo demás que van a utilizar para la comida; el papá construye el tinglado para las gallinas; los hijos recogen los huevos. Todos tienen un rol, del cual están basadas las relaciones, la dinámica y la producción económica familiares. 

Quizás un reto mayor para los jóvenes mayas de hoy, es lograr un equilibrio entre la tradición y la innovación.

Así es. Estos jóvenes ya tienen celular, apps y todo esto, pero ¿cómo hace sentido esa tecnología actual con la cosmogonía y microcosmos que está en ellos? En Baktún buscamos crear ese puente entre el joven maya de hoy con la sabiduría de ayer. Volviendo al ejemplo de la medicina tradicional, la joven que aprende de su abuela esa medicina, podría, a lo mejor, generar extracciones de aceite y venderlo en su comunidad y otras partes.

Todo lo que estos jóvenes puedan imaginar es posible: eso es lo que fomentamos desde Baktún con acompañamiento y motivación, a través de mentores, facilitadores y programas con universidades interculturales, para que la juventud pueda soñar y pensar que no hay límite en su creatividad. Además de la innovación tecnológica, estos jóvenes también tienen a sus ancestros, que, entre otros valores, recuerdan nuestra conexión con la naturaleza y sus ritmos, y a respetarla. 

Y así como motivamos a los jóvenes a que conozcan su cultura, a que se acerquen a los abuelos y sepan lo que hacen y piensan, también los invitamos a abrirse a la multiculturalidad y la diversidad. Impulsamos todo eso porque, a partir de las diferentes maneras de ser, de hacer y de estar, podemos generar formas mucho más respetuosas y abundantes que nos dan paz y bienestar como seres humanos y con lo que nos rodea.

Para alguien que descubre el mundo moderno, ¿no es difícil volver a su comunidad tradicional?

Por supuesto que volver a las comunidades es un desafío. Hace algunos años, en Yucatán teníamos el índice más alto de suicidios, de alcoholismo y de embarazos precoces: problemáticas de estructura social y socioeconómicas muy fuertes que se deben sobre todo a la falta de oportunidades económicas.

De la milpa es difícil vivir en estos tiempos, y algunos abuelos no quisieran que sus nietos se dediquen a ella, porque es un trabajo muy duro, bajo un sol de justicia, con heridas de machete o piquetes de culebras; y por eso piensan que es mejor que los jóvenes estudien, trabajen y ganen dinero de otra manera, ya que el sistema económico actual privilegia la rapidez y el volumen, lo que la milpa no es.

En Baktún fomentamos que los jóvenes puedan, por ejemplo, conocer la milpa y hacerla. Y que decidan ellos mismos desde la resignificación de ese aprendizaje. Entendiendo la milpa con la que el abuelo cuenta, puede conocerse toda la cosmovisión que hay detrás, no solo de ella, sino también de su cultura. Entonces, al resignificar eso, es posible innovar desde la valorización de lo propio, de la identidad, y así generar mayor sentido e integralidad a lo que se hace.

¿Podría decirse que esas comunidades mayas siempre han procurado una vida sostenible?

Creo que tendría que ver con todos los procesos que siguen en las comunidades, que parten del reuso y de que todo es útil. Una señora nos decía que del monte y la selva se necesita poco para vivir y, de ese poco, poco. Por supuesto que se refiere a todos los recursos naturales, como el agua, los árboles, la tierra; a su respeto y a su cuidado. 

En Baktún, desde esa cosmovisión, podemos apoyar para que, primero, los jóvenes la conozcan; segundo, que le den sentido y resignifiquen; y, tercero, que puedan ser innovadores para crear algo que les dé o que active oportunidades económicas sostenibles en su comunidad.

¿Cómo promovería Baktún la construcción de infraestructuras resilientes, la industria sostenible y la innovación? 

A lo mejor los ODS se refieren más a la infraestructura industrial, pero lo que apoyamos en Baktún es en cómo cuidar la infraestructura comunitaria; por ejemplo, las plazas, los parques, las fachadas, o la intención primaria de la arquitectura mesoamericana, que era flexible, no de construcción fija, y, entre otras actividades, contribuía a la actividad de los mercados, como el tianguis.

Por eso es importante que tanto comunidades como gobiernos entiendan el sentido de la plaza de los pueblos, que aún existe en diferentes regiones de la península de Yucatán, y que es orgánica, sostenible y en la que siempre puede haber innovación partiendo del conocimiento y el respeto a su historia. Actualmente, en esta región a veces es mucho más conveniente, óptimo y sustentable construir una tradicional casa maya que una de hormigón, o un sacbé en lugar de una carretera de pavimento.

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