La selva maya: un santuario natural y cultural

25 | 05 | 2021

Un territorio desbordante de naturaleza, la selva maya es también un epicentro cultural milenario.

Un inmenso territorio tropical que se extiende desde el sureste de México, Belice y hasta el norte de Guatemala, la selva maya es uno de los más grandes tesoros naturales de México y del planeta. Solo sus áreas protegidas cubren 4 millones de hectáreas, convirtiéndola en la segunda más grande del continente americano —después del Amazonas— y, por supuesto, en la más extensa de Mesoamérica. Pero, además de eso, se trata del hogar de una cultura viva, heredera de una sabiduría ancestral desbordante y una de las más vibrantes de nuestro país.

Naturaleza

La selva maya resguarda 20 ecosistemas distintos que se transmutan según la zona: en el norte hay bosques secos y en el sur exuberantes selvas siempre-verdes. Quizá por eso, bajo su verde tapiz, existe una enorme biodiversidad que integra todo tipo de especies endémicas: guacamayas multicolores, jaguares, tortugas blancas, monos y enormes tapires que, desde hace siglos, luchan por su supervivencia.

La vida brota en cada rincón de este territorio y cada organismo que lo habita, por más diminuto que sea, forma parte de un todo. Uno de estos seres es la melipona —abeja sagrada de los mayas— que, a pesar de su pequeño tamaño, juega un papel enorme en la cotidianidad, la cultura y, también, en la cosmovisión de los habitantes de este espacio —la selva maya también alimenta el mundo espiritual de sus habitantes de maneras incontables.

Árboles de cacao, de chicle, ceibas y palmas de guano regalan la sombra necesaria para que este inefable ecosistema sea también hogar para el ser humano. Ahí, en el atardecer, es posible escuchar el trino de más de 400 tipos de aves diferentes entre las copas de los árboles.

Cultura

La selva maya es también una larga historia compartida entre el bosque tropical y el ser humano. Hace siglos, los antiguos mayas edificaron, en medio de la vegetación tupida, sus ciudades llenas de monolitos y perfectos monumentos —vestigios que transmiten la gran sabiduría que estos pueblos tenían (y tienen), y su íntima relación con su entorno.

Estudios realizados por el INAH calculan que las primeras comunidades mayas se establecieron en la selva hace poco más de 5 mil años. Ahí no solo construyeron sus hogares y ciudades, también concibieron su fantástica cosmogonía y sus sofisticados conocimientos en matemáticas y astronomía (por nombrar solo algunos). En el pico de su civilización, millones de personas poblaron esta tierra y aprendieron a respetarla, a coexistir con ella de una forma particular que sobrevive en el presente como tecnologías sustentables de las cuales los habitantes de las zonas urbanas tenemos mucho que aprender: huertos familiares, viviendas autosustentables y una relación particularmente exitosa con la agricultura y sus ciclos.

Los mayas y la selva

A pesar de que, en algún momento de la historia, las grandes ciudades mayas fueron abandonadas, estas comunidades están muy lejos de haber desaparecido; todo lo contrario. Se calcula que en las áreas protegidas de la selva maya, actualmente, viven más de 600 mil personas que pertenecen a distintos grupos étnicos descendientes de los antiguos mayas.

Estos grupos han mantenido vivo el conocimiento de sus antepasados y han cuidado su hogar, su bosque. Sus actividades agrícolas implican proteger la selva y los seres que la habitan porque saben que sin ella no existiría la riqueza que regala al hombre; para estas comunidades, la selva también es una herencia para sus descendientes.

Hoy, a pesar de todas las realidades que amenazan a la selva maya, sus habitantes sobreviven gracias a su profunda relación con la tierra que habitan: en los últimos años se han creado asociaciones de apicultores para cuidar a las abejas; además,, se han creado sistemas de patrullaje para monitorear la biodiversidad del territorio y protegerlos de la caza furtiva, la sobreexplotación  y otras amenazas.

Martha Xucunostli – Creative Commons

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La Vaca Independiente celebra al territorio maya: una selva desbordante, una cultura viva y vibrante —un artefacto que integra vida y territorio, pasado y presente. En ese sentido, trabaja  por la restauración y conservación de su patrimonio, tangible e intangible; su regeneración cultural y económica; y el desarrollo de proyectos sustentables y de economía regenerativa en dicho territorio, a través de Iniciativa Baktún.

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