Una espectacular galería de ruinas mayas (ilustradas por Frederick Catherwood)

30 | 03 | 2021

Esta galería de imágenes integra algunas de las ilustraciones que hizo Catherwood de antiguas ruinas mayas: una colección capaz de hacernos viajar en el tiempo.

Las ruinas humanas —espacios devorados por el tiempo— nos fascinan porque, en su aparente vacío, pareciera que el pasado aún es. Resulta casi inevitable, al momento de encontrarnos en estas espectrales dimensiones, imaginar a quienes hace siglos las habitaron y transitaron (casi es posible escuchar sus voces y sonidos). Por eso, las ruinas son fantasmas arquitectónicos, recordatorios espaciales de lo que ya no es —y esos fantasmas nunca cesarán de atraernos.

México es un país repleto de zonas arqueológicas y ruinas de antiguas ciudades y civilizaciones —que representan algunos de sus más grandes tesoros. Sobresalen, entre muchas otras, las ruinas de las antiguas ciudades mayas —testigos de una cultura que brilló por su profunda sofisticación y muy particular relación con la belleza.

La cultura maya tuvo su gran auge —político, cultural, urbanístico y arquitectónico— en lo que se conoce como el Periodo Clásico, entre los años 250 y 900 d.C. Pero a partir del siglo IV, las grandes ciudades mayas de la región central sufrieron un colapso político y comenzaron a despoblarse gradualmente, le siguieron las demás. Todo esto marcó el inicio del final del esplendor de la cultura maya. A pesar de que sus pobladores permanecieron ahí (y de que los mayas hoy son una cultura viva), la grandeza de sus centros urbanos fue en declive y para cuando los conquistadores españoles llegaron a sus costas, las comunidades mayas estaban fragmentadas y aisladas.

En aquel entonces, muchas de las antiguas construcciones y templos de las ciudades mayas, testigos de su infinito esplendor, poco a poco cayeron en el abandono y fueron devorados por la selva. Pero en 1839, dos exploradores europeos, uno arquitecto y dibujante, y el otro escritor, llegaron al continente a explorar las ruinas de una gran cantidad de antiguas ciudades mayas, sus nombres eran Frederick Catherwood y John Lloyd Stevens.

Juntos, y tras varios viajes a México y Centroamérica, estos dos hombres hicieron un hermoso testimonio de su encuentro con el pasado maya, destilado en dos libros (escritos por Stevens e ilustrados por Catherwood): Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatan (1841) e Incidents of Travel in Yucatan (1843). Algunos estudiosos consideran a estos dos viajeros en parte responsables del interés que a partir de entonces creció por la antigua cultura maya en Europa.

Así, estos dos libros resultaron un gran éxito en Europa, donde las culturas nativas americanas generaban una enorme curiosidad. Uno de sus grandes aciertos fueron las ilustraciones de Catherwood, que utilizó un instrumento particular para plasmar la belleza que entonces se desplegó ante sus ojos, la cámara oscura. Este instrumento óptico le permitió proyectar la imagen de los sitios arqueológicos que visitaba sobre un papel y hacer una especie de calca.

Las imágenes de Catherwood son espectaculares: de su mitificada mirada de estos lugares que sobresalen de entre la selva (y que parecen casi irreales), nacieron retratos de algunos de los fantasmas arquitectónicos más bellos de México.

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